Robinson Crusoe, Daniel Defoe

Creo que este gran clásico de la literatura universal se puede resumir en una palabra: resiliencia.

«La resiliencia o entereza es la capacidad para adaptarse a las situaciones adversas con resultados positivos» reza la definición de este palabro tan de moda en nuestros días.
El náufrago más conocido de la historia, nuestro Robinson Crusoe, supera toda una serie de dificultades haciendo que el lector participe de la experiencia vital de la mayor de las soledades.

Cuando a uno le hacen la típica pregunta de: ¿y tú qué llevarías a una isla desierta? Antes de responder yo recomendaría atender las reflexiones de Robinson, quien pasa por todas las etapas adaptativas en una situación tan devastadora y adversa.

Como lectores, vemos cómo se sobrepone a la ardua tarea del acopio de materiales, cómo se hace agricultor, cómo domestica los animales, como construye su casa y crea un hogar, cómo se refugia en Dios, cómo ansía la libertad a la par que teme salir de sus dominios… Una vez que aparecen otras personas, se le plantean dualidades ético-morales… La novela, más que ser de aventuras, es un diálogo interior donde el autocuidado y la constancia priman por encima de todas las cosas .

Y si yo tuviera que llevar algo a una isla desierta, sería el tenor y la constancia de este personaje para no abandonarse a sí mismo.

Mirada íntima

Ya he probado los ojos tierra, que supusieron un gran refugio. Son los que más me gustan y los que más paz me han traído.

Desde fuera, los ojos esperanza son los que más llaman mi atención. Sin embargo, lo único que me trajeron son falsas ilusiones y múltiples fantasmas.

Los ojos color miel son los más apetecibles. El dulce hace que siempre te quieras alimentar de ellos, pero lo único que traen son tormentas de todas las clases.

Por último, los otros ojos que he probado son los ojos del mar. En ellos me dejo llevar a la deriva y me mecen tranquila en el devenir de las cosas.

Todos ellos me han proporcionado una mirada íntima que con el tiempo no me costará olvidar.

Ilustración de @pits_illustration

La ciudad del viento, Stefania Gil

Es una historia de Stefania Gil cortita y con mucho gancho, donde la acción de la novela está superconcentrada.

El principio es un poco engorroso con tanto nombre sin contextualizar, sin embargo, al par de párrafos ya se vuelve todo coherente y asequible. He de decir que esto es «culpa mía», pues estamos ante el cuarto libro de una saga sobre arcángeles. Aunque yo lo leí suelto, sin saber nada de los otros libros hasta que no lo acabé, se lee sin necesidad de tener los otros relatos.

En la sinopsis esta obra está catalogada como romance sobrenatural. Cierto es que los protagonistas se aman y que son seres sobrenaturales. Nunca había oído hablar de este subgénero y me hace gracia.

El final abierto me gustó mucho, además de que me resultó inesperado. Creo que da para escribir otra pequeña historia y, obviamente, la hay. Sería el quinto y último libro de la saga.

La lectura me recordó a estar leyendo un capítulo de la serie Embrujadas y he de reconocer que me entretuvo mucho. Para salir de un parón lector está genial esta lectura, porque se lee muy fácilmente y al ser breve se disfruta del tirón.

Observas tu casa

Grandes masas negras emergen en la oscuridad de la noche.
Sus formas están bien definidas en la opacidad que dibuja el cielo.
De repente, asoman dos pequeños reductos de caótico desorden.
Titilan mientras observan cómo te adentras en la inmensidad de su reino.
Sigues avanzando y la noche, junto a las farolas, va bocetando un paisaje de colores fríos y sentimientos cálidos.
Reconoces alguna que otra forma mientras, bajo tus ojos, pasa a toda velocidad la raya discontinua de la carretera.
Sigues de frente y giras a la derecha.
Las montañas no paran de interrogarte. Las luces que las habitan te observan fijamente.
Te adentras en una de esas siluetas negras que tanto te fascinan.
Vas dejando a un lado las luces titilantes de las farolas.
Ya estás en su interior.
El bosque te recibe en un húmedo abrazo.
Ya estás en casa y el sentimiento que te invade es el de aquel lugar al que perteneces.

Ilustración de @lala_o8

Guerra sin armas: Porque sí hay invasiones venturosas, Nickole Naihaus

El primer capítulo ya es para abandonar la lectura. Se nota a la legua que la autora sabe escribir diálogos con mucha destreza, sin embargo, al no centrar el contenido de las conversaciones y que sus personajes hablan sobre cosas que no aportan nada a la trama, hace que se vuelva una lectura catastrófica.

El segundo capítulo parece que centra un poco el foco narrativo pero acaba quedándose lejos. Los personajes vuelven a perderse en conversaciones que no aportan nada al transcurso de la historia.

Da la impresión de que la autora quiere hacer ver la relación que tenían todos con el personaje femenino principal, pero no lo consigue, porque aporta tanto detalle a través de diálogos que solo aboca al aburrimiento y a pensar, como lector, en cuándo dejarán de hablar para que pueda pasar algo.

En el tercer capítulo encontramos un claro ejemplo de las contradicciones que se dan a lo largo del libro, pues son tantos los detalles en esas conversaciones, que a veces resultan incoherentes.
Ejemplo. El protagonista se entera el último día de que una de sus pacientes más especiales es historiadora. Y más tarde el narrador nos cuenta que es importante para el protagonista que sea historiadora porque es reflejo de su novia. Entonces, ¿sabía o no sabía la profesión de esta paciente? Que por cierto, la paciente en cuestión es el único personaje con el que conecté un poco. Con el resto de personajes de la novela me es imposible empatizar y hasta me caen mal de lo ineptos que me parecen y de lo recargado que es su vocabulario en cuanto a apelativos cariñosos.

En este tercer capítulo ya se sabe al 100% lo que se intuía al comienzo, que es que la protagonista rompe su relación amorosa con el otro protagonista. Creo que es sobre lo que tiene que versar la narración. Sin embargo, se necesitan dos capítulos para que el hombre se entere de que su novia lo dejó, porque hay tanta paja que se hace eterno llegar al asunto.

En teoría de la ficción literaria se habla de lo verosímil y lo inverosímil. En un cuento de hadas es creíble la magia, en cambio, en un manual de aviación la magia no tiene cabida. Es inverosímil. Pues para mí esta historia ya es completamente inverosímil en el tercer capítulo, porque, de acuerdo al contexto que crea la autora, es altamente improbable que nadie tenga la reacción del protagonista, que es no enterarse de que su novia lo dejó, cuando hace una semana que no sabe nada de ella y que esta última retiró todas sus pertenencias del hogar que ambos compartían.

Cuarto capítulo. Se ahonda en conocer al protagonista y a sus amigos y valía más no saber de ellos. «Mira que todo hombre merece un buen par de tetas donde meter la cara.» «[Las mujeres como] trofeos para mostrar.» «Estamos en la universidad y ya no es solo cuestión de quitarle la virginidad a una adolescente». Son algunas de las frases más claras en cuanto al machismo que desprende esta lectura. La protagonista bien delicada y de Disney con sus figuritas y adornos y el protagonista el machito guapo y atractivo que solo tiene rollos de una noche. El resto de personajes femeninos se presentan como figuras super agresivas, histéricas y desequilibradas. En cambio, los hombres se muestran como todo un portento de la sexualidad y de la moderación racional frente a la mujer. Es que no hay por dónde cogerlos. Encima no te enteras de quién es nadie porque son nombres super parecidos. David, Daniel, Miguel, Amelia, Gabriela… Señor… Anda que no hay nombres en el santoral que no suenen igual.

En mi opinión, sobra todo. He seguido leyendo los capítulos pero no creo que tenga mucho más que añadir. La idea de contar una historia de una ruptura a través de las vivencias de los conocidos de la pareja está muy bien, pero llevada así a la práctica hace aguas por todas partes. Es una lectura engorrosa, en la que se dan de continuo datos que no aportan nada al contenido de la historia y la trama no avanza absolutamente nada. La chica deja al chico y los amigos hablan con el chico. Fin. No hay más.

Te vas

Al fondo, reflejo de un marco, un reloj.
Ensimismada largo rato, observo;
te cruzas en el hilo de mis pensamientos.

Cojo una tijera.
Doy un tijeretazo.
Te vas, yo he de continuar.

Sé que volverás.

Ilustración de Pizpiretia

La cuenta atrás para el verano, La Vecina Rubia

Una oda a la amistad. Eso es lo que ha sido para mí leer la primera novela de La Vecina Rubia.
El toque autobiográfico hace que dé la impresión de que es una amiga contándote las diferentes experiencias y personas que van marcando su vida. Además, en muchas de las aventuras te sientes identificada, si no es porque lo has vivido, es porque empatizas con los personajes.

Al leerlo te quedas con las ganas de recuperar todas las amistades que han formado parte de tu vida y, quizás, te deja un regusto de melancolía por esas buenas épocas ya pasadas.

Pensaba que iba a leer la novela de una sentada, pero fueron demasiados inputs que digerir. La autora quiere reflejar todo lo que es relevante y tantos detalles y tantas cargas de significado en todo a mí me saturaron un poco y dosifiqué la lectura mucho más de lo que pensaba.

El final me encantó y, si hay una segunda parte, también me haré con ella. Volvería a leer a esta rubia.

Me consta que entre las amigas del chat están poniendo su granito de arena para que las siguientes ediciones salgan sin errores. Yo me hice con la primera edición y, además de algunos cuantos leísmos, hay alguna errata por ahí que imagino que ya no estará en las siguientes ediciones.

Con mi abuelo aprendí que un libro no es sólo el texto o la cubierta, sino que también aportan los detalles de la portada, el colofón, los créditos o las referencias. En La cuenta atrás para el verano no se escapa ni un detalle en estas otras partes del libro y, donde menos te lo esperas, esconde algún guiño.

Y aquí viene lo mejor de todo. La propia Vecina Rubia ha sacado un poquito de su tiempo en redes para responder a mi reseña en el Club de Lectura con Brilli Brilli. Me he quedado flipando. No soy de admirar a nadie que no sea de mi círculo más estrecho, familia, amigos o buenos compañeros de trabajo. Pero esta chica es la excepción a la norma, con ese corazón que mide claramente más de 1’60 y sin redondear, es imposible no sentirse parte de su comunidad: el chat de amigas.

@clubdelecturaconbrillibrilli

Carbón

Robustas manos que extraen carbón de las entrañas de la tierra.

Robustas manos encallecidas por el esfuerzo y sudor de quien se gana el pan de cada día.

Robustas manos cayendo en el tradicional olvido.

Robustas manos…

El pintor de Flandes, Rosa Ribas

El armazón de esta novela es la pintura de la Degollación de San Juan Bautista y banquete de Herodes. Este cuadro es real y se encuentra expuesto en el Museo del Prado.
Gracias a la creación de la pintura en El pintor de Flandes, se nos van contando las aventuras que viven su protagonista, Van Dick; el conde de Villamediana y sus sirvientes; diferentes personajes de la Corte y de la realeza…

Degollación de San Juan Bautista y banquete de Herodes, Strobel el Joven.

Al principio, el protagonista, Van Dick, no me gustó nada. Afortunadamente, una gran evolución en su personalidad se desarrolla a lo largo de la novela.
Complejo de inferioridad, siempre comparándose negativamente, inseguridades, deseos banales como el éxito y la fama, empequeñecido, dependiente… Por suerte, todo ello va quedando a un lado cuando nuestro protagonista pintor va desarrollando su obra. A medida que pinta y avanza en su cuadro, también se va fortaleciendo su personalidad.

Por otro lado, gracias al proceso de elaboración de la pintura, conocemos gran cantidad de personalidades de la época barroca en España y entramos en contacto con la pintura flamenca de la época. Arte e intriga palaciega se dan la mano para traernos esta buena lectura de entretenimiento.

No es nada nuevo novelar aventuras palaciegas con base histórica, sin embargo, los detalles que tiene Rosa Ribas a la hora de narrarlo comportan muchos puntos de originalidad en cuanto a contenido. Además, logra hasta el final de la lectura mantener el suspense acerca del objetivo de pintar La degollación. No me pareció nada intuitivo ni previsible, casi todo lo descubrí en cuanto lo leía y no antes. Así que en ningún momento te aburre y te mantiene en toda ocasión atento.

El único pero es que al principio la redacción es un tanto tosca al intercalar tiempo pasado y tiempo presente, sin embargo, a medida que avanza uno en la lectura, la autora va puliendo la técnica y se vuelven mucho más claros los tiempos de la narración.

Es tan vivo cómo se cuenta el proceso de creación del cuadro, que yo no necesité hasta las últimas hojas buscar la foto del lienzo de La degollación de San Juan Bautista y banquete de Herodes. Fui recreando en mi imaginación cada parte del cuadro que se describe. Y creo que es así como ha de leerse, esperando casi al final a buscar la foto del lienzo original. A mí me sorprendió que, lo que yo imaginé a lo largo de la lectura, se correspondía en su gran mayoría con el cuadro real.

Una mesa llena

No me gustan ni el desorden ni el caos.
La cama bien hecha
y el fregadero siempre vacío y seco.

Una mesa llena de papeles,
libros, tickets, etiquetas de ropa
y pedazos de a saber qué.

Ese pequeño espacio,
donde hacen equilibrio múltiples libros,
lo alimento y lo mantengo con mucho cariño.

Es mi orden dentro de mi desorden.

Por otra parte,
me gustan el desorden y el caos
en la risa, en las caricias y en las miradas.
Con todas acabas con hambre
de más.

En cambio,
dame orden en un abrazo,
que los abrazos dan serenidad.

El orden siempre facilita las cosas, pero, pensándolo bien, es necesario el desorden para valorar los instantes despeinados que nos regala la vida.

Ilustración de Mónica Recek