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10 encantos en Guadalajara ciudad

Como no podía ser menos, el 10 de agosto había que dedicar la publicación del blog a Nieves-compi, también conocida como Mari Juli. Así que nos adentramos en las calles de la ciudad de esta mujer para descubrir bellos rincones de Guadalajara.

Los destrozos de la Guerra Civil y su proximidad a Madrid hacen de esta ciudad castellano-manchega un enclave que pasa desapercibido para mucha gente. Pero aquí estamos para dar la vuelta a la tortilla presentándoos 10 bonitos encantos de Guadalajara por donde podéis distraeros dando un paseo.

1- Palacio del Infantado

Es la joya de Guadalajara con esa fachada inconfundible llena de puntas de diamante, mitad palacio mitad fortaleza.

Se trata de un palacio renacentista español cuya autoría responde al nombre de Juan Guas. Lo ordena levantar sobre las antiguas casas de la familia Mendoza el segundo duque del Infantado, Íñigo López de Mendoza, quien en el siglo XV tenía el honor de conformar una de las familias más importantes de la nobleza española: la casa de los Mendoza.

A finales del siglo XVI, el palacio es sometido a una reforma durante el señorío del quinto duque del Infantado, gracias a quien son introducidos los elementos renacentistas que tanto caracterizan esta obra civil. Aunque no hay que olvidar que sus orígenes son gótico isabelinos.

Es curiosa su portada, pues esta va acumulando los distintos emblemas de la familia según se van sucediendo los diferentes duques del Infantado con un gran escudo de armas sujetado por dos colosos. Además, no debemos olvidar que se inspira en los palacios mudéjares del siglo XIV, por ello encontramos diferentes elementos mudéjares en la decoración palaciega.

En el siglo XIX la propiedad del palacio la comparten la propia casa ducal y el Ayuntamiento, quienes finalmente lo ceden al Ministerio de Guerra para ser utilizado como colegio para huérfanas de militares.

A principios del siglo XX lo devasta un incendio tras el cual, en los años 60, es restaurado, dejándolo tal y como lo vemos hoy en día, siendo un edificio público que alberga entre sus paredes el Museo Provincial de Guadalajara y el Archivo Histórico Provincial.

Si entramos en su interior, quedaremos fascinados con el Patio de los Leones, el cual presenta dos alturas. En la galería inferior predominan las representaciones de leones enfrentados, en la superior, los grifos y seres mitológicos hacen las delicias del visitante.

Como anécdota, los reyes Felipe II e Isabel de Valois y Felipe V e Isabel de Farnesio eligieron este palacio para celebrar sus bodas.

2- Concatedral de Santa María de la Fuente la Mayor

Edificada sobre una antigua mezquita, los orígenes de este conjunto catedralicio se remontan al siglo XIII, sin embargo, no es hasta 1959 que adquiere su estatus de concatedral.

Se la tiene como una de las catedrales más singulares de España debido a su marcado estilo mudéjar, el cual se plasma principalmente en los materiales de construcción del templo, mampostería recubierta de ladrillo, o en las portadas exteriores. Su esbelta torre funciona como campanario y recuerda a un alminar árabe aunque con elementos románicos. La galería que rodea el templo es del singular estilo renacentista alcarreño del siglo XVI.

3- Puerta de Bejanque

Guadalajara contaba, nada más y nada menos, que con cinco puertas de acceso a la ciudad, siendo la Puerta de Bejanque una de las más importantes. Sus orígenes datan del siglo IX y constituye una parte de la muralla, el baluarte, que nos permite hacernos a la idea de la monumentalidad de la misma gracias al tamaño de las piedras utilizadas para su construcción y a la altura que alcanza.

A finales del siglo XIX, lo que queda de ese baluarte, vestigio de unión de dos de las partes de la muralla, es finalmente demolido, llegando a nuestros días únicamente el arco.

4- Escultura “Un árbol, un pensamiento”

Cuatro metros de altura en forma de escalera de libros adornan la Plaza de Santo Domingo. Este es el homenaje de la ciudad de Guadalajara a los profesores por la labor docente que desempeñan. A mí me quiere parecer una alusión a Historia de una escalera del guadalajareño Buero Vallejo. Vosotros me diréis si también os lo parece…

El árbol en el que se talló la obra era un pino carrasco ya seco de 110 años cuya ubicación se encuentra al lado de la estatua del conde de Romanones, quien a principios del siglo XX se las ingenia para que los sueldos de los maestros se incluyan en los presupuestos estatales. Un gran avance social en aquellos tiempos.

5- Ayuntamiento de Guadalajara

En la Plaza Mayor encontramos este edificio que data de 1906. Presenta un estilo ecléctico que se asienta sobre el anterior edificio del siglo XVI. Para los curiosos de la heráldica, en su interior se recogen numerosos escudos y emblemas, además de las famosas Tablas de San Ginés del siglo XV del maestro de los Luna. Este artista hispano-flamenco es conocido como don Álvaro de Luna y tenía como núcleos de trabajo Madrid y Guadalajara, siendo uno de sus principales clientes la familia Mendoza.

6- Ermita de San Roque

En el entrañable Parque de San Roque se encuentra esta coqueta ermita del mismo nombre que su enclave. Data del siglo XVI y es reformada en profundidad en el XVIII. Dicha reforma básicamente consiste en el derrumbe y reedificación del edificio. Esta medida tan drástica responde a las fuertes humedades, la madera envilecida y las paredes desplomadas. En los últimos años se vuelve a rehabilitar debido a unas humedades en el tejado que estaban afectando a su estructura.

7- Panteón de la condesa de la Vega del Pozo

María Diega Desmaissières y Sevillano fue una mujer que aportó lo indecible a la ciudad de Guadalajara en los siglos XIX y XX gracias a la gran cantidad de mejoras sociales que aplicó.

La tía de la Condesa, Santa María Micaela, era una monja que le inculcó los valores de la caridad y el servicio a los más desfavorecidos al quedar huérfana cuando era bien jovencita. Su herencia la convierte en la quinta mujer más rica de España y decide gastar su fortuna en construir este monumental edificio. Aparentemente este despilfarro no guarda mucha relación con la caridad y valores de pobreza, sin embargo, esta mujer nos sorprende una vez más al mandar edificar el magnífico Panteón con el objetivo de crear trabajo para las gentes pobres de la zona. El Panteón tendría como misión, además de para guardar sus restos mortales y los de su familia, para servir de asilo a los indigentes de la ciudad.

Lo genial de esta historia es que las obras no se acababan en ningún momento porque la cuestión era que las gentes conservaran el trabajo y, atención a las condiciones. Precursora del trabajo moderno, les pagaba cuando enfermaban, al igual que les eran compensados los domingos y festivos. Algunos hoy en día tendrían que echar la vista a atrás y tomar ejemplo…

Con esta forma de actuar y de cuidar de sus gentes , la Condesa se granjeó una muy buena fama, ya que sus trabajadores la estimaban mucho al ser una eficiente defensora de sus derechos.

Después de saber esta historia, creo que es una feminista de nuestro pasado al no haberse quedado de brazos cruzados y utilizar su poder y medios para facilitar la dignidad y la calidad de vida para aquellos a quienes podía proteger.

8- Colegio Niña María de las Adoratrices

Al igual que el Panteón, este centro educativo se compone de un complejo monumental ideado bajo las órdenes del arquitecto Ricardo Velázquez Bosco y por encargo de nuestra querida Condesa.

Las líneas del conjunto de edificios toman elementos renacentistas y mudéjares que, más adelante, tendrán la función de albergar el colegio y convento de las monjas adoratrices, orden que había fundado su tía.

9- Parque de la Concordia

Este conjunto verde de la ciudad de Guadalajara es una de sus zonas más simbólicas. Es inaugurado en 1854 configurándose como el primer parque público de la ciudad. Se siguió el modelo que se taba llevando a cabo en el resto del territorio español: hasta el siglo XIX multitud de terrenos continuaban perteneciendo a la nobleza y las villas deciden crear en esos lugares espacios públicos orientados al ocio al aire libre.

El estanque de los patos es una de las zonas más relajantes donde puedes disfrutar de una buena tarde a la sombra de sus grandes árboles. Y si es acompañado de un helado, mejor que mejor.

10- Iglesia de San Ginés

Esta singular iglesia responde a la idea de tener una fachada tipo retablo y unas dimensiones bastante más extensas de las que tiene hoy en día. La falta de dineros… Ya se sabe… Finalmente la vemos así, con una gran portada custodiada por dos sólidos contrafuertes que culminan en dos espadañas. De hecho, el lugar donde se emplaza esta iglesia era el antiguo Convento de Santo Domingo, del cual no quedan restos.

Obviamente yo no conozco todo Guadalajara ciudad, sin embargo, os dejo una batería de lugares llenos de historia que podréis encontrar dando un paseo por esta tranquila ciudad: Palacio de Antonio de Mendoza y antiguo Convento de la Piedad, Palacio de la Cotilla, Capilla de Luis de Lucena, Convento de San Francisco, Convento de las Carmelitas de San José, Alcázar Real de Guadalajara, Ábside de San Gil y San Nicolás el Real, Torreón del Alamín, Puente del Henares, Torreón de Álvar Fáñez…

¡UY! ¡Se me olvidaba un último encanto de Guadalajara!

11- Mis compis

Como no podía ser de otra manera, el último encanto de Guadalajara lo dejo para dos personas geniales y que tanto me aportan, Rubén y Nieves. Extremeño y ciudadana del mundo, Guadalajara nos ha dado buenos momentos a pesar de que hay que darle a Cuenca el honor de habernos juntado en el camino. Feliz cumpleaños Nieves.

Y nos comimos Lisboa…

En 17 indispensables de Lisboa dedicaba la entrada a mis compañeros de viaje y, con esta segunda parte, quiero hacer lo mismo. Va para Nieves y para Jordi en el día del cumpleaños de este último.

Ya lo anuncié en la primera parte, lo mejor que se nos dio fue el COMER. Como efectivos del SIC (Sistema de Inteligencia Conquense) en el extranjero, asentamos nuestro centro de operaciones gastronómicas, culinarias y masticadoras en el Mercado da Ribeira.

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Puerta principal del Mercado da Ribeira

Se trata de un mercado gourmet que, desde el siglo XIX en adelante, conoció sus mejores tiempos como mercado mayorista. Fue inaugurado en 1882 y su estratégica ubicación, al lado del Tajo, le permitió posicionarse entre los mercados más potentes de Europa. Pero como todo lo que sube, baja, llegó el fin de sus días gloriosos y, tras un parón, se retoma como centro hostelero.

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Interior del Mercado da Ribeira con todos los puestos de comida gourmet y sus largas mesas para comer al estilo medieval

Allí nos hinchamos (a Jordi le parece políticamente incorrecto decir que nos pusimos como deficientes) a base de pasteles de Belem del obrador de Manteigaria. Esa maravilla de postre compuesto de pasta de hojaldre y de crema de huevo, leche y azúcar hizo las delicias de nuestro viaje. Incluso llegamos a hacer unos amigos franceses con los que, además de vino blanco, también compartimos pastelitos y buena conversación.

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Pasteles de Belem de Manteigaria. El mío es el que no lleva canela

Como era de esperar, entre las cosas más saladitas nos dimos al bacalao y a la francesinha, que es una especie de sandwich de varios tipos de carne, con mucho queso y salsa de tomate y cerveza. Todo estaba para chuparse los dedos y más allá.

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A la izquierda, lomo de bacalao. A la derecha, la francesinha. El plato de detrás, a saber qué era y de quién, porque como ya dije, se come todos juntos en modo mesas medievales

El otro sitio donde compramos pasteles de Belem fue en el propio barrio de Belem. Su nombre es Pastéis de Belém (qué ingenio) y, acabo de estar mirando en este artículo, con sólo una tienda llegan a preparar 45.000 unidades diarias en época estival y facturan unos 7 millones anuales de euros ¡¡¡¡¡sólo en pastelitos!!!!!

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Ya veis en la foto que hasta tienen un portero (to rechulón) como en las discotecas. Foto tomada por Nieves

El otro sitio donde nos atrevimos a probar los sabores de Lisboa fue en la Casa Portuguesa do Pastel de Bacalhau, donde el mar y la tierra se fusionan en una especie de croqueta de bacalao rellena de queso de Serra da Estrela (A que la frase era monísima hasta que llegasteis a la palabra croqueta. Ja, ja, ja). A Nieves no le entusiasmó mucho, sin embargo, Jordi y yo estábamos que rodábamos por las calles del Barrio de la Alfama después de habernos metido ese buñuelo entre pecho y espalda (más el de Nieves). Que por cierto, os recomiendo tener una botellita de agua a mano. Se atasca un poquito.

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Una bebida lisboeta típica es el chupito de Ginjinha. Así que allá fuimos de cabeza a tomarlo. Es un aguardiente de guindas que se sirve en un local minúsculo donde únicamente se vende este licor. La tradición impone hacer cola en la calle, el camarero te lo sirve en un vaso de chupito de plástico y te lo tomas fuera, porque ya os digo, el local es liliputiense y se llama A Ginjinha.

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Menos típico y, sin embargo, no menos rico, fueron los desayunos que nos jincamos pal cuerpo serrano para resistir el turisteo. Por otro lado, el máximum de las meriendas fue para la que nos tomamos en el LXFactory en la cafetería Chocolate Landeau. Una de las mejores tartas de chocolate del mundo acompañada de una taza de chocolate (para ir al baño bien, sí señor). Madre mía qué rico. Utilizan uno de los mejores chocolates para su fabricación, chocolate de Valrhona, y la verdad que se nota.


Para bajar toda la panzada que nos acabamos de meter, quería aludir a la excursión que hicimos a Sintra para ver dos de sus palacios, el Palacio da Pena y la Quinta da Regaleira. Así ya quedaría escrito todo nuestro viaje a Lisboa entre la primera parte y esta segunda que estamos leyendo ahora.

Palacio da Pena

La pena fue que había una bruma terrible y no se veía nada del paisaje precioso que tenía que enmarcar esa carretera que no paraba de serpentear curva tras curva para ascender por el bosque hasta el palacio. Era tal la humedad que había, que se metía por las estancias del palacio. Así que no pudimos apreciar casi nada de este palacio romántico del siglo XIX, morada de la monarquía lusa.

Eso sí, ante el mal tiempo buena cara. Nos atrincheramos con un montón de guiris en la tienda de recuerdos. Y como buenos efectivos del SIC en el extranjero y seres que vamos dando el cante por ahí, hicimos las delicias de la tienda de souvenirs llevando a cabo un buen combate con escudos y espadas.

Quinta da Regaleira

Una vez llegados a este otro palacio de Sintra, parece que el tiempo nos dio un poco de tregua y pudimos pasear ampliamente por sus jardines.

Nuestro objetivo era llegar al famoso pozo iniciático y, cómo no, por el camino hicimos mil fotos de postureo. (Bueno, yo unas cinco, Jordi y Nieves acapararon las 995 restantes. Ja, ja, ja.)

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Cámara en mano, nos dispusimos a atravesar aquellos jardines. Para los agentes del SIC, la “Misión: Pozo iniciático” no debía de plantear ninguna complicación. Sin embargo, el destino no lo quiso así. Atravesamos vallejetes y colinas, caminos empedrados y de tierra, arbustos y escaleras, trepamos torres y fuentes y nos adentramos en grutas y cuevas, todo ello sin parar de ascender ni de visualizar mentalmente nuestro objetivo: el puto pozo. Porque sí, a estas alturas de recorrido el pozo ya daba un pol culo del demonio.

Sudados, mojados, llenos de comida y con mil fotos a la espalda, llegamos al pozo iniciático. Una auténtica maravilla. Se dice que en él hicieron de las suyas tanto masones como templarios. Sus nueve pisos en modo de torre invertida te adentran al interior de la tierra como si estuvieses recorriendo los nueve círculos del Infierno de la Divina Comedia de Dante (aprovecho para deciros que con que os leáis el Infierno, suficiente. La parte del Purgatorio es aburridilla y la del Cielo no tiene ninguna chicha).

 

Una vez que llegamos al fondo de pozo, habíamos de atravesar oscuros túneles para alcanzar la luz. Y, en esas estábamos, cuando sufrimos la baja temporal de nuestro agente del SIC Nieves. Mientras ella veía orientales caer al agua, los agentes restantes del SIC continuamos adentrándonos por los túneles para acabar saliendo a un espacio precioso con su estanque, su cascada, sus hojitas en el agua y sus rocas escarpadas.

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La verdad que es un entorno maravilloso que da para perderse en él un día entero de lo bonito que es. Y, además, que lo pasamos pipa.


Acordé con Nieves que por el cumple de Jordi, (holi, Jordi), le regalábamos nuestro mejor momento del viaje en nuestros respectivos blogs. Podéis leer lo que escribió ella sobre nuestro viaje a Lisboa en Los rincones que ven mis ojos.

Ya sabéis que me emocioné toda cuando fuimos al punto más occidental de Europa, al Cabo da Roca. Y sigo flipando por haber estado allí. Es que no todo el mundo puede decir que ha estado a la izquierda total del continente europeo. Me parece algo aluciflipante.

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Llegamos de noche, llovía, hacía un viento del carallo… Nos empapamos. Estábamos cansados de todo el día trotando. La vuelta en el bus la pasé con la cabeza entre las piernas de Jordi mientras sostenía su clepto-profiláctico-chubasquero-plastiquero como pseudo-bolsa-de-vomitonas. Como agentes altamente cultivados en temas aleatorios, me contasteis historias de las 13 rosas y de a saber qué más para que me distrajera del mareo que llevaba. Y la de Juana la Loca me la contasteis tan sumamente mal que, cuando recuperé chicha, sin sacar la cabeza de entre las piernas de Jordi, os la reconté yo. Pero de verdad, aunque parecíamos salidos de una auténtica batalla campal al acabar el día, este fue un momento genial del viaje, quitando la parte del drama que nos caracteriza a las féminas del SIC.

Feliz cumpleaños Jordi. Y Nieves, gracias por hacer de un momento normal un capítulo más de Todo le pasa a mi Mari Juli. Somos protas contigo.

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Efectivos del SIC en el extranjero rodando un capítulo de Todo le pasa a mi Mari Juli.

 

 

17 indispensables de Lisboa

Para mí, las ciudades destilan muchos tipos de energía que invitan a sentirlas de un modo u otro.

Madrid me parece una ciudad para la amistad, París una ciudad para la introspección, Roma para recrearse en la cultura y el conocimiento y, si seguimos hablando de capitales europeas, Lisboa me pareció una ciudad para el amor.

Esta entrada se me hizo un poco larga, así que nuestro viaje a Lisboa lo voy a dividir en esta publicación dedicada a los lugares que visitamos y, la siguiente versará sobre toda la comidita que probamos, más Sintra, el Palacio da Pena y la Quinta da Regaleira. Que, sinceramente, fue lo que mejor se nos dio, COMER.

Dedicado a mis compañeros de viaje en Lisboa. Un fuerte abrazo compis, espero que os guste.

  1. El Pelourinho

En la amplia y espaciosa plaza del ayuntamiento lisboeta se encuentra esta singular picota. Se trata de una espiral de cinco ramas hecha en un único bloque de piedra que data del siglo XVIII.

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El Ayuntamiento de Lisboa, su bonita plaza y el Pelourinho

 

2. Praça do Comércio

Es la plaza más grande de Lisboa. Tres de sus lados están ocupados por grandes edificios que, además, son aportalados. La parte libre da al Tajo o al mar, según se quiera ver.

La estatua que se yergue en medio de la plaza encarna al rey José I de Portugal. Se trata de una representación ecuestre fundida en el siglo XVIII en una sola pieza de bronce. Además, se levanta 14 metros sobre el suelo y las imágenes que pueblan su pedestal aluden a la reconstrucción de Lisboa tras sufrir un duro terremoto en 1755. (Ya veremos que este terremoto marcará la historia de múltiples edificios de la ciudad).

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Estatua ecuestre del rey José I de Portugal en la Plaza del Comercio de Lisboa

El arco central de esta plaza es lo que se llama un arco triunfal. En este de la Praça do Comércio se comienza a construir en 1755, sin embargo, no es hasta 1873 cuando se finaliza su construcción definitiva. En su estructura se quiso personificar la Gloria coronando al Genio y al Valor. También aparecen en forma de alegoría humana el Duero, el Tajo y varios conquistadores o descubridores como Vasco da Gama o Nuno Alvares.

En esta plaza tiene lugar la famosa Revolución de los Claveles. El 25 de abril de 1974 se produce un levantamiento militar sin derramamiento de sangre, pasando con este acto a ser un estado democrático y de derecho nuestro vecino Portugal. Se le puede llamar la revolución de la música, pues la señal para que las tropas se prepararan fue la emisión en la radio de la canción E depois do adeus de Paulo de Carvalho. Había una segunda señal con la que los militares tenían que ocupar las posiciones estratégicas del país, y esa señal fue la canción prohibida por el régimen Grândola, Vila Morena, una canción revolucionaria de José Afonso. La flor de la temporada en ese momento en Lisboa era el clavel, así que en la madrugada del 25 de abril, los lisboetas salieron a las calles portando claveles en sus manos y derrocando así el régimen dictatorial.

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3. Praça dom Pedro IV o del Rocio o Rossio

En su centro se eleva la escultura que da nombre a la plaza, don Pedro IV, y es una de las más altas de Lisboa, 27 metros de altura. El pedestal y la columna son de mármol y la estatua es de bronce.

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Su parte inferior evoca a la Justicia, la Fuerza, la Prudencia y la Templanza. Los escudos que se ven responden a las 16 ciudades más relevantes de Portugal. También hay una fuente preciosa y al otro lado se encuentra el Teatro Nacional Almeida Garrett.

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4. Teatro Nacional Almeida Garrett

Se construyó en el siglo XIX en la Praça dom Pedro IV y sus seis columnas monumentales pertenecían a la Iglesia de San Francisco da Cidade. Las estatuas que coronan el frontón y su tímpano son Gil Vicente, Talía, Melpómene, Apolo y las musas y algunos dramaturgos. También tiene esculpidas las cuatro fases del día.

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5. Estación Central del Rossio

Esta estación también se encuentra en la Plaza dom Pedro IV y de ella se conserva en perfecto estado la fachada de estilo manuelino, destacando en ella la profusión de relieves y sus puertas de vidrio con forma de arco de herradura.

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6. Barrio de la Alfama

En su origen fue un viejo barrio de pescadores. Es una maravilla perderse por sus calles, ya que entramos en una Lisboa que nos invita a disfruta de su pasado a través de la arquitectura, el ambiente, sus calles, el empedrado, los balcones con la ropa tendida… y demás rasgos de esta otra cara de la ciudad. En él se encuentra el precioso Miradouro de Santa Luzia con unas vistas espectaculares de parte de la ciudad y del puerto.

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Miradouro de Santa Luzia

 

7. Casa dos Bicos

También llamada la Casa de Brás de Albuquerque, pertenece al Barrio de la Alfama. La mandó construir en el siglo XVI el hijo de un conquistador, Alfonso de Albuquerque. Con el terremoto de 1755, los descendientes de Albuquerque venden los restos del edificio y en el siglo XX es reutilizada durante un tiempo como almacén y sede del comercio del bacalao. En pleno siglo XXI, alberga la Fundación José Saramago.

Lo más característico es su fachada revestida de bicos, que son una especie de piedras talladas con forma puntiaguda. Como esto hace que también se asemejen a diamantes, es llamada Casa dos Diamantes.

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8. Catedral de Sé

Su construcción data del siglo XII y, al sufrir diversos terremotos a lo largo de su historia, se pueden apreciar en ella múltiples restauraciones. Por su fecha de inicio de construcción, le podemos atribuir en estilo románico, sin embargo, en ella se aprecian varias inscripciones romanas. Probando este detalle el que seguramente se asiente sobre un templo de época romana.

También se puede apreciar el estilo gótico en alguna de sus capillas y lo que más llama la atención es que en su arquitectura hay influencias normandas. Este hecho se puede explicar con que, tras la Reconquista, son varios los cruzados procedentes de Inglaterra y transmisores de las influencias normandas.

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Como anécdotas ocurridas en este templo, podemos señalar que un obispo fue arrojado de una de sus torres durante un levantamiento popular en el siglo XIV.

También es destacable que San Antonio fue bautizado en su pila bautismal en 1195.

9. Castillo de San Jorge

Se encuentra en lo alto de un promontorio donde fue construido por los árabes, haciendo que fuera parte del conjunto fortificado de la ciudad. Entre sus diferentes funciones, fue morada real y, hoy en día, museo.

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10. Convento do Carmo

Los restos de este convento acogen el Museo Arqueológico de Lisboa y en su momento, fue la mayor iglesia gótica de la ciudad. Lo que sucede es que con el famoso terremoto de 1755, quedó como lo vemos hoy.

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11. Iglesia de Santo Domingo o Igreja de São Domingos

Pasa desapercibida, sin embargo, una vez que entras en ella produce mucha impresión. Sus altos techos y su interior calcinado te transportan por completo al incendio que sufrió en 1959.

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Fue creada en el siglo XIII y, bajo mandato del rey Manuel I, fue reformada. Posteriormente, el terremoto de 1755 y el consecuente maremoto destruyen esta iglesia.

Como parte de su accidentado pasado, también podemos señalar que la Inquisición celebraba allí sus autos de fe y demás acciones escabrosas.

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Para mí, la mayor movida sucedida aquí fue en el siglo XVI. Durante una misa, un monje hizo referencia a un milagro al ver el reflejo del sol en un crucifijo. Un nuevo cristiano le dijo lo que todos veían, que era un reflejo, y el monje lo tomó como pretexto para incitar a la violencia y asesinar alrededor de dos mil judíos y nuevos cristianos.

No todo quedó ahí. Cuando a oídos del rey Manuel I llegó lo ocurrido en la Iglesia de Santo Domingo, el rey mandó ejecutar a dos de los monjes que incitaron a la violencia.

12 y 13. Librería Ler Devagar y el espacio LX Factory

Bajo el Puente del 25 de Abril se encuentra la LX Factory con la preciosa Librería Ler Devagar.

Este recinto pertenecía a una antigua fábrica textil, después se convierte en imprenta y, actualmente, está sembrado de tiendas, restaurantes, cafés y galerías de arte.

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Ler Devagar se traduce en su sentido más literal por leer despacio.

Es considerada una de las librerías más bellas del mundo. Tiene un aire industrial que permite disfrutar de vagar entre sus estanterías repletas de libros y de multitud de escaleras que la articulan en un amplio espacio donde poder acceder a cada rincón. También posee dos cafeterías, por si quieres tomar un descanso.

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El símbolo por el que se reconoce la librería es, nada más y nada menos, que la musa de Pessoa cabalgando en una bicicleta alada. También podemos ver al soñador en busca de la luna en otro de sus pasillos.

14. Fuente de Chafariz del Rey

Data del siglo XIII y se trata de la fuente más antigua de la ciudad. Consta de 9 caños que abastecieron de agua las embarcaciones portuguesas del siglo XVI.

Lo curioso es que cada uno de sus caños estaba destinado a un grupo social, hombres, mujeres, niños, negros, esclavos, nobles…

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15. Monasterio de los Jerónimos

Se encuentra en el Barrio de Belem y fue mandado construir en 1502 por el rey Manuel I, así que, como no podía ser de otra manera, su estilo es manuelino en combinación con el renacentista.

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Su puerta lateral presenta una profusión de adornos increíble donde se aprecia un gran trabajo de cantera esculpido en todos esos relieves. Entre sus esculturas principales se encuentran Nuestra Señora de Belem y el Infante don Henrique, el Navegante.

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Como era de esperar, una de las capillas está dedicada a San Jerónimo. Se cuenta que Felipe II de España fue a visitarlo y quedó maravillado con la estatua del santo, a tal punto que le preguntó: “¿No me hablas, Jerónimo?”

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En la capilla mayor están enterrados el rey Manuel I y su esposa, la reina María Fernanda. También encontramos los sepulcros de Camoes y de Vasco da Gama, los cuales datan de finales de siglo XIX. Además, también está la imagen de San Gabriel que, supuestamente, llevó consigo Vasco da Gama en sus viajes a la India.

También es muy curioso que el transepto no está sostenido por ninguna de las columnas tan prolíficamente adornadas que delimitan el resto de las naves.

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16. Torre de Belem

Está ubicada en el punto desde donde zarpaban los barcos que iban en busca de los grandes descubrimientos. Es construida en el siglo XVI bajo las órdenes del rey Manuel I y es todo un ejemplo del poder naval y de la arquitectura militar portuguesa. Convergen en ella tres estilos, el románico, el gótico y el morisco.

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Si decimos que es ejemplo de arquitectura militar, ¿qué función tenía? Pues la de proteger Lisboa y defender el río.

17. Monumento a los Descubrimientos

Quiero cerrar esta entrada con este monumento que tanto me hizo sentir por todo lo que representa cuando estaba frente a él.

Es construido en 1960 para conmemorar que se cumplían 500 años del fallecimiento de Henrique el Navegante.

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Es super inmenso, pues tiene 52 metros de altura y su forma es de carabela transportando 33 personajes representativos del siglo XVI que miran al Tajo. Entre sus filas se encuentran diversos hombres del siglo de los descubrimientos, como los pertenecientes a la realeza, a la iglesia, artistas, escritores, cronistas, viajeros, cartógrafos, navegantes, matemáticos, capitanes o misioneros. Es decir, todos aquellos que contribuyeron a escribir la historia tal y como la conocemos hoy.

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En la plaza que precede al monumento hay una rosa de los vientos inmensa junto a un mapamundi decorado con múltiples sirenas y embarcaciones. En él se encuentran reflejadas las diferentes rutas que tomaron los antiguos descubridores.

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Como ya os había avisado, la entrada se está haciendo muy larga. Así que quiero escribir otra para dedicarla a la comidita que probamos en Lisboa y los sitios donde la degustamos, además de terminar de contar nuestro viaje aludiendo a Sintra, el Palacio da Pena y la Quinta da Regaleira. Luego, ya dejo en manos de Jordi y de Nieves quién se queda con qué entrada.

Espero que hayáis disfrutado tanto como nosotros de este pequeño recorrido por Lisboa y que os entre el gusanillo de ir. A nosotros todavía nos quedan muchas cosas por descubrir de ella.

¡Nos vemos en la siguiente publicación!

La desilusión de la tumba de Julio Verne, padre de la ciencia-ficción

Como estoy leyendo Un capitán de quince años de Julio Verne, me acordé de que en nuestro viaje a Amiensno nos quisimos despedir de la ciudad sin visitar la tumba de este célebre escritor.

Al ser lo último que nos quedaba por ver de esta ciudad tan sumamente preciosa, de la que salíamos con el coche paramos en el Cimetière de la Madeleine d’Amiens.

La verdad que el cementerio era precioso. La humedad hacía que gran parte de las tumbas estuvieran cubiertas por un manto mullido de musgo y la paz que se respiraba era todo un privilegio. El ambiente era totalmente romántico y decimonónico, con un aire decadente, bohemio y bucólico digno de la mejor escena de enamorados caídos en la desgracia.

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Recordemos que Julio Verne fue un escritor francés nacido en el siglo XIX.

Su fascinación por el mundo de alta mar le viene de su madre, pues su familia materna era de adinerados navegantes.

De bien pequeño, unos 6 añitos, comienza a recibir lecciones de la viuda de un capitán de barco. Con la “suerte” de que a los 11 años le da la embolia y se le mete en la cabeza que tiene que enrolarse en un barco como grumete y tirar, por ejemplo, a la India.

Obviamente, siendo tan pequeño este tejemaneje no le salió muy allá porque su padre lo pilló y lo debió de coger por la oreja y pa casa.

Algo no iba muy allá en esa cabecita cuando está obsesionado por viajar (que yo ahí la verdad que lo entiendo) y también le vuelve loquito su prima [¿En serio Julio?].

Dejando a un lado las excentricidades, su padre quiere que siga sus pasos y que estudie Derecho y lo ejerza. No estoy haciendo ningún spoiler cuando digo que el buen hombre no logró meter al hijo en vereda.

Sí que es cierto que nuestro querido J.V. se licencia en Derecho pero prefiere, y con mucho acierto y suerte para nosotros, dedicarse a la escritura.

En este proceso de selección de profesión, J.V. se nos vuelve bohemio y, al ir a estudiar a París, acentúa esa tendencia, además del arte de la escritura.

Después de licenciarse contrae matrimonio y se le acaba el chollo de la vida bohemia. Tiene que empezar a trabajar en serio para sacarse las castañas y, después de ser agente de bolsa, logra hacerse un hueco en el mundo de los viajes y la escritura, sus dos vocaciones.

Como yo no me quedo a gusto sin contar alguna excentricidad más de este hombre, añado que J.V. se hizo con 3 yates a lo largo de su vida y a todos los bautizó con el mismo nombre: San Miguel. La elección de este nombre no es aleatoria, sino que se debe a que el único hijo que tuvo se llamaba así.

Ahora ya sí que dejo su vida a un lado y me centro en su obra, que es por lo que lo recordamos hoy en día.

Al nacer en el siglo XIX en Nantes (Francia), podemos pensar que su escritura es de estilo romántico, realista o naturalista. Sin embargo, no es ninguno de los tres y, por otra parte, presenta los tres estilos a la vez.

¿Cómo se come esto?

Pues que es el padre de la ciencia-ficción.

En su obra destaca principalmente la temática de aventuras. Dentro de sus narraciones, encontramos influencias de los estilos mencionados y también de los ilustrados, puesto que es lo que estudia en su formación.

Se puede contemplar una progresión en su obra, siendo el principio de sus creaciones mucho más optimista que lo que le sigue. A medida que va consiguiendo bagaje profesional, logra una gran pericia al guardar documentación, de manera que se crea un sistema de fichas donde registra los nombres de flores, insectos o árboles de la regiones más dispares de mundo y con un altísimo grado de exactitud. [Esto a mí me parece otra excentricidad, aunque he de decir que yo colecciono marcapáginas, que también son papeles en forma de ficha, ¿no? XD].

Necesito otra excentricidad más. Ahí va.

Tiene un sobrino un tanto desequilibrado que se llamaba Gastón. Y con ese nombre la balanza únicamente se puede inclinar hacia el drama. El demente Gastón le dispara dos balazos a J.V. dejándolo cojo de por vida.

Finalmente, J.V. muere en Amiens en 1905 hecho un cuadro, cataratas, medio sordo y diabético.

Es enterrado en la propia Amiens porque allí decide establecer su residencia después de tanto viajar por el mundo. De hecho, es concejal de la ciudad durante 15 años.

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Una vez que fallece, lo entierran en el Cimetière de la Madeleine y, [¡atención excentricidad!], le hacen una máscara mortuoria para crear más tarde un monumento e inmortalizar su figura.

De esta tarea se encarga el escultor Albert Roze y crea un J.V. que emerge cual zombie de su tumba deshaciéndose de las mortajas y rompiendo la lápida con la mano y el brazo estirados hacia el cielo que está tocando la luz celestial… BLA, BLA, BLA.

Ilusas de nosotras, habíamos visto que su tumba era preciosa, así que fuimos al Cementerio de la Magdalena y nos dispusimos a encontrarlo.

Después de echar la vida en el cementerio buscando la tumba, nos la encontramos tapada por una lona para que no se estropeara con las inclemencias meteorológicas.

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Así que con esto y un bizcocho, nos fuimos como llegamos.

¡Hasta la próxima!