La iglesia más vieja de París: Saint Julien le Pauvre

Ya tenemos la Primera catedral de París y el árbol más viejo de dicha ciudad, así que no podía faltar escribir sobre la iglesia más vieja de la Ciudad de la Luz: Saint Julien le Pauvre.

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Parece ser que lo de los conciertos no era mentira… Qué bien empapelada que tienen la entrada… El señor de la foto es quien nos dejó entrar, muijijiji.

Intenté entrar en ella varias veces pues, al estar tan cerquita de Notre Dame, era un momento intentarlo… Hasta que se volvió personal eso de entrar. Siempre había alguien en la entrada que no dejaba franquear las puertas porque había concierto, porque cerraba, porque bla, bla, bla… Mil excusas.

Hasta que un día, por nuestra cara bonita (literalmente, dos extranjeras guapas tienen super poderes) pudimos entrar. ¡¡Muajajajaja!! ¡¡La historia de París nos abría sus puertas!!

Lo que nos encontramos fue una iglesia sin transepto, sin campana ni campanario, bastante románica y bizantina ella (es que tiene varios estilos posteriores mezclados…), muy austera, y con uno de sus laterales completamente baldado.

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Altar mayor de Saint Julien le Pauvre
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Se aprecia el abombamiento de la pared izquierda.
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Nave lateral izquierda y parte de la nave central
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Nave lateral izquierda

Las imágenes de la nave lateral izquierda fueron tomadas por Irene Río Barrial.

El siglo VI es el momento en que se dedica a Saint Julien l’Hospitalier (Pasará a ser le Pauvre más tarde en reconocimiento a los servicios prestados a los pobres). Pero poco duró, pues los normandos invaden Lutecia en el siglo IX y arrasan con ella (sí, esos de la serie Vikingos).

Cuesta creer que una iglesia tan modesta esté en relación con tantos acontecimientos históricos y que aún siga en pie, ya que más tarde sirvió como refugio a peregrinos y viajeros o fue almacén de sal, entre otros… También hay que decir que ayuda a eso de seguir en pie que los monjes de la orden de Cluny la rehabilitaran en el siglo XII.

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Grabado muy bonito del asalto a Lutecia en el 845 en el libro de Metronome)

Si habéis leído la entrada que escribí del árbol más viejo de París, sabréis que es el jardincito de esta iglesia quien alberga tal longevidad.

Y os cuento otra cosita que aprendí gracias a Loriant Deutsch, estamos ante el lugar que fue germen de la universidad parisina. ¡Menudo nivelazo que se marca Saint Julien le Pauvre! ¡¡Nada más y nada menos que la Universidad de París!! Pues ahí se estuvo cociendo el conocimiento y la cultura de la ciudad hasta que en el siglo XIV se traspasa la Uni a la montaña de Sainte Geneviève.

Y flipáis, Dante Alighieri (sí, sí, el de La divina comedia) y Santo Tomás de Aquino se pasaban por allí a rezar, a aprender, a discutir, a pensar… ¿Quién sabe a qué se pasaban por allí?

¡Si os ha gustado podéis compartirlo!

P.D.: esta entrada se la dedico a Irene. Una de las dos extranjeras guapas y mi compañera de viaje en París.

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Notre Dame de París para mí

Lunes 15 de abril de 2019.

Notre Dame de París envuelta en llamas.

Sólo es un poco de humo.

Lo van a apagar.

No puede seguir avanzando.

El fuego la está envolviendo.

Son las 7 y poco y las llamas no paran de alimentarse de ella, de la bella Dama.

Y crecen…

Buscas en todas las redes más imágenes, más vídeos, más perspectivas…

Y ves cómo se quema…

Por fuera y también por dentro.

En un directo, de repente, la flèche s’effondre.

No das crédito. Está pasando.

Notre Dame, a la vez que se enciende, se apaga.

La aguja de la catedral más famosa de Europa se desploma consumida por el fuego.

Hecha cenizas.

En polvo te convertirás.

París y los que te conocemos estamos de duelo.

Los recuerdos parecen avivados por el fuego.

Paz, felicidad, calma, bienestar…

Sentimientos generados en su Parvis.

Emoción, alegría, descubrimiento, curiosidad…

Su interior te empapaba de historia.

Y lo va a seguir haciendo.

Porque vas a resurgir de sus cenizas, bella Dama.

El lunes queda atrás para dejar paso al martes.

La noche trae una buena noticia entre todo este humo.

La estructura del edificio está a salvo.

Vuelves a ver los vídeos y los ves ahí.

Les sapeurs pompiers de Paris.

Los bomberos.

Con dos cojones están ahí subidos.

Poniéndose en peligro por salvar todo lo posible de la bella Dama.

Te preguntas ¿cómo pueden estar ahí?

Están cuidando las torres.

Están refrescando el rosetón.

Que si Trump y los hidroaviones…

¡Qué fácil es dar órdenes desde la ignorancia!

Menos mal que la Dama está en manos de profesionales, de los bomberos.

Renacerás de tus cenizas.

El Sacré Coeur repica sus campanas para hacerte saber que no estás sola.

Todos tus recodos emanan historias.

800 años de historia.

Finalmente, no hay palabras.

Uno de los “lugares” de mi pequeña historia, en llamas.

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Primer día que te conocí. 19 de junio de 2017
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Última vez que te vi. 23 de julio de 2018

Pez de abril

El poisson d’avril se festeja el uno de abril en diferentes países (como Polonia, Francia, Finlandia, Austria, Australia, Alemania, Italia, Bélgica, Reino Unido, etc…). Para hacernos a la idea, digamos que es el equivalente a nuestro Día de los Inocentes.

Su origen data del siglo XVI, época en la que el rey Charles IX promulga el Edicto de Roussillon (1564). Éste supone el traspaso del calendario juliano al calendario gregoriano, es decir, que antes del edicto el año comenzaba con los primeros días de la primavera y las gentes tenían por costumbre hacerse regalos.

Sin radio, ni televisión, ni redes sociales, en el siglo XVI poco se iban a enterar del Edicto de Roussillon. Debido a ello muchas gentes, sobre todo iletrados, continuaron con esta tradición de primavera. Aunque también había otras personas que estaban en contra de la reforma, entonces para ellos el año comenzaba en abril.

La cuestión es que si ya tenemos dos bandos, pese a ser un tema de calendarios (juliano y gregoriano), había que andar liándola. Así que los partidarios de la reforma se burlaban de los otros enviándoles falsos regalos o haciéndoles bromas. Y que te regalen un pescao no mola, he aquí el origen del pez de abril.

Hoy en día son los propios medios de información los que divulgan noticias falsas, la gente se gasta bromas o, entre los niños, se suele dibujar un pez para pegarlo en la espalda de alguno en el más mínimo descuido.


Nosotras el uno de abril de 2018 pudimos disfrutar de primera mano de esta alegre tradición. Los niños nos pegaron muchos peces en la espalda (pelo, hombro… lo que pillaran) y jugamos a una gymkhana. Además, fuimos listos y lo juntamos con Pascua, así que comimos muchos dulces riquísimos.

 

El Canal Saint Martin

El Canal Saint Martin o 4 kilómetros y medio de felicidad. Eso es lo que es para mí este lugar no tan conocido de París.

Este canal fue creado en el siglo XIX para traer agua potable a París a través del río Ourcq, el cual termina desembocando en el ya más conocido Sena. A mí lo que me trajo fue la sensación de felicidad máxima un 7 de abril de 2018.


La publicación de hoy va de sentimientos, emociones y momentos vividos. Lo siento por aquellos a quienes les gusta saber lo que hay detrás de los sitios, pero hoy hay que celebrar un cumpleaños de una persona muy especial.


No sé cómo fui a parar a allá pero recuerdo un sentimiento de plenitud absoluto. Hacía ya bastantes días que no paraba de llover y que el cielo estaba super gris. Y yo no sé si fue que el tiempo nos influye mucho o qué, pero de repente me vi en un ambiente super relajado lleno de luz y con nubes blancas y gris oscuro.

Se había parado todo el ajetreo de las grandes avenidas y había desaparecido el bullicio de los barrios más conocidos. Todo estaba en pausa y lo que había delante de mí eran parisinos disfrutando de una tranquila tarde de primavera. Y yo, intrusa, entre ellos.

Ya no había que aparentar prisas como en el metro para no entorpecer el flujo de viajeros, ni había que subir el volumen de los cascos para escuchar la música por encima del ruido de los coches y de las sirenas. Allí todo el mundo estaba relajado disfrutando de un momento de calma.

Como se suele decir, donde fueres haz lo que vieres. Así que me dediqué a recorrer el canal buscando “mi lugar” y terminé echada a la orilla del agua junto a otros desconocidos.

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Pies colgando y sonrisa en la cara, aquello me recargó las pilas. Lo quiera o no, había sido una parisina bobo (bohemia) por un par de horas. Pues el Canal de Saint Martin se caracteriza por acoger a los jóvenes parisinos o artistas bohemios y allí estaba yo enmascarada.

Aquella sensación de flotar en la felicidad gracias a la energía de un lugar quería compartirla sí o sí con una de las personas más importantes de mi vida. Así que, esta vez ya acompañada, nos dejamos caer una segunda vez por el Canal Saint Martin.

Si la primera vez fui feliz, la segunda más todavía si cabe.

No había ni terminado el mes de abril y para allá que te llevé. No podíamos acabar el año en París sin haber puesto alguno de los candados del amor en alguno de sus rincones. Y el rincón que se me antojó a mí marcar en la Ciudad de la Luz fue un puente de este canal.

Me encanta la zona de la gran curva, donde se encuentran las tres coloridas tiendecitas de Antoine & Lili. Así que fuimos al puente más cercano a esa curva para fijar nuestro amor en su barandilla. O más bien para descojonarnos con rituales inventados para poner un oxidado candado de dudoso verde en una más oxidada reja verde.

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Tiendas Antoine & Lili
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Tiendas de Antoine & Lili

 


[Espero que estés leyendo la palabra “curva” con la entonación adecuada]


La última vez que fuimos fue en julio de ese mismo 2018. Tuviste la paciencia de acompañarme a todos los sitios de los que me quería despedir. Porque sí, porque uno también se despide de los lugares. Y muchas veces con más emoción que de algunas personas.

Volvimos allí a decir un último adiós que deseo que se convierta en un “à bientôt”. Porque tengo muchas ganas de volver a combinar un lugar genial con una de las personas más bellas del planeta.

Para otro día datos de interés sobre el Canal de Saint Martin. Para hoy, celebrar el cumpleaños de Mimichu.

Gracias por estar siempre a mi lado y por no dejar que andemos siendo uno el apoyo del otro, sino que permites que cada uno seamos tal y como somos, sin máscaras, transparentes. Gracias porque nos complementamos. Aunque algunas veces sea más difícil que otras y tengamos que tener complejo de bastón por un tiempo.