Archivo de la categoría: Recolectando palabras

Pieles


Esconden historias de las que no sabrás ni su cuarta parte.
Un mapa de venas de textura de terciopelo envuelve un sin fin de caricias.

Tu mano en piel.
Tu mano en venas.
Tu mano en mí.

Acaricio cada camino escrito en tu cuerpo con mi mano temblorosa.
Tu piel y mi piel se llevan bien.
Pieles maduras y pieles de terciopelo.
Todas esconden sus historias.

Ilustración de @saltandrosemary

Las hojas cayendo

El viento permitía a las hojas hacernos reverencias en medio de aquel claro.
La hierba cubría el suelo de un mullido manto para que nuestros cuerpos pudieran darse cobijo.
La banda sonora venía dada por las notas de las hojas otoñales cayendo a nuestro alrededor.
La vida nos había regalado un momento de paz.
Un momento de paz para nosotros.
Y nosotros hicimos como la mullida hierba y las hojas color otoño, nos dejamos llevar por el viento y nuestros cuerpos de juntaron en el suelo.

Ilustración de Pamela Leichtle

Pequeños espacios de inmensidad

Formábamos pequeños espacios de inmensidad en los que parábamos el tiempo.
El mundo dejaba de girar para traspasarnos su giro, creando en cada vuelta una caricia sincera.
La seguridad de formar un espacio con quien quieres, con quien creas los lugares de quienes se sienten grandes por dentro.

Ilustración de Paloma González

Día del padre

Mi padre murió hace 26 años. Cuando yo era bien piquiñina.

Hoy apareció este arcoíris y, sorprendentemente, la primera persona en la que pensé fue él.

Estaba pasando mi super aspiradora nueva que es como un palo sin cable con muchas luces a lo nave espacial.
Si mi padre me ha visto así, ha tenido que alucinarle mucho que en el futuro no tengamos aspiradoras que no hagan ruido y que no lleven más luces espaciales todavía si cabe.

En el arcoiris de los padres fijo que más de uno está orgulloso de que pasemos la aspiradora con luces o sin ellas. Porque la luz ya la ponemos nosotros todos los días al recordar a los que ya no están.

La misma ola

A cada ola el azul de tus ojos se mezcla con la rubia arena de tu pelo.
Cada golpe viene con tu nombre y la espuma hace que permanezca en un constante olvido el eco de tu voz.
El salitre se pega a mi piel, como cuando tus caricias buscan cada hueco de mi cuerpo.
La mar está picada, son demasiados pensamientos, emociones y sentimientos por ordenar.
El mar los va arrastrando hacia aguas más oscuras, más azules.
En verdad son más transparentes, pues el tiempo va dando forma al pensar y moldea los caminos a seguir.
Qué suerte estar en la misma ola y saber que en algún momento romperemos en la orilla.
Pero mientras, sigamos mirando el horizonte, que la orilla ya la conocemos.

Ilustración de Íñigo Lanz

La familiaridad de un gesto


Mi cintura, más ancha, más blanda, menos flexible…
Mágicamente se vuelve fina, esbelta, de porcelana…
Sólo con que tú aproximes tus manos a esos dos huecos convexos en mi cuerpo,
con seguridad, con la gracia y la facilidad con que lo hiciste siempre.
Ni recuerdo la última vez que alguien me dio un abrazo así,
transmitiendo fuerza, seguridad, entereza, deseo completo de querer estar bien, de querer estar genial.
Y así se vuelven los abrazos contigo, geniales y fuertes.

Ilustración de @astraio.s

Pedazos indemnes

Al igual que me falta la música en la calle,
me faltan tus besos por las mañanas en el hueco que hace mi cuello con tu sonrisa al despertar.
Me faltan las grandes avenidas,
como cuando echo en falta que me mires mientras me dejo llevar en el coche al cantar.
En este momento no te tengo a ti ni tampoco tengo un lugar, con todo, intento recoger pequeños pedazos de aquello que se deja caer a mi alrededor en forma de piezas que me ayudan a completar aquello que me va faltando.

Ilustración de María Melero

Te liberas

Te liberas
No sabes qué resorte has activado
Pero la sensación de alivio es la que prima y es inmensa
No entendías lo que estaba pasando, por ello lo seguías intentando
Cuanto más dabas, más sinsentido se volvía todo
Llegó el momento de mirarse de verdad frente al espejo
De rasgar la piel para llegar a las entrañas
Es un camino viscoso, resbaladizo y oscuro
Finalmente llegas a donde querías
A tu interior
Ese en el que te ves autosuficiente, en el que sabes que vales más que todo eso, en el que te aporta más moverte por ti misma a intentar avanzar en algo que descubres que no está siendo de dos
Porque cuando el peso de compartir, de ceder y de adaptarse se vuelca más en una parte que en otra…
Ese desequilibrio en la balanza tiene que dejarse ver en algún momento
Y sacar a relucir las consecuencias.
Para mí son que estaba perdiendo mi yo en favor de algo egoísta que no existía
Así que la solución está en poner las cartas sobre la mesa y recordarme qué es lo que quiero
Serenidad
Libertad
Amor propio
Entereza
Y eso lo encuentro en mí misma, no en ningún otro

Ilustración de @yre_garabatos

El gremio de los brujos

Los brujos y las brujas pueden tener una imagen normal y corriente. Pueden ser caucásicos, nórdicos, asiáticos o del montón.
A veces, mientras les suceden las mejores cosas de la vida, se despeinan. Se sonríen. Y comparten la belleza de las palabras bien ordenadas y bien dichas.
Dichas desde dentro.
Porque en el gremio de los brujos se quiere conocer al otro y hay ganas de compartir lo propio.

Tener ganas, dicen…
Ganas de una mirada llena. De una sonrisa de satisfacción absoluta viendo el alcance del placer del otro. De un abrazo sentido, exaltado, extendido a otros muchos abrazos en los instantes que nos siguen.

En el gremio de los brujos se cree en las casualidades.
Ellos distinguen las casualidades aleatorias de las casualidades que se convierten en regalos. Pues los brujos pueden ser un ser de luz que, siendo agradecido, es en el otro la ilusión de una vida que es aquello que no es durante el instante que es.

Los brujos también pueden hacer que algo parezca lo que no es y poseen el privilegio de no tener que decidir. Ellos sólo dejan pasar el tiempo a sabiendas de que, en el mundo de las ciudades, son seres del montón, con vidas comunes, pequeñas casualidades y mentes llenas de hechizos.

Ilustración de Josmar Bonilla

Cada uno por su lado

Entonces empieza todo otra vez como pequeñas pinceladas.
Son violentas. Bruscas y cortas.
Pequeñas e intensas.
Son breves. Menos mal.
Pocas veces noto este sentimiento.
De hecho es nuevo. Y yo neófita en él.
Cuando aparece, si tengo los ojos abiertos, empiezo a entrecerrarlos.
Una especie de mirar mal.
Lo que siempre sale es fruncir el entrecejo.

Es que manda cojones.
Y no hay frase más española que esa.
Manda co jo nes.
Con las enes bien marcadas.

¿Qué hemos hecho?
¿Qué hicimos?
Tú no querías probar cosas nuevas y yo tampoco.
Nos forzábamos a ello.
Recuerdo que muchas veces fui yo contigo. Y tú también lo intentaste conmigo.

Y ahora lo entiendo.
Al igual que a mí no me interesaba lo más mínimo compartir algo que desconocía, a ti tampoco te atraía el gusto de lo nuevo en un ámbito que te la soplaba.
Te la traía al pairo.

Traer al pairo.
Creo que tú nunca caíste en eso. Porque siempre demostrarte que me querías de otras mil formas.
Pero acabamos descuidando los aspectos importantes del otro.
Nos quedamos en tal silencio que, por no quebrarlo y creer que lo íbamos a estropear, lo terminamos de romper.
Y lo rompimos en trocitos de lo que tiene importancia y lo que no.

Qué gusto…
Qué egoísta suena, pero qué gusto, joder…
Qué peso quitado de encima.
Qué triste decirlo…
Sin embargo qué verdad más inmensa.
Qué alivio.
Ya está.
Se acabó.
Fuimos.
Eres y soy.
Serás y seré.
Afortunadamente cada uno por su lado.

Y seguiremos caminando.
Cada uno por su lado.
Menos mal.

Ilustración de Raúl García