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El gremio de los brujos

Los brujos y las brujas pueden tener una imagen normal y corriente. Pueden ser caucásicos, nórdicos, asiáticos o del montón.
A veces, mientras les suceden las mejores cosas de la vida, se despeinan. Se sonríen. Y comparten la belleza de las palabras bien ordenadas y bien dichas.
Dichas desde dentro.
Porque en el gremio de los brujos se quiere conocer al otro y hay ganas de compartir lo propio.

Tener ganas, dicen…
Ganas de una mirada llena. De una sonrisa de satisfacción absoluta viendo el alcance del placer del otro. De un abrazo sentido, exaltado, extendido a otros muchos abrazos en los instantes que nos siguen.

En el gremio de los brujos se cree en las casualidades.
Ellos distinguen las casualidades aleatorias de las casualidades que se convierten en regalos. Pues los brujos pueden ser un ser de luz que, siendo agradecido, es en el otro la ilusión de una vida que es aquello que no es durante el instante que es.

Los brujos también pueden hacer que algo parezca lo que no es y poseen el privilegio de no tener que decidir. Ellos sólo dejan pasar el tiempo a sabiendas de que, en el mundo de las ciudades, son seres del montón, con vidas comunes, pequeñas casualidades y mentes llenas de hechizos.

Ilustración de Josmar Bonilla

Cada uno por su lado

Entonces empieza todo otra vez como pequeñas pinceladas.
Son violentas. Bruscas y cortas.
Pequeñas e intensas.
Son breves. Menos mal.
Pocas veces noto este sentimiento.
De hecho es nuevo. Y yo neófita en él.
Cuando aparece, si tengo los ojos abiertos, empiezo a entrecerrarlos.
Una especie de mirar mal.
Lo que siempre sale es fruncir el entrecejo.

Es que manda cojones.
Y no hay frase más española que esa.
Manda co jo nes.
Con las enes bien marcadas.

¿Qué hemos hecho?
¿Qué hicimos?
Tú no querías probar cosas nuevas y yo tampoco.
Nos forzábamos a ello.
Recuerdo que muchas veces fui yo contigo. Y tú también lo intentaste conmigo.

Y ahora lo entiendo.
Al igual que a mí no me interesaba lo más mínimo compartir algo que desconocía, a ti tampoco te atraía el gusto de lo nuevo en un ámbito que te la soplaba.
Te la traía al pairo.

Traer al pairo.
Creo que tú nunca caíste en eso. Porque siempre demostrarte que me querías de otras mil formas.
Pero acabamos descuidando los aspectos importantes del otro.
Nos quedamos en tal silencio que, por no quebrarlo y creer que lo íbamos a estropear, lo terminamos de romper.
Y lo rompimos en trocitos de lo que tiene importancia y lo que no.

Qué gusto…
Qué egoísta suena, pero qué gusto, joder…
Qué peso quitado de encima.
Qué triste decirlo…
Sin embargo qué verdad más inmensa.
Qué alivio.
Ya está.
Se acabó.
Fuimos.
Eres y soy.
Serás y seré.
Afortunadamente cada uno por su lado.

Y seguiremos caminando.
Cada uno por su lado.
Menos mal.

Ilustración de Raúl García

Pantallas

Se nos iban las horas entre líneas y más líneas de texto.
Palabras que si hubieran coincidido en el mismo lugar y en el mismo espacio,
se hubiesen entremezclado entre besos, risas, abrazos y caricias.
Si yo me viera como tú me ves …
Si tú te vieras lo maravilloso que yo te veo…
Y si nos viéramos, no harían falta tantas líneas, sino los besos.

Ilustración de @ellehell

Solsticio de invierno

Sol invicto

Como quiero que sea nuestra sonrisa.

Llamas

Esas que quiero que arrojen luz en mi camino.

Calor

El que quiero que me dé alguien con buen corazón. Crear hogar. Fuego.

Fuego

Para nunca dejar de sentir pasión por la vida. Tener la capacidad de generar instantes. De vivirlos. De respetarlos en su esencia.

Vida… Que te quiero vivir… Déjame vivirte…

Atardecer en la plaza de la Catedral de Cuenca

Abrazo

Si en un abrazo cupiera el mundo que me queda por vivir, ese sería tu abrazo.

Ilustración de @ulisse_art_tourguide

Estrellas

Miras al cielo. Ves las estrellas.
Sonríes. Te encoges. Recuerdas.

¿Te ven ellas a ti?
No lo sabes y no pasa nada, has recordado y te das cuenta de que la única estrella está ahí,
a tu lado.

Le sientes y le miras.
Eres feliz.
Te encoges. Sonríes.

Ilustración de @lilla.clara

Mirada íntima

Ya he probado los ojos tierra, que supusieron un gran refugio. Son los que más me gustan y los que más paz me han traído.

Desde fuera, los ojos esperanza son los que más llaman mi atención. Sin embargo, lo único que me trajeron son falsas ilusiones y múltiples fantasmas.

Los ojos color miel son los más apetecibles. El dulce hace que siempre te quieras alimentar de ellos, pero lo único que traen son tormentas de todas las clases.

Por último, los otros ojos que he probado son los ojos del mar. En ellos me dejo llevar a la deriva y me mecen tranquila en el devenir de las cosas.

Todos ellos me han proporcionado una mirada íntima que con el tiempo no me costará olvidar.

Ilustración de @pits_illustration

Observas tu casa

Grandes masas negras emergen en la oscuridad de la noche.
Sus formas están bien definidas en la opacidad que dibuja el cielo.
De repente, asoman dos pequeños reductos de caótico desorden.
Titilan mientras observan cómo te adentras en la inmensidad de su reino.
Sigues avanzando y la noche, junto a las farolas, va bocetando un paisaje de colores fríos y sentimientos cálidos.
Reconoces alguna que otra forma mientras, bajo tus ojos, pasa a toda velocidad la raya discontinua de la carretera.
Sigues de frente y giras a la derecha.
Las montañas no paran de interrogarte. Las luces que las habitan te observan fijamente.
Te adentras en una de esas siluetas negras que tanto te fascinan.
Vas dejando a un lado las luces titilantes de las farolas.
Ya estás en su interior.
El bosque te recibe en un húmedo abrazo.
Ya estás en casa y el sentimiento que te invade es el de aquel lugar al que perteneces.

Ilustración de @lala_o8

Te vas

Al fondo, reflejo de un marco, un reloj.
Ensimismada largo rato, observo;
te cruzas en el hilo de mis pensamientos.

Cojo una tijera.
Doy un tijeretazo.
Te vas, yo he de continuar.

Sé que volverás.

Ilustración de Pizpiretia

Carbón

Robustas manos que extraen carbón de las entrañas de la tierra.

Robustas manos encallecidas por el esfuerzo y sudor de quien se gana el pan de cada día.

Robustas manos cayendo en el tradicional olvido.

Robustas manos…