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12 passages top de París

Cualquiera que se imagine una gran ciudad es consciente de la cantidad de recovecos y escondrijos que esta puede albergar.

En honor a la gran tierra de quesos que es Francia, podemos pensar en París como un gran queso gruyere. Su subsuelo se encuentra lleno de túneles que hacen una de las delicias de la ciudad: el metro, las catacumbas, el alcantarillado… Sin embargo, en el post de hoy no vamos a ahondar bajo tierra, sino que nos vamos a quedar a nivel del suelo y vamos a pasear entre las diferentes calles cubiertas, es decir, los passages parisinos, cuyas estructuras semejan galerías subterráneas pero con mucha más luz al no estar bajo tierra.

Nosotros vamos a descubrir doce passages y galerías cuyas entrañas se componen de restaurantes, museos, tiendas, salones de té, teatros… Y de alguna que otra historia y curiosidad que os voy a contar.

París llegó a tener unos 140 passages. Con tal cantidad de túneles podéis creeros que muchas veces no hacía falta pisar la calle para ir de un sitio a otro. Es un pena que hoy en día sólo se conserven unos veinte de ellos porque la verdad que son una maravilla.

Estos son los doce passages que yo conocí en París. ¡Listos para callejear!

Passage des Panoramas, el más viejo

Es el más antiguo de estas singulares construcciones cubiertas, ya que data de 1799. Al igual que otros passages que veremos, está clasificado como monumento histórico cuyos escaparates van reflejando un momento de la historia de esta bella ciudad. Destaca como elemento cultural el Théâtre des Varietés y, si queréis descansar, son numerosos sus restaurantes y cafeterías.

Los amantes de la edición encontrarán aquí la ubicación de una de las imprentas más antiguas de París. Y para quienes curiosean en el mundo de la numismática y de la filatelia, es un lugar de referencia.

A modo de curiosidad, este passage cubierto fue el primero que se iluminó con lámparas de gas en 1816.

Ubicación: 11 boulevard Montmartre – 75002 Paris

Galerie Vivienne, la más lujosa

Muy cerca del Palais Royal encontramos esta galería que forma parte del grupo de passages relacionados con la alta sociedad parisina. Se construye en 1823 y, desde 1978, es declarado monumento histórico. Respaldando su categoría podemos observar que se encuentra decorado con gran esmero, paredes de madera, suelo de azulejo y mosaicos, cristaleras y techos de cristal…, todo ello ideado bajo el conocido estilo imperio.

Para los amantes de los libros es una parada obligada debido a sus librerías de viejo y quienes aprecian el buen vino también van a disfrutar del paseo por esta galería.

Como curiosidad, Jean Paul Gaultier abrió su primera tienda en este fabuloso passage.

Ubicación: 4 rue des Petits-Champs – 75002 Paris

Passage Jouffroy, el más transitado

Este paseo se yergue en el podio de los más frecuentados de la Ciudad de las Luces. Ello probablemente se deba a que en él se encuentran el famoso museo de cera, Musée Grévin, el Salón de los Espejos, hoy en día cervecería, el salón de té Valentin o el gran Hôtel Chopin, entre otros afamados locales.

Quienes aprecien el arte oriental y les gusten las figuras de cera van a aprovechar mucho la caminata por esta galería.

Como dato curioso, se trata de uno de los passages más tardíos en construirse, en 1846, y el primero en disponer de calefacción central.

Ubicación: 10-12 boulevard Montmartre – 75009 Paris

Passage du Grand Cerf, el más alto

Aunque no es un passage tan lujoso como los comentados anteriormente, su estructura en hierro forjado de 12 metros de alto hace las delicias de sus intrépidos paseantes. Pertenece al grupo de passages situados en uno de los barrios más populares de París, cerca de la rue de Saint Denis.

A lo largo de sus 117 metros de largo por 3 metros de ancho, la luz nos llega a través de un precioso techo acristalado cuya gran altura es lograda gracias al entramado de hierro que comentábamos hace un momento.

El origen de su nombre se debe a que esta galería se construye sobre el antiguo Hôtel du Grand Cerf (Hotel del Gran Ciervo). De hecho, en algunos de sus puntos vemos la alusión a su nombre en distintas figuras de ciervos.

Muy curioso es que, desde el año 2016, una veintena de sus comerciantes aceptan los pagos de las compras en bitcoins.

Ubicación: 145 rue Saint-Denis – 75002 Paris

Passage Verdeau, el más luminoso

El nombre de este passage hace referencia a su promotor, Verdeau. Viene caracterizado porque sus galerías suponen la continuación de los ya mencionados Passages des Panoramas y de Jouffroy.

Situado en el Quartier des Grands Boulevards, su techo acristalado presenta forma de pez. Esta curiosa cúpula pasa a ser la más luminosa de todos los passages debido a la gran cantidad de luz que deja pasar. Si miramos para abajo, el suelo que pisamos es el original, de 1847.

Los que tengan debilidad por los objetos antiguos y el coleccionismo se pueden hacer con un buen botín en sus tiendas. Y, como yo, los amantes del chocolate pueden deleitar su paladar en la chocolatería más antigua de París, À la mère de famille, abierta en 1761.

La curiosidad que os cuento de este passage es acerca de su promotor, monsieur Verdeau, quien fue el inventor del sistema de alquiler de ropa y textiles para hoteles y apartamentos turísticos.

Ubicación: 6 rue de la Grange-Batelière – 75003 Paris

Passage des Princes, el último en ser construido

Su nombre inicial fue Passage Mirès, sin embargo su nombre resulta modificado al emplazarse sobre el antiguo Hôtel des Princes et de l’Europe. Durante la época haussmanniana es el último passage edificado, siendo su fecha de construcción en 1860. Su historia presenta algún que otro altibajo, pues fue destruido en 1985 para, finalmente, ser reconstruido a semejanza del original en 1995. Entre los elementos reutilizados del passage original, se encuentra una hermosa cúpula de vidrio decorada de rosas que data de 1930.

Los fanáticos del mundo de los juguetes, del modelismo y de los videojuegos van a pasarlo como niños visitando todas sus jugueterías.

La curiosidad que quiero señalar de este passage viene de la mano de una galería de arte llamada La vie moderne. En este local fundado por Georges Charpentier, fue el lugar donde expusieron la mayoría de los artistas impresionistas allá por el siglo XIX.

Ubicación: 5 boulevard des Italiens – 75002 Paris

Passage Choiseul, el más largo

Su recorrido de 190 metros hace que se sitúe como el passage más largo de París. Desde 1974 ostenta el título de monumento histórico, cuyo nombre viene de Étienne-François de Choiseul-Beaupré-Stainville, ministro de Guerra y de Asuntos Extranjeros bajo el reinado de Luis XV.

Sus arcadas y pilastras parten del nivel del suelo, siendo la planta baja la dedicada a los comercios y las plantas primera y segunda poseen un carácter residencial. Las vidrieras que presenta son de 1907 y, gracias a un gran proyecto de restauración que duró desde el 2012 hasta el 2019, podemos apreciarlas en todo su esplendor. También restauraron el suelo, la iluminación y los toldos iniciales y finales del passage. A mí me tocó conocerlo en plenas obras, una pena porque fijo que es precioso.

Como curiosidad, en la década de los 70 el diseñador de moda Kenzo instala en esta galería una de sus tiendas, acto que supone un aumento de las visitas en este lugar. O Alphonse Lemerre tiene aquí su boutique, donde se erige como el primer editor en Francia de los poetas parnasianos en la segunda mitad del XIX.

Ubicación: 40 rue des Petits Champs – 75002 Paris

Passage des Deux Pavillons, el más pequeño

Fue abierto hacia 1820 y en 1986 es nombrado monumento histórico. Sus 33 metros de largo y sus poco más de dos metros de ancho le hacen portar el noble título del passage cubierto más pequeño de París.

A quienes les guste lo chic, no pueden dejar de visitar sus glamurosos locales.

Entre los passages parisinos surgen rivalidades. En este caso resulta muy curioso que se vuelven archienemigos el Passage des Deux Pavillons y la Galerie Vivienne, ya que ambos desean tener la mayor afluencia posible de transeúntes y así granjearse buenas ganancias con las ventas y el comercio. Finalmente, monsieur Marchoux compra este passage y modifica su trazado para hacerlo desembocar en la Galerie Vivienne, unificando así los dos focos de actividad comercial y eliminando la rivalidad.

Ubicación: 5 Rue des Petits Champs – 75001 Paris

Passage du Bourg l’Abbé, el incendiado

Bourg l’Abbé es el nombre de un burgo que dependía de la abadía de Saint Martin des Champs.

Del lado de la rue de Palestro, dos cariátides custodian su entrada como alegoría de la Industria y del Comercio. Respecto a su extensión, no se trata de la original, ya que le son amputados varios metros debido a la creación de las calles de Palestro y del Boulevard Sébastopol, conservando sus actuales 47 metros. Este largo lo encontramos ocupado por almacenes, así que no es de gran atractivo turístico que digamos.

Por otra parte, varios de los elementos que configuran este discreto passage están incluidos en el Inventario de Monumentos Históricos, como lo es su suelo, sus vidrieras y sus fachadas. En los años 90 esta galería sufre un devastador incendio tras el cual, es restaurada.

Como curiosidad, es creado a imagen y semejanza del desaparecido Passage de Saucède.

Ubicación: 120 rue Saint-Denis; 3 rue de Palestro – 75002 Paris

Galerie des Varietés, la más folclórica

Su nombre procede del teatro que alberga, Théâtre des Varietés, el cual conserva del edificio original su fachada y el vestíbulo de la entrada, que son de 1789 (año de la Revolución Francesa). Desde hace dos siglos, este teatro anima el tránsito de las gentes que acuden al passage. Además, el passage también contenía una tienda en él, la famosa imprenta Graveur Stern, el de los grabados, que hoy en día es el llamado Caffé Stern y que hace esquina con el Passage des Panoramas.

Como curiosidad, el teatro que alberga es creado por una mujer, mademoiselle Montansier o Marguerite Brunet, a la cual algunos tachaban de bruja.

Ubicación: 38 rue Vivienne; 28 Galerie Saint-Marc – 75002 Paris

Galerie Saint Marc, del que casi no hay información

Fue abierto en 1834 bajo el nombre de Saint Marc debido a su propietario, el señor de Saint Marc, quien también da nombre a una calle además de al passage. Este hombre fue regidor de París en los años de 1599.

Al igual que la mayoría de los passages parisinos, se encuentra en el 2º arrondissement. Este discreto passage linda con el famoso des Panoramas, haciendo del interior del recorrido de estos paseos todo un laberinto de calles cubiertas.

A modo de curiosidad, antes dijimos que toma el nombre del señor de Saint Marc, pero es que este hombre se llamaba Louis Vivien y es su apellido el que da nombre a la Galerie Vivienne. Así que al menos dos de los passages llevan su santo y seña.

Ubicación: 8 rue Saint-Marc; 23 Galerie des Varietés – 75002 Paris

Passage Potier, el primero en abrir

En cambio, a diferencia del anterior, el Passage Potier se ubica en el 1º arrondissement, ya que la mayoría de estas calles cubiertas las podemos encontrar entre los distritos primero y segundo.

Es un passage privado aunque lo abren al público. Es creado en 1785, así que es la primera galería en abrirse debido a la comodidad de acceso hacia los Jardines del Palais Royal. Habíamos dicho que el más antiguo era el Passage des Panoramas, pero es que este no estaba cubierto. De hecho, hoy en día todavía mantiene una parte sin techar.

A pesar de que su nombre original fue Beauvillers, adquiere el nombre de Passage Potier en honor a un capitán de la Armada convertido en el comediante más célebre de principios del siglo XIX parisino, Charles Gabriel Potier.

Os señalo algunos personajes curiosos del XVIII y XIX que habitaron en este passage, la ministra de moda de la reina María Antonieta, Rose Bertin. O el inventor del primer restaurante gastronómico, Antoine Beauvillers.

Ubicación: 23 rue Montpensier; 26 rue de Richelieu – 75001 Paris

Por último, quiero cerrar esta publicación dedicada a los passages parisinos que conocí con un pequeño extracto de “El otro cielo” en Todos los fuegos el fuego (1966) de Cortázar:

“Me gustaba echar a andar sin rumbo fijo, sabiendo que en cualquier momento entraría en la zona de las galerías cubiertas, donde cualquier sórdida botica polvorienta me atraía más que los escaparates tendidos a la insolencia de las calles abiertas”

Las campanas más antiguas de París: Saint Séverin

La Iglesia de Saint Séverin es una de las iglesias más antiguas de París. Hacia el año 1230 es construida y, a medida que el barrio en que se inserta se va haciendo más importante, son numerosas las ampliaciones que experimenta hasta ya entrado el siglo XV. Estas múltiples adiciones explican su mezcla de estilos arquitectónicos, gótico del siglo XIII y gótico flamígero del XV.

En lo alto de su torre de cuatro paños se encuentra uno de los relojes más viejos de París. La aguja cubierta de pizarra alberga la campana del reloj, cuyo tañido marca las horas en esta zona de la ciudad desde su creación en 1412. Es decir, que estamos ante las campanas más viejas de la ciudad.

Por otra parte, habíamos comentado que esta iglesia presentaba el estilo flamígero. No es moco de pavo lo que alberga de este estilo artístico, puesto que podemos contemplar en esta iglesia el máximo esplendor de este momento arquitectónico. Riqueza de motivos vegetales, doble columnata en el coro y en el deambulatorio (señal de una vida intensa y atareada dentro de este templo), las nervaduras de columnas y bóvedas en forma de palmera, un ábside de cinco paños… hacen de esta iglesia un buen ejemplo de lo que es el gótico flamígero. (Es una pena que sólo encuentre foto de la parte posterior y encima desde fuera, porque recuerdo haber entrado dos veces en ella y no encuentro ninguna foto de esos momentos)

Lo que más llama la atención es que no tiene crucero y que su pilar principal es como un ramillete de nervaduras en forma de palmera que irradian de un tronco cuyo anillo asciende en espiral. No menciono sus vidrieras a pesar de la importancia de estas en el gótico porque las de la iglesia de Saint Séverin fueron guardadas durante la Primera Guerra Mundial y las que hay ahora son modernas.

Cambiando de tercio, el nombre de Saint Séverin le viene porque allá por el siglo VI existió un hombre que destacó por su devoción y su fe a la hora de orar. Más tarde, se une a este singular peregrino el príncipe merovingio Clotaldo. El lugar a donde acudía este hombre a rezar es donde manda erigir un pequeño templo el susodicho Clotaldo. Y, como es sabido por todos, Séverin significa “el Solitario”, al igual que este curioso peregrino.

Durante las invasiones vikingas acaecidas en París entre los siglos IX y X, Saint Séverin fue destruida. Sin embargo, entre el XI y el XV fueron reconstruyéndola poco a poco.

Una de las tradiciones que encontramos ligadas a esta iglesia es que, al principio y al final de un viaje, ha de visitarse este templo y hay que encomendarse a Saint Martin.

Os recuerdo que tengo varias entradas dedicadas a los más viejos de París o a los primeros y últimos de París como:
La primera catedral de París
La iglesia más vieja de París: Saint Julien le Pauvre
El árbol más viejo de París
Último claustro medieval de París: Cloître des Billettes

Último claustro medieval de París: Cloître des Billettes

Le Cloître des Billettes o Claustro de las Molduras o Vigas… Ñie… Vamos a dejarnos de traducciones chungueles y literales al español…

La leyenda de este edificio del Marais data de 1290. Año en que, por el Día de Pascua, el judío Jonathas profana una hostia sagrada tirándola a una marmita. De este despectivo gesto resulta que la hostia comienza a emanar sangre.

Tras los hechos descritos, la casa del judío comienza a llamarse la Maison du Miracle (la Casa del Milagro). En consecuencia, se convierte en un lugar de peregrinaje durante la Edad Media.

En 1299 el rey Felipe el Hermoso hace llamar a los hermanos hospitalarios de la Caridad de Notre Dame para asegurar los servicios religiosos de la capilla.

En el siglo XV esta comunidad de religiosos, también llamada “les Billettes”, reconstruye la iglesia, anexa un cementerio y añade el claustro que vemos hoy en día.

A principios del XIX, la iglesia pasa al culto luterano y es restaurada para, finalmente, ser convertida en escuela.

Su claustro medieval es el único que se conserva hoy en día en París. Además, se encuentra clasificado como patrimonio histórico de la Ville de Paris. Actualmente, es utilizado para celebrar diversas exposiciones de jóvenes artistas.

Cuando yo descubrí este rinconcito de París tan poco conocido, estaba dando un paseo por el Marais, concretamente por la rue des Archives. (Aunque volví a asomar otra vez unos meses más tarde)

Me llamaron la atención sus grandes puertas de madera y entré temerosa de estar accediendo a una propiedad privada. Quien haya estado en París ya sabe que gran cantidad de portales tienen unas majestuosas puertas bien ornamentadas que dan a unos patios de ensueño y privados.

Lo que encontré dentro fue una exposición de mobiliario artesanal del Himalaya. Zohra y Martial Henry se dedicaron a recuperar piezas abandonadas por los habitantes de Pakistán y Afganistán con el fin de darles una segunda vida. Para ello las limpiaron y restauraron, siendo finalmente expuestas en numerosos sitios como en este claustro.

¿Conocíais este rincón parisino?
¿Os recuerda a algún otro claustro?

Edad Media en París: Collège des Bernardins

En su día, años ha, había comenzado a contaros diferentes cosas sobre el París medieval al que me fui acercando cuando vivía allí. Hasta el momento, os compartí sobre el medievo parisino lo siguiente:

Hoy me apetece hablaros de un convento muy bonito en el Barrio Latino, le Quartier Latin, le Collège des Bernardins.

Fui a parar a su refectorio un día de invierno con bastante frío. Y he de decir que ahora que tengo pa comparar tres tipos de frío, el de Asturias, el de Cuenca y el de París, para mí el más dañino, el de Asturias, el más jodido, el de París y el más llevable, el de Cuenca. Ahí queda eso.

Al lío. Me llamó la atención lo limpio y lo bien mantenido que estaba, además de su bonito árbol de Navidad. Cinco años de restauración dan lugar a lo que hoy podemos disfrutar. Sólo se podía ver el propio refectorio y una sala que lo continuaba con unos audiovisuales. Está dividido ese refectorio en tres naves de bóveda apuntada que constituyen una sala de estilo gótico.

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El siglo XIII alberga una revolución intelectual en Europa. El saber va saliendo del ámbito eclesiástico y toma poco a poco fuerza en las universidades.

El Papa Inocencio IV saca una bula papal que anima a los cistercienses ir a estudiar a París. Era la “moda” entre los dominicos y franciscanos, así que ellos no se podían quedar atrás.

El Collège des Bernardins se concibe como lugar de estudio y de formación para los monjes cirstencienses en pleno siglo XIII. Y así será durante cuatro siglos más, concretamente, hasta la Revolución.

Debido a lo que pudiera pasar y por si las moscas, tanto alumnos como religiosos abandonan el lugar en 1791.

El convento se transforma a lo largo de los años en prisión, almacén y también fue, brevemente, Colegio para los Hermanos de las Escuelas Cristianas, para finalmente ser un cuartel de bomberos y un internado para la Escuela de Policía. Ya vemos que fue muy polivalente el lugar.

Por último, en nuestros días, vuelve a ser propiedad de la ciudad de París y se concibe como un proyecto cultural que alberga todo tipo de acciones que lo configuran como un lugar de búsqueda e investigación para la Iglesia y la sociedad.

Para ir acabando, sólo quiero reflejar que ante la apariencia de estar ante un lugar que siempre ha mantenido un ambiente de estudio, formación, culto y demás actividades tranquilas, también ha sido testigo de uno de los episodios más crueles de la historia parisina.

Me refiero a la Semana Sangrienta de mayo de 1871, semana durante la que se desarrolla la etapa final de la Comuna de París y en la que esta es anulada y sus miembros ejecutados en masa.

Multitud de personas van a refugiarse al Collège des Bernardins y viven auténticos momentos de temor ante lo que estaba sucediendo en las calles de París.

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Quedamos con un poco de mal sabor de boca con esta publicación, pero no os preocupéis que enseguida escribo otra para restar fuerza a este mal episodio.