Sobre cómo (casi) nos colamos en la París Fashion Week

Viene siendo habitual por estas fechas que se reúnan los grandes profesionales de la moda en la tan sonada París Fashion Week.

La capital francesa acoge durante unos días a grandes personalidades del diseño, de la pasarela o de la fotografía, entre otros, con el fin de mostrar al mundo sus trabajos para la próxima temporada.

El año pasado (2017) coincidimos de lleno en esta semana de la moda.

Inocentemente, nosotros íbamos a visitar el Museo Rodin, pero de la que tirábamos para allá… Ya nos empezaba a oler todo un poco raro.

Primero vimos a una señora rodeada de un montón de fotógrafos y comentamos lo que había que comentar:

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Si alguien reconoce a la señora, nos lo puede contar =)

 

– ¿Pero esa qué hace?
– Pero vaya flipada que es.
– ¡Pero mira qué posturas hace!
– Parece tonta con el plan que lleva.

Y demás frases por el estilo.

 

 

 

Seguimos avanzando y el tumulto cada vez era mayor. Marabunta de gente, muchas cámaras, gente vestida muy raro, mucha policía y muchos coches negros brillantes.

A pesar de todas esas señales indicando que aquel NO era nuestro sitio, seguimos avanzando contra viento y marea, atravesando valles y montañas.

Mucho rajamos de un chino (porque de toda la vida cualquier asiático que topes es chino) que llevaba unas botas horribles saliendo por la ventanilla de uno de esos coches negros brillantes. No parábamos de auto-preguntarnos qué coño hacía con su vida.

Una vez llegamos al epicentro del meollo, no podía oler más a chamusquina. Tías altísimas vestidas de manera super [inserte la palabra que quiera], caminando por un mini pasillo de fotógrafos que no paraban de llamarlas para hacerles fotos.

Entre esos fotógrafos había algún que otro pobre infeliz que regalaba revistas de moda. Suponemos que eran sus revistas y que querían que cayeran en buenas manos para tener un empujón en esto de la moda.

He de decir que entre esos pobres infelices había unos con más ojo que otros. Y digo esto porque no todos nos daban revista. Debíamos destilar un tufillo a clase no chic.

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Las famosas revistas. Fashion News y Stylist

Finalmente llegamos a una fila única delante del Museo Rodin en cuyo comienzo se encontraba un segurata preguntando los datos de hospedaje de las diferentes personalidades de la moda.

Pininos de nosotros, llegamos a ese comienzo de la fila, y preguntamos si el museo estaba abierto… Resumen: nos echaron de allí con aguas destempladas.

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Jardines del Museo Rodin en otoño.

¡Ahora caemos!

  • Hemos pasado numerosos controles y cordones policiales sin inmutarnos.
  • Hemos salido en mogollón de fotos y vídeos de algún que otro fotógrafo o periodista de renombre.
  • Hemos caminado al lado de grandes de la pasarela sin saberlo.
  • Hemos pasado ante infelices que pensaban que los íbamos a aupar en su camino profesional.
  • Y hemos llegado a las puertas de las habitaciones de gente con mogollón de escolta sin hacer absolutamente nada. O más bien sin querer desistir en querer ver la obra de Rodin.

Fotos de una exposición de moda hechas en el Museo de las Artes Decorativas de París.

Hasta aquí nuestra particular Fashion Week.

¿Quién nos iba a decir que casi nos codeamos con Chanel, Dior, YSL, Louis Vuitton, Lanvin o Stella McCartney? Ja, ja, ja, ja.

Y vosotros, ¿alguna vez os colasteis en algún sitio? ¿Os acabaron echando? ¿Cómo fue?

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La puerta del Infierno

La porte de l’Enfer. Con este nombre tan dramático comenzamos la entrada de hoy. Pero no creáis que es de mi invención, pues es el nombre con que titula el gran artista August Rodin su mayor logro escultórico.

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Durante más de 30 años estuvo el hombre trabajando en estas puertas para que hoy en día digamos Rodin y sólo nos acordemos de su célebre Pensador.

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Pues tampoco vamos tan desencaminados, ya que el famoso Pensador fue extraído y reproducido de una de las esculturas de esta puerta. (Ahí está bien rodeado en rojo.)

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No sé a vosotros, pero a mí esto de la Puerta del Infierno me recuerda a la Divina Comedia de Dante. ¿A vosotros no? Pues ahora veréis.

En el s. XIX le encargaron a Rodin una puerta de entrada para el Museo de las Artes Decorativas. Al hombre le viene la inspiración y dice (más menos que más) ale, voy a responder al colega italiano Lorenzo Ghiberti. Él hizo la Puerta del Paraíso para el Baptisterio de Florencia plasmando diferentes escenas de la Divina Comedia. Pues yo voy a responder con una descomunal Puerta del Infierno.

Las puertas en bronce y al propio Pensador los podemos contemplar en el Museo Rodin de París. En cambio, el yeso de esta gran obra está en el Museo d’Orsay de París, al final del todo de la planta baja.

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Yeso de las Puertas del Infierno de Rodin en el Museo d’Orsay
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Musée Rodin de Paris

París en español y Tablaturas de mis pasos

Hoy os traigo una noticia que me hace mucha ilusión.

He hecho una pequeña colaboración con París en español.

Se trata de un equipo de varias personas hispanohablantes que nos dan a conocer París a través de sus geniales publicaciones y fotos en Facebook e Instagram. Os recomiendo seguirles porque además de ser super majos vais a aprender mucho sobre París.

Todo partió del escrito que yo hice sobre La calle más estrecha de París (o casi) y de ahí hice un pequeño resumen para ellos. Espero que os guste.

Os dejo por aquí su Instagram y la publicación con la que colaboramos –> abrir aquí.

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El Metro’politain’ de París (parte 1)

¿Quién no ha pisado París y se ha hecho la típica foto de recuerdo en una de las bocas de metro parisinas?

Estoy segura de que el 100% de las respuestas es positivo.

Está muy bien eso de sacarnos la fotita, pero ¿qué se esconde detrás de los famosos letreros del metro parisino?

¡Pues nos vamos a la historia a ver qué nos dice!

Allá a finales del siglo XIX, La Compagnie du chemin de fer métropolitain de Paris (vamos, lo que viene a ser la Renfe o Adif en España) programa un concurso para edificar sus entradas de metro.

Numerosos son los candidatos que presentan sus ideas; pero ninguno fue elegido. Digamos que el concurso quedó desierto.

El propio presidente de la compañía francesa de “Renfe” propone un candidato (¿entonces para qué tanto revuelo con el concurso si al final el señor hizo lo que le vino en gana? Claro, como era el presi…).

¿Os hacéis una idea de quién fue el elegido? Hector Guimard: arquitecto y mayor exponente del Art Nouveau.

Su arte supuso una gran novedad para las clases medias y bajas. Pues hasta entonces, el Art Nouveau lo conocían las clases altas, sin embargo, el metro es para todos y sus bocas de acceso también. Esos rasgos vegetales de la estructura metálica recuerdan a las plantas meciéndose en el viento, y ello nos puede cuadrar perfectamente como una alegoría al movimiento del metro.

A pesar de que no lo creáis, con la llegada del Art Deco dejaron de estar de moda estos famosos letreros de Guimard y destruyeron unos cuantos para dejar sitio a los nuevos diseños.

Afortunadamente, para nosotros y nuestras típicas fotos de turista, en la década de los 60 del siglo XX, se decide protegerlos, quedando los que podemos ver hoy en día: unos 86 cartelitos Art Nouveau.

Os dejo unas cuantas fotos para que veáis el estilo Art Nouveau del metro parisino. O mejor dicho, Metropolitain.

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cartel amarillo guimard

salida guimard

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Nos aparece un competidor. Pues el monopolio del metro parisino no lo tenía la “Renfe” de la que hablamos antes, sino que tenemos otra empresa relacionada con este transporte: Société du chemin de fer électrique souterrain Nord-Sud de Paris. A la cual podemos llamar Nord-Sud o nuestra Feve. Sobre los años 30 la acabará absorbiendo la “Renfe”

Esta empresa diseña un tipo de entrada para las líneas que tenía asignadas. Señalan dónde se sitúa la boca de metro e iluminan el lugar. Estos nuevos carteles se caracterizan por el color rojo del letrero y las letras blancas de la palabra Métropolitain.

cartel rojo guimard

Ahora vamos a irnos a principios del siglo XX, sobre la década de los años 20. Por aquellos tiempos lo que se buscaba era señalar e iluminar los accesos al metro más claramente. De esta forma surge el Candelabro de Val d’Osne.

La diferencia con nuestro anterior cartel es que ya no encontramos la larga palabra Métropolitain, sino que comienza a dejarse ver el famoso Metro.

Ese nombre de Val d’Osne se debe a su fundición (del hierro) en el valle del mismo nombre.

Lo que tiene de particular este ornamento del Metro es que casi todos han desaparecido a día de hoy.

Son más comunes los candelabros Dervaux, cuya única diferencia con el de Val d’Osne es que la decoración que rodea el letrero es mucho más simple. Esta evolución más simplificada y minimalista se presenta a partir de la mitad de la década de los 20.

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Como dato curioso (una pena que no tenga ninguna foto) es que encontramos conviviendo juntos los dos estilos en varias bocas de metro, el Art Nouveau junto al Art Deco.