12 passages top de París

Cualquiera que se imagine una gran ciudad es consciente de la cantidad de recovecos y escondrijos que esta puede albergar.

En honor a la gran tierra de quesos que es Francia, podemos pensar en París como un gran queso gruyere. Su subsuelo se encuentra lleno de túneles que hacen una de las delicias de la ciudad: el metro, las catacumbas, el alcantarillado… Sin embargo, en el post de hoy no vamos a ahondar bajo tierra, sino que nos vamos a quedar a nivel del suelo y vamos a pasear entre las diferentes calles cubiertas, es decir, los passages parisinos, cuyas estructuras semejan galerías subterráneas pero con mucha más luz al no estar bajo tierra.

Nosotros vamos a descubrir doce passages y galerías cuyas entrañas se componen de restaurantes, museos, tiendas, salones de té, teatros… Y de alguna que otra historia y curiosidad que os voy a contar.

París llegó a tener unos 140 passages. Con tal cantidad de túneles podéis creeros que muchas veces no hacía falta pisar la calle para ir de un sitio a otro. Es un pena que hoy en día sólo se conserven unos veinte de ellos porque la verdad que son una maravilla.

Estos son los doce passages que yo conocí en París. ¡Listos para callejear!

Passage des Panoramas, el más viejo

Es el más antiguo de estas singulares construcciones cubiertas, ya que data de 1799. Al igual que otros passages que veremos, está clasificado como monumento histórico cuyos escaparates van reflejando un momento de la historia de esta bella ciudad. Destaca como elemento cultural el Théâtre des Varietés y, si queréis descansar, son numerosos sus restaurantes y cafeterías.

Los amantes de la edición encontrarán aquí la ubicación de una de las imprentas más antiguas de París. Y para quienes curiosean en el mundo de la numismática y de la filatelia, es un lugar de referencia.

A modo de curiosidad, este passage cubierto fue el primero que se iluminó con lámparas de gas en 1816.

Ubicación: 11 boulevard Montmartre – 75002 Paris

Galerie Vivienne, la más lujosa

Muy cerca del Palais Royal encontramos esta galería que forma parte del grupo de passages relacionados con la alta sociedad parisina. Se construye en 1823 y, desde 1978, es declarado monumento histórico. Respaldando su categoría podemos observar que se encuentra decorado con gran esmero, paredes de madera, suelo de azulejo y mosaicos, cristaleras y techos de cristal…, todo ello ideado bajo el conocido estilo imperio.

Para los amantes de los libros es una parada obligada debido a sus librerías de viejo y quienes aprecian el buen vino también van a disfrutar del paseo por esta galería.

Como curiosidad, Jean Paul Gaultier abrió su primera tienda en este fabuloso passage.

Ubicación: 4 rue des Petits-Champs – 75002 Paris

Passage Jouffroy, el más transitado

Este paseo se yergue en el podio de los más frecuentados de la Ciudad de las Luces. Ello probablemente se deba a que en él se encuentran el famoso museo de cera, Musée Grévin, el Salón de los Espejos, hoy en día cervecería, el salón de té Valentin o el gran Hôtel Chopin, entre otros afamados locales.

Quienes aprecien el arte oriental y les gusten las figuras de cera van a aprovechar mucho la caminata por esta galería.

Como dato curioso, se trata de uno de los passages más tardíos en construirse, en 1846, y el primero en disponer de calefacción central.

Ubicación: 10-12 boulevard Montmartre – 75009 Paris

Passage du Grand Cerf, el más alto

Aunque no es un passage tan lujoso como los comentados anteriormente, su estructura en hierro forjado de 12 metros de alto hace las delicias de sus intrépidos paseantes. Pertenece al grupo de passages situados en uno de los barrios más populares de París, cerca de la rue de Saint Denis.

A lo largo de sus 117 metros de largo por 3 metros de ancho, la luz nos llega a través de un precioso techo acristalado cuya gran altura es lograda gracias al entramado de hierro que comentábamos hace un momento.

El origen de su nombre se debe a que esta galería se construye sobre el antiguo Hôtel du Grand Cerf (Hotel del Gran Ciervo). De hecho, en algunos de sus puntos vemos la alusión a su nombre en distintas figuras de ciervos.

Muy curioso es que, desde el año 2016, una veintena de sus comerciantes aceptan los pagos de las compras en bitcoins.

Ubicación: 145 rue Saint-Denis – 75002 Paris

Passage Verdeau, el más luminoso

El nombre de este passage hace referencia a su promotor, Verdeau. Viene caracterizado porque sus galerías suponen la continuación de los ya mencionados Passages des Panoramas y de Jouffroy.

Situado en el Quartier des Grands Boulevards, su techo acristalado presenta forma de pez. Esta curiosa cúpula pasa a ser la más luminosa de todos los passages debido a la gran cantidad de luz que deja pasar. Si miramos para abajo, el suelo que pisamos es el original, de 1847.

Los que tengan debilidad por los objetos antiguos y el coleccionismo se pueden hacer con un buen botín en sus tiendas. Y, como yo, los amantes del chocolate pueden deleitar su paladar en la chocolatería más antigua de París, À la mère de famille, abierta en 1761.

La curiosidad que os cuento de este passage es acerca de su promotor, monsieur Verdeau, quien fue el inventor del sistema de alquiler de ropa y textiles para hoteles y apartamentos turísticos.

Ubicación: 6 rue de la Grange-Batelière – 75003 Paris

Passage des Princes, el último en ser construido

Su nombre inicial fue Passage Mirès, sin embargo su nombre resulta modificado al emplazarse sobre el antiguo Hôtel des Princes et de l’Europe. Durante la época haussmanniana es el último passage edificado, siendo su fecha de construcción en 1860. Su historia presenta algún que otro altibajo, pues fue destruido en 1985 para, finalmente, ser reconstruido a semejanza del original en 1995. Entre los elementos reutilizados del passage original, se encuentra una hermosa cúpula de vidrio decorada de rosas que data de 1930.

Los fanáticos del mundo de los juguetes, del modelismo y de los videojuegos van a pasarlo como niños visitando todas sus jugueterías.

La curiosidad que quiero señalar de este passage viene de la mano de una galería de arte llamada La vie moderne. En este local fundado por Georges Charpentier, fue el lugar donde expusieron la mayoría de los artistas impresionistas allá por el siglo XIX.

Ubicación: 5 boulevard des Italiens – 75002 Paris

Passage Choiseul, el más largo

Su recorrido de 190 metros hace que se sitúe como el passage más largo de París. Desde 1974 ostenta el título de monumento histórico, cuyo nombre viene de Étienne-François de Choiseul-Beaupré-Stainville, ministro de Guerra y de Asuntos Extranjeros bajo el reinado de Luis XV.

Sus arcadas y pilastras parten del nivel del suelo, siendo la planta baja la dedicada a los comercios y las plantas primera y segunda poseen un carácter residencial. Las vidrieras que presenta son de 1907 y, gracias a un gran proyecto de restauración que duró desde el 2012 hasta el 2019, podemos apreciarlas en todo su esplendor. También restauraron el suelo, la iluminación y los toldos iniciales y finales del passage. A mí me tocó conocerlo en plenas obras, una pena porque fijo que es precioso.

Como curiosidad, en la década de los 70 el diseñador de moda Kenzo instala en esta galería una de sus tiendas, acto que supone un aumento de las visitas en este lugar. O Alphonse Lemerre tiene aquí su boutique, donde se erige como el primer editor en Francia de los poetas parnasianos en la segunda mitad del XIX.

Ubicación: 40 rue des Petits Champs – 75002 Paris

Passage des Deux Pavillons, el más pequeño

Fue abierto hacia 1820 y en 1986 es nombrado monumento histórico. Sus 33 metros de largo y sus poco más de dos metros de ancho le hacen portar el noble título del passage cubierto más pequeño de París.

A quienes les guste lo chic, no pueden dejar de visitar sus glamurosos locales.

Entre los passages parisinos surgen rivalidades. En este caso resulta muy curioso que se vuelven archienemigos el Passage des Deux Pavillons y la Galerie Vivienne, ya que ambos desean tener la mayor afluencia posible de transeúntes y así granjearse buenas ganancias con las ventas y el comercio. Finalmente, monsieur Marchoux compra este passage y modifica su trazado para hacerlo desembocar en la Galerie Vivienne, unificando así los dos focos de actividad comercial y eliminando la rivalidad.

Ubicación: 5 Rue des Petits Champs – 75001 Paris

Passage du Bourg l’Abbé, el incendiado

Bourg l’Abbé es el nombre de un burgo que dependía de la abadía de Saint Martin des Champs.

Del lado de la rue de Palestro, dos cariátides custodian su entrada como alegoría de la Industria y del Comercio. Respecto a su extensión, no se trata de la original, ya que le son amputados varios metros debido a la creación de las calles de Palestro y del Boulevard Sébastopol, conservando sus actuales 47 metros. Este largo lo encontramos ocupado por almacenes, así que no es de gran atractivo turístico que digamos.

Por otra parte, varios de los elementos que configuran este discreto passage están incluidos en el Inventario de Monumentos Históricos, como lo es su suelo, sus vidrieras y sus fachadas. En los años 90 esta galería sufre un devastador incendio tras el cual, es restaurada.

Como curiosidad, es creado a imagen y semejanza del desaparecido Passage de Saucède.

Ubicación: 120 rue Saint-Denis; 3 rue de Palestro – 75002 Paris

Galerie des Varietés, la más folclórica

Su nombre procede del teatro que alberga, Théâtre des Varietés, el cual conserva del edificio original su fachada y el vestíbulo de la entrada, que son de 1789 (año de la Revolución Francesa). Desde hace dos siglos, este teatro anima el tránsito de las gentes que acuden al passage. Además, el passage también contenía una tienda en él, la famosa imprenta Graveur Stern, el de los grabados, que hoy en día es el llamado Caffé Stern y que hace esquina con el Passage des Panoramas.

Como curiosidad, el teatro que alberga es creado por una mujer, mademoiselle Montansier o Marguerite Brunet, a la cual algunos tachaban de bruja.

Ubicación: 38 rue Vivienne; 28 Galerie Saint-Marc – 75002 Paris

Galerie Saint Marc, del que casi no hay información

Fue abierto en 1834 bajo el nombre de Saint Marc debido a su propietario, el señor de Saint Marc, quien también da nombre a una calle además de al passage. Este hombre fue regidor de París en los años de 1599.

Al igual que la mayoría de los passages parisinos, se encuentra en el 2º arrondissement. Este discreto passage linda con el famoso des Panoramas, haciendo del interior del recorrido de estos paseos todo un laberinto de calles cubiertas.

A modo de curiosidad, antes dijimos que toma el nombre del señor de Saint Marc, pero es que este hombre se llamaba Louis Vivien y es su apellido el que da nombre a la Galerie Vivienne. Así que al menos dos de los passages llevan su santo y seña.

Ubicación: 8 rue Saint-Marc; 23 Galerie des Varietés – 75002 Paris

Passage Potier, el primero en abrir

En cambio, a diferencia del anterior, el Passage Potier se ubica en el 1º arrondissement, ya que la mayoría de estas calles cubiertas las podemos encontrar entre los distritos primero y segundo.

Es un passage privado aunque lo abren al público. Es creado en 1785, así que es la primera galería en abrirse debido a la comodidad de acceso hacia los Jardines del Palais Royal. Habíamos dicho que el más antiguo era el Passage des Panoramas, pero es que este no estaba cubierto. De hecho, hoy en día todavía mantiene una parte sin techar.

A pesar de que su nombre original fue Beauvillers, adquiere el nombre de Passage Potier en honor a un capitán de la Armada convertido en el comediante más célebre de principios del siglo XIX parisino, Charles Gabriel Potier.

Os señalo algunos personajes curiosos del XVIII y XIX que habitaron en este passage, la ministra de moda de la reina María Antonieta, Rose Bertin. O el inventor del primer restaurante gastronómico, Antoine Beauvillers.

Ubicación: 23 rue Montpensier; 26 rue de Richelieu – 75001 Paris

Por último, quiero cerrar esta publicación dedicada a los passages parisinos que conocí con un pequeño extracto de “El otro cielo” en Todos los fuegos el fuego (1966) de Cortázar:

“Me gustaba echar a andar sin rumbo fijo, sabiendo que en cualquier momento entraría en la zona de las galerías cubiertas, donde cualquier sórdida botica polvorienta me atraía más que los escaparates tendidos a la insolencia de las calles abiertas”

Tres errores en un solo rey: Alfonso VIII

En un rinconcito muy entrañable del Casco Antiguo de Cuenca nos topamos con una estatua cuyo simbolismo va ligado a la historia de la capital conquense: la estatua del rey Alfonso VIII, sita en la Plaza de Obispo Valero.

Cuenca debe a Alfonso VIII que, allá por el lejano año de 1177, concretamente durante la festividad de San Mateo, 21 de septiembre, este rey y sus huestes toman Cuenca para el bando cristiano. Nueve meses de duro asedio es el tiempo que les costó retirársela a los almohades.

Quien me conozca un poco sabe que, aunque no suela decir nada, soy una picajosa, por no decir una rompehu…narices. Todo el día me estoy fijando en los “errores” de los demás (laísmo, leísmo, queísmo, dequeísmo, simplificaciones de grupos cultos, etc.) y no podía dejar mi esencia a un lado al ver la estatua de este noble rey.

Javier Barrios es el escultor conquense que ve inaugurada en el 2009 su obra sobre este rey medieval, sin embargo, el hombre no debió de documentarse en demasía a la hora de llevar a cabo su representación de Alfonso VIII el Noble.

Error 1

Si comenzamos de arriba a abajo, observaremos que la testa de esta escultura se enmarca en una corona. Por todos es sabido que uno de los atributos de los reyes es la corona. Pues… ¡Catapúm! La primera en la frente (literalmente). Alfonso VIII porta en su noble cabeza de bronce una corona ducal.

Rey = corona real
Duque = corona ducal

Nadie sabemos lo que consultó Barrios…

Error 2

Desde la Antigüedad hasta hoy en día las estatuas ecuestres se encuentran regladas bajo un código conocido por todos:

a) Si el jinete muere en combate, se representará con las patas delanteras del equino en el aire. Es decir, un caballo rampante.

b) Si el jinete muere por heridas de batalla, su corcel levantará una de sus patas delanteras.

c) Si el jinete fallece por causas ajenas a la batalla o por muerte natural, los aplomos del equino se mantendrán en el suelo.

Si observamos la representación de Barrios, concluiremos que el rey Alfonso VIII murió a causa de unas heridas sufridas durante la batalla… ¡Pues no! Este escultor no se documentó muy allá que digamos porque, según la historia, este rey noble murió al contraer unas fiebres.

Continuamos sin saber si Barrios consultó alguna fuente a la hora de inspirarse en su creación…

Error 3

Se nota de lejos que Barrios no era ningún Miguel Ángel y el tema del juego de perspectivas en escultura tiene que seguir trabajándolo.

Yo quiero entender que, al igual que el David de Miguel Ángel o que cualquier escultura hecha a gran escala para ser vista desde una altura media, Barrios quiso hacer la parte superior más grande que la inferior para que el ojo humano recomponga la escena y todo resulte equilibrado. Este resultado lo obtenemos en el mencionado David de Miguel Ángel, cuyas extremidades y cabeza son más grandes, aunque a nuestros ojos, todo el conjunto se encuentra en una pasmosa armonía.

En Cuenca lo que encontramos es un jinete cabezudo cuyos pies aparentan estar más cerca del suelo de lo que debieran, haciendo que el corcel se asemeje más a un pequeño pony que al majestuoso caballo que se entiende que posee un rey. La figura humana es demasiado grande de acuerdo a las dimensiones planteadas al equino.

Además, en la documentación histórica, se comenta que Alfonso VIII medía, nada más y nada menos, que seis pies de altura. Es decir, lo que hoy en día atribuimos a 1’80m. Para un soriano del siglo XII esta altura no está nada mal, sin embargo, en la estatua del XXI parece más bien que tenemos a un castellano-manchego to retaquete.

Yo no tengo ni idea de las fuentes consultadas por Barrios, aunque a estas alturas de la película, me atrevo a decir que no miró na de na.

¿Y vosotros? ¿Conocéis algún error más en las estatuas de vuestras ciudades?
No os cortéis y contádmelo en los comentarios.

9 Museos en Cuenca capital

Cuenca se presenta como la ciudad española con más museos por habitante. Es por ello que me apeteció escribir una entrada en la que os ayudara a conocer aquellos museos que visité de esta capital de provincia castellano-manchega.

Cuenca se encuentra muy orientada al turismo como motor económico, esta circunstancia desemboca en que tengan un Casco Antiguo bien cuidado y multitud de empresas enfocadas a las visitas y excursiones guiadas, además del turismo activo para conocer sus paisajes y rincones.

Sin más dilación, os muestro parte de la oferta museística que encontraréis en Cuenca capital. Espero que os entren ganas de visitar el acervo cultural de esta ciudad tan singular.

Fundación Provincial de Cultura Antonio Pérez

La Fundación Antonio Pérez cuenta con un museo fundado en 1998 gracias a las donaciones del propio Antonio Pérez a la Diputación Provincial de Cuenca. Este hombre fue coleccionista, artista y editor que se codeó con grandes como Pío Baroja, Vicente Aleixandre, Juan Marsé, Ernest Hemingway, Manolo Millares, Antonio Saura… En su figura reside el afán por movilizar la cultura española del siglo XX junto a estos otros creadores.

El antiguo Convento de las Carmelitas Descalzas es el edificio que alberga este singular museo. Data del siglo XVII y en su fachada se puede apreciar que las estatuas de las figuras humanas están decapitadas. La piedra de las cabezas y la piedra de los cuerpos no tienen el mismo desgaste, además de que directamente no se corresponden esos cuerpos con esas testas. Estas decapitaciones se dieron durante la Guerra Civil española como en otras tantas ciudades españolas.

Ubicación: Ronda Julián Romero, 20
Precio: 2€ entrada general. Los miércoles tarde, gratuito

Museo Provincial de Cuenca

El edificio medieval del siglo XIV de la Casa del Curato alberga este museo de carácter arqueológico. Prehistoria, Arqueología Clásica, épocas Tardorromana, Medieval y Moderna ocupan sus múltiples salas. Además, se pueden ver piezas de los yacimientos de Fuente de la Mota, Segóbriga, Valeria o Ercávica, antiguas ciudades romanas sitas en la provincia de Cuenca.

Habíamos comentado que el museo se encuentra en la Casa del Curato, más concretamente, en la Casa Curato de San Martín, la cual es ejemplo de la arquitectura de carácter medieval en Cuenca. Para acoger las instalaciones del museo, presenta múltiples reformas que acondicionan el lugar para su actual función. Pero, ¿qué o quién era el curato? Pues se trataba de un cargo espiritual de un sacerdote con cura de almas en una determinada jurisdicción parroquial.

Ubicación: Calle Obispo Valero, 12
Precio: Gratuito

Museo de las Ciencias de Castilla-La Mancha

Varias edificaciones componen las instalaciones de este moderno museo: el Antiguo Asilo de Ancianos Desamparados, parte de atrás de la casa de los marqueses de Cañete, construcciones del XVIII y XIX y la correspondiente ampliación de época contemporánea.
Las áreas del museo se distribuyen en Astronomía y Planetario, Máquina del Tiempo, los Tesoros de la Tierra, Historia del Futuro y Laboratorio de la Vida.

Como todo museo de las ciencias que se precie, el grado de interacción con los elementos de la exposición es super alto. Crear un tornado, experimentar un terremoto, jugar con la fuerza de la gravedad y un largo etcétera de experimentos al alcance de la mano hacen que la experiencia en este museo sea muy divertida.

Ubicación: Plaza de la Merced
Precio: General, 5€. Los miércoles, gratuita

Museo Tesoro de la Catedral de Cuenca o Museo Diocesano

Las obras más destacables de este museo son de los siglos XV al XVIII, es decir, las correspondientes a las épocas de gran esplendor de la propia diócesis y de la ciudad de Cuenca. Entre ellas se pueden contemplar elementos litúrgicos, una bella colección de tapices flamencos, orfebrería o alfombras, entre otros. Estos componentes llegan a alcanzar fama internacional.

En la planta baja del Palacio Episcopal se encuentra este museo cuya colección abarca ocho siglos de historia relacionados con la propia Diócesis.
Lo más destacable de la colección pictórica son dos cuadros de Doménikos Theotokópoulos, es decir, el Greco. Estos se llaman «La oración en el huerto» y «El Cristo con la cruz»

Ubicación: Calle Canónigos, 3
Precio: 3’50€. Se puede hacer entrada conjunta con Catedral+Triforio+San Pedro y su Torre

Espacio Torner

Al lado del Parador Nacional de Cuenca se ubica la Iglesia de San Pablo. Este templo es de estilo gótico y, actualmente, alberga la exposición permanente de artista conquense Gustavo Torner, uno de los creadores más destacables del arte contemporáneo español.

Las vistas desde el patio que hay delante de la iglesia son espectaculares. Sobre la Hoz del Río Huécar se puede contemplar cómo se alza la ciudad en la cresta. Una vez dentro, el contraste entre las obras contemporáneas expuestas y el espacio de estilo gótico le dan un encanto especial a este museo.

Ubicación: Hoz del Huécar S/N
Precio: 3€

Casa Museo Zavala

Esta casa, además de museo, es un palacete del siglo XVII en pleno Casco Antiguo de Cuenca. Fue residencia de la familia conquense Cerdán de Landa, quienes eran importantes ganaderos y mercaderes de lana. Su fachada da a la Hoz del Júcar y a los inquietantes Ojos de la Mora.
La casa fue remodelada para su museización y se encuentra gestionada por la Fundación Antonio Saura. Su colección permanente se orienta hacia el Arte de Vanguardias.

Escultura de Ángel Pérez a la que le tengo mucho cariño por verla todos los días. Se llama Primer helicoide de 11 prismas cuadrados crecientes.

La exposición temporal con la que yo coincidí fue la de Cruz Novillo, importantísimo diseñador gráfico español, cuyos logos nos acompañan en nuestro día a día. Repsol, Correos, PSOE, Renfe, Cope, Antena 3, Grupo Prisa, Cuerpo Nacional de Policía, El Mundo, billetes del Banco de España, carteles de cine como el de Pascual Duarte, Los lunes al sol o La escopeta nacional son algunas de sus creaciones.

Ubicación: Plaza San Nicolás, 1
Precio: Gratuito

Museo Paleontológico de Castilla-La Mancha (MUPA)

En sus jardines presenta una serie de maquetas de múltiples dinosaurios que hacen las delicias de los aficionados a Jurassic Park. Además, en el interior, más del 95 % de sus piezas expuestas son los originales. La más relevante es la del dinosaurio conquense, conocido cariñosamente entre los lugareños como Pepito. El fósil de este dinosaurio tiene unos 125 millones de años y le caracteriza su peculiar joroba, la cual le da el nombre de Concavenator Corcovatus, que quiere decir ‘cazador jorobado de Cuenca’ en latín.

Ubicación: Calle del Río Gritos, 5
Precio: General, 5€. Los miércoles, gratuita

Museo de Arte Abstracto Español

Las célebres Casas Colgadas albergan un museo cuya colección data de obras abstractas de las décadas de los 50 y 60 del siglo XX. Además, este edificio es uno de los pocos que conserva restos de arquitectura civil de época medieval y, para más rareza, presenta unos balcones que no se construyen en ningún otro de los mismos.

En esta ciudad resuenan los nombres de artistas como Zóbel, Torner, Millares, Tápies, Saura, Gerardo Rueda… en diferentes calles y edificios que portan sus nombres. Y, cómo no, sus obras forman parte de la colección de este preciado museo.

Gracias a mi abuelo estoy acostumbrada al arte abstracto y sé valorar la importancia de la mayor colección de arte abstracto del mundo en estas Casas Colgadas. Cuando vi a Chillida lo reconocí sin falta de leer ningún cartelito con su leyenda. Y me entró una emoción muy bonita al transportame a la infancia y a mi Tierrina a través del arte. Tanto las esculturas como pinturas de la colección de este museo llevan acompañándome en casa desde pequeña, puesto que, consciente o inconscientemente, en mi casa siempre estuvimos ligados a las ideas renovadoras de Pablo Picasso, Juan Gris o Miró y de quienes les continuaron.

Ubicación: Casas Colgadas
Precio: Gratuito

¿Habéis estado en alguno de estos museos?
¿Cuál es el que tenéis más ganas de visitar?


Espero que os haya gustado esta pequeña ruta

Las campanas más antiguas de París: Saint Séverin

La Iglesia de Saint Séverin es una de las iglesias más antiguas de París. Hacia el año 1230 es construida y, a medida que el barrio en que se inserta se va haciendo más importante, son numerosas las ampliaciones que experimenta hasta ya entrado el siglo XV. Estas múltiples adiciones explican su mezcla de estilos arquitectónicos, gótico del siglo XIII y gótico flamígero del XV.

En lo alto de su torre de cuatro paños se encuentra uno de los relojes más viejos de París. La aguja cubierta de pizarra alberga la campana del reloj, cuyo tañido marca las horas en esta zona de la ciudad desde su creación en 1412. Es decir, que estamos ante las campanas más viejas de la ciudad.

Por otra parte, habíamos comentado que esta iglesia presentaba el estilo flamígero. No es moco de pavo lo que alberga de este estilo artístico, puesto que podemos contemplar en esta iglesia el máximo esplendor de este momento arquitectónico. Riqueza de motivos vegetales, doble columnata en el coro y en el deambulatorio (señal de una vida intensa y atareada dentro de este templo), las nervaduras de columnas y bóvedas en forma de palmera, un ábside de cinco paños… hacen de esta iglesia un buen ejemplo de lo que es el gótico flamígero. (Es una pena que sólo encuentre foto de la parte posterior y encima desde fuera, porque recuerdo haber entrado dos veces en ella y no encuentro ninguna foto de esos momentos)

Lo que más llama la atención es que no tiene crucero y que su pilar principal es como un ramillete de nervaduras en forma de palmera que irradian de un tronco cuyo anillo asciende en espiral. No menciono sus vidrieras a pesar de la importancia de estas en el gótico porque las de la iglesia de Saint Séverin fueron guardadas durante la Primera Guerra Mundial y las que hay ahora son modernas.

Cambiando de tercio, el nombre de Saint Séverin le viene porque allá por el siglo VI existió un hombre que destacó por su devoción y su fe a la hora de orar. Más tarde, se une a este singular peregrino el príncipe merovingio Clotaldo. El lugar a donde acudía este hombre a rezar es donde manda erigir un pequeño templo el susodicho Clotaldo. Y, como es sabido por todos, Séverin significa “el Solitario”, al igual que este curioso peregrino.

Durante las invasiones vikingas acaecidas en París entre los siglos IX y X, Saint Séverin fue destruida. Sin embargo, entre el XI y el XV fueron reconstruyéndola poco a poco.

Una de las tradiciones que encontramos ligadas a esta iglesia es que, al principio y al final de un viaje, ha de visitarse este templo y hay que encomendarse a Saint Martin.

Os recuerdo que tengo varias entradas dedicadas a los más viejos de París o a los primeros y últimos de París como:
La primera catedral de París
La iglesia más vieja de París: Saint Julien le Pauvre
El árbol más viejo de París
Último claustro medieval de París: Cloître des Billettes