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Tesoros de la Edad Media francesa

 

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Me encanta la Edad Media y no podía pasar sin haber visitado el Museo de la Edad Media de París y sin tener un libro que cuente un poquito cómo se desarrolló la Edad Media francesa.
Este libro está orientado a enfocar desde una visión didáctica la evolución acontecida en el territorio francés, desde final de la Edad Antigua hasta el Renacimiento. Para ello nos cuenta la transformación gradual de la Edad Media francesa en diferentes planos culturales.
En el plano artístico vemos la evolución del arte románico hacia el arte gótico a través de diferentes obras como son diferentes edificios, libros, ilustraciones, vidrieras, tapices, joyas, pinturas, esculturas…
También cuenta el desarrollo de la sociedad feudal durante los diez siglos que dura la Edad Media. Nos habla de la nobleza, de la iglesia y de los campesinos.
Además, Carlomagno se presenta como una personalidad clave en todo este proceso de cambio gracias al impulso que dio a los manuscritos (portadores de cultura y conocimiento) y a la evolución de la letra carolingia.

Finalmente, la visión del mundo se focaliza sobre la figura humana y entramos de lleno en el periodo renacentista. Para poder visualizar claramente este paso,podemos fijarnos en la Dama del Unicornio; serie de tapices que tuve la oportunidad de ver de primera mano en el Museo Cluny de París y que me maravillaron. Os dejo un par de fotos de cuando estuve allí.

Recomiendo la lectura de este pequeño libro puesto que la historia medieval de Francia se vuelve muy amena con sus diversas y abundantes ilustraciones y se encuentran muy bien esquematizados los conocimientos clave para comprender fácilmente la Edad Media en Francia.

Título: Trésors du Moyen Age.

Autor: Caroline Desnoëttes.

Editorial: Réunion des Musées Nationaux.

Género: cultural, didáctico.

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En invierno hay que forrar

En invierno hay que forrar y de toda la vida has de engordar.

En esta época tan fría del año no se puede andar escatimando en comida y hay que cuidarnos muy mucho de coger catarros. Así que para mantener las defensas firmes yo he comido todos estos platos riquísimos.

Espero daros alguna idea para cocinar con estos platos de noviembre.

¡Qué aproveche!

En Arpajon hay un sitio especializado en crepes que, como no podía ser de otra manera, se llama La crêperie. Su comida es bretona, mucho crêpe salado y la decoración del lugar también es de la Bretaña. Eso sí, la música debía de ser la radio latina, porque tenían reggaeton en español sin parar.

Tenían anunciada su sidra por todo lo alto, se puede apreciar en la foto. Así que como buenos asturianos nos lanzamos a probar la sidra de Val de Rance y la verdad que estaba muy buena. Era muy suave y sabía muy bien. Lo único que se me hizo raro durante todo el rato fue ¡beberla en taza!

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Sidra bretona Val de Rance

Comimos todos los crepes como pepones, nos pusimos las botas. Estaba todo delicioso, os podéis hacer una idea por las fotos, je, je, je. La primera vez que comí un crepe salado no me gustó nada, pero he de decir que mi paimpol estaba buenísimo.

La carta era muy original, os la dejo en las imágenes. Los crepes salados tenían los nombres de diferentes ciudades: Saint Malo, Brest, Morlaix… Y los crepes dulces tenían nombres de grandes caballeros y grandes damas de las historias del ciclo artúrico: Lancelot, Arturo, Merlín el Encantador, Morgana…

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Lo único que tenéis que hacer si os apetece ir a comer a La crêperie es ir con buen apetito y reservar con antelación. ¡Que no se os olvide!

Vamos a dejar un poco de lado la comida de restaurante y nos pasamos al arte culinario en casa. Como me sobraron unos champiñones que ya no daban más de sí y tenía un poco de pollo en el congelador que no sabía qué hacer con él, se me ocurrió guisarlo. Y ahí le metí ajo, cebolla, aceite, avecrem, los champiñones, zanahorias, patatas y el propio pollo. Y la verdad que no esperaba que supiera tan sumamente bien. Está mal decirlo, pero me sorprendí a mí misma.

Estas cosas que sólo haces cuando hay algo de oferta es comprar cosas que no tienes ni idea de lo que son. Y yo compré unos ñoquis. No tenía de ni la más repajolera idea de lo que eran, pero por si alguien no lo sabe, vienen a ser una especie de patatas cocidas que parecen bolitas de pan de miga. Los mezclé con salsa de queso azul y quedaron sublimes.

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Y otra de las cosas que todos hacemos, aunque no lo queramos reconocer, es aprovechar las cosas que sabemos que no vamos a comer para reinventar platos. En mi caso sabía a ciencia cierta que no iba a comer una manzana que ya había comprado hacía un tiempo. Así que a la manzana le sumas unas grosellas y una frambuesa y te sale un pastel de manzana todo decorado. Muy orgullosa de mi creación.

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En el colegio, los profesores, todos los miércoles hacemos desayuno en el recreo. Tenemos una lista con las fechas de todos los miércoles del curso y el día en que te apuntes tienes que llevar algo para desayunar. Así que yo llevé algo muy español, tortilla de patata, y algo muy asturiano, frixuelos. Todo muy rico.

Este mes tocó ir de viaje a Reims y a Metz. Nos encantaron las dos ciudades y comiqueamos diferentes manjares para el paladar.

La primera parada que hicimos en Metz fue en el establecimiento Bar Saint Jacques. Comimos una tartiflette, unas galettes y una baguette flam‘. Y super económico, la verdad.

La siguiente parada fue para merendar y fuimos a la crepería Le Saint Malo. Debía de tener muy buena fama porque estaba abarrotada y la verdad que los crepes no pudieron ser mejores. Pedimos uno de especulos, otro de nutela y chantilly y otro de chocolate y chantilly. Chantilly viene a ser lo que llamamos de toda la vida nata montada para postres.

Coincidimos con el mercadillo de Navidad de Metz y como no podía ser de otra manera teníamos que hacernos con algo típico del lugar. Entonces en uno de los puestecillos dimos con los famosos bretzels. En mala hora los cogimos… Para hacernos una idea, tienen el tamaño de palmeras de chocolate grandes, la masa viene a ser de brioche y tiene unos tolondrones de sal bastante curiosos. La masa estaba a medio hacer, estaban como morrillos, y la sal sabía a rayos. Y a mí me encanta la sal. Me sentaron como una piedra, nunca más. Pa quien los quiera. Pero bueno, ya puedo decir que he comido, o intentado comer, un bretzel.

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Sesión cervecera en la cervecería Les berthom. Ambiente inmejorable, música genial para poder pasar el rato, charlar y disfrutar de la cerveza y de la genial decoración del bar. Nos tomamos unas cuantas pressions que eran la Chouffe especial de Navidad (muy buena), la Maredsous (mejor imposible) y la Vedett (no me gustó nada, yo soy más de tostada).

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Como todo sábado típico de cualquier ciudad, hay que acabar la noche con un poco de comida rápida. Y esta vez les tocó a las patatas asadas formar parte de nuestro gran imaginario culinario. Pedimos una de jamón y queso, por el tema de no arriesgar, y una Lorraine. Esta última venía a ser una patata hecha con ingredientes típicos de la zona, o a la manera de la zona o a algo de la zona (zona, zona xD), porque no me quedó claro. Lo que quedó claro fue el recipiente, porque no dejamos ni una miguita.

Cambiamos de ciudad y nos vamos hasta Reims. Para quien no lo sepa (yo no lo sabía) el champán es típico de esta región. Así que nos vimos obligadas a probarlo, no nos quedó otra. Un ojo de la cara en Le lion de Belfort nuestra copita de champán (8€ de copita por cabeza, porque no era copaza era copita, pero hay que reconocer que estaba bueno).

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Ya sólo por el precio la foto del champán merece estar sola. A continuación os dejo las otras cositas que comimos. No me acuerdo de cómo se llaman pero eran espaguetis con una bola de carne muy rica y con una salsa buenísima. Y de postre mousse de chocolate y vainilla caramelizada.

Si alguno de los que me está leyendo nos sigue, recordaréis que hicimos una buena cosecha de calabazas del huerto. Así que como no podía ser de otra manera hice puré con nuestras propias calabazas. Y quedó buenísimo. Eso sí, de una sola calabaza ya podemos sobrevivir durante todo el invierno, ¡porque madre mía menudo bicho!

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En la foto os dejo unas albóndigas en pleno proceso. Fueron de esas cosas que se cogen porque están de oferta y la verdad que me quedaron sensacionales. Se me olvidaron en el fuego y algunas de las patatas quedaron con un requemado de la cebolla ¡que sabía a gloria! Tienen que olvidárseme más veces las cosas en el fogón… Ja, ja, ja.

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En los tres meses que llevo aquí todavía no había comido una pizza. Me estaba currando mi comidita. Pero un día llegó la vagancia y no se fue. Así que no quedó otra y hubo pizza con queso de cabra pa comer.

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Ahí donde los veis, me costó la vida encontrar unos garbanzos, pois chiche. No existían en ningún supermercado. ¡En la Galia no hay garbanzos! ¡Y a mí me encantan los garbanzos! En consecuencia, cada vez que voy a un supermercado paso la vida en la sección de legumbres por si alguien ha pensado en mí y ha traído un porte con garbanzos. ¡¡¡¡¡¡Y eso sucedió el otro día!!!!!! Así que aquí os dejo, toda orgullosa, mis primeros garbanzos. Riquísimos.garbanzos

Para cerrar esta entrada, y para cerrar el mes de comidita de noviembre, nos dejamos caer por el Buffalo Grill. Era un lugar de obligada parada porque siempre que cogemos el coche lo vemos desde la autopista con sus luces rojas y fluorescentes. Así que teníamos que cumplir con la llamada y era obligatorio ir a conocer y degustar el lugar. Nos jartamos a hamburgesa de bacon y la salsa de roquefort estaba de toma pan y moja (o más bien de toma patata y moja). La carne espectacular. Supongo que a lo largo de este año acabaremos repitiendo.

Y hasta aquí muchas de las cosas que nos hemos metido entre pecho y espalda durante este mes de noviembre.

Espero haberos dado alguna que otra idea para comer esta semana y espero veros muy pronto por aquí otra vez.

¡Hasta luego!

Ser profesor es mucho más que una profesión

Para aquellos que no lo sepáis, estoy viviendo toda una experiencia en Francia al haber conseguido trabajo como profesora de español para extranjeros en un colegio de alumnos equivalentes a nuestro 6º de Primaria y nuestro 3º de la ESO.

Estoy aprendiendo muchísimo de esta profesión. Y creo que se tiene super infravalorados a los profesores.

“Ah, que eres profesor. ¡Vaya vacaciones que te pegas eh majo…!” Es la frase por excelencia que tenemos que escuchar. También tenemos la variante de “no os quejéis tanto, que son sólo niños y luego tenéis muchas vacaciones”.

Para quien no lo sepa, o no quiera darse cuenta, ser profesor es mucho más que ponerse delante de unos niños, recitar la lección y marchar.

Ser profesor es mucho más que tener vacaciones abundantes y los fines de semana sin tener que ir a dar clase.

Ser profesor es mucho más que dar una lección y mandar un par de deberes.

Ser profesor es mucho más que preparar los materiales que se van a ver en clase.

Ser profesor es mucho más que ser la persona que está con tus hijos cuando no tienes dónde dejarlos.

Ser profesor es mucho más que esa persona que pone notas a los deberes y exámenes de tu hijo.

Ser profesor es mucho más que esa persona que le da una regañina a tu hijo por haberse comportado mal en clase, porque sí, su hijo se porta mal en clase…

Ser profesor es mucho más que corregir exámenes y pasar página.

Ser profesor es mucho más de lo que piensas…

Ser profesor es preocuparte por ellos. Saber cuándo están mal y querer ayudarlos a salir del trago.

Ser profesor es pensar en cuál es la manera correcta de dar una lección para que tus 30 alumnos, todos con unas capacidades diferentes, puedan asimilar y comprender el tema.

Ser profesor es ver en cada canción de la radio, cartel publicitario, folleto, libro, vídeo del Facebook o foto de Instagram un nuevo material para usar en clase.

Ser profesor muchas veces es querer y no poder porque ves que tus alumnos no se involucran lo suficiente.

Ser profesor es querer que tus alumnos den lo mejor de sí mismos y que saquen lo máximo que llevan dentro.

Ser profesor es saber cómo explotar al máximo y buscar cómo sacar el mayor rendimiento a cada uno de ellos, porque todos ellos son iguales, pero al mismo tiempo son únicos, irrepetibles e incomparables.

Ser profesor es acabar buscando un hueco para poder hablar con ellos de tú a tú.

Ser profesor es preocuparte por tus modales y tu forma de vestir porque sabes que eres un ejemplo para ellos y que te debes de comportar como alguien a quien seguir, y para ello intentas no tener ni un solo fallo.

Ser profesor es pasar los fines de semana preparando la siguiente lección y adecuándola a cada nivel, incluso a veces, a cada alumno.

Ser profesor es romperte la cabeza para sacar lo mejor de ese niño que tiene una situación difícil detrás, que tiene potencial, pero que la realidad lo está consumiendo.

Ser profesor es corregir un examen, sumar todos los puntos antes de calificar el último ejercicio, y puntuar ese último ejercicio de manera que pueda aprobar. Porque sí. Porque ahora me doy cuenta de que muchos de mis 5 son profesores que quisieron tirar de mí.

Ser profesor es dudar entre dejar el suspenso que ha sacado el alumno o ponerle un aprobado raspado por no saber qué es lo que más va a motivarlo para seguir trabajando, si el aprobado por los pelos para poder tener más margen la siguiente vez o el suspenso para la próxima vez aprobar.

Ser profesor es bregar con padres ultraprotectores, padres que no quieren ver la realidad, padres que se creen las agendas de sus hijos, padres que no les dan la autonomía necesaria para el desarrollo adecuado a su edad…

Ser profesor es tratar con padres desagradecidos con nuestra labor por haber reñido un día a su hijo charlatán, o como dicen aquí en Francia, perturbador de la clase.

Ser profesor es tratar muchas veces con padres responsables y comprensivos que te dan todo su apoyo a la hora de sacar adelante al alumno/hijo.

Ser profesor es trabajar “muy poco” en cuanto a jornada laboral, pero os aseguro que muchísimos de vosotros no aguantaríais una hora teniendo que adaptar vuestros conocimientos a una horda de adolescentes hormonados con ganas de hacer el tonto.

Ser profesor es estar supuestamente una hora con cada grupo, pero el trabajo que hay detrás relacionado con ese grupo…, os aseguro que muchas veces sobrepasa la jornada de 8 horas.

Ser profesor es verlos sentados e imaginar cómo y qué serán de mayores.

Ser profesor es desear día tras día que tengan éxito en su vida.

Ser profesor es querer sacar lo mejor de ellos mismos y esperar que todo lo que aprenden en clase les sirva en alguna situación en el futuro.

Ser profesor es querer darles las bases para que luego se puedan desenvolver en la vida, darles las bases para que nadie los engañe y puedan pensar con total autonomía y de manera clara, sin coacciones.

Ser profesor es mucho más que una profesión.

Ser profesor es ser persona

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Intento traducir este poema de Janusz Korczak. “Usted dice: Cansa codearse con los niños. Usted tiene razón. Usted añade: Porque hay que agacharse, inclinarse, curvarse, hacerse pequeño. Llegados a este punto usted se equivoca. No es todo eso lo que más cansa, es el hecho de estar obligado a levantarse, de ponerse de puntillas hasta la altura de sus pensamientos para no herirlos.”

 

 

Biblioteca Nacional de Francia

La Biblioteca Nacional de Francia, a partir de ahora BFN, es el lugar donde se encuentra custodiado y bien cuidado todo el patrimonio bibliográfico de la Galia.

François Mitterand, presidente de la República Francesa hace ya algunos cuantos años, pidió que se construyera un recinto donde albergar toda la riqueza bibliográfica del país de forma eficiente y segura. Como resultado de dicha petición, en 1998 se construye al lado del Parque de Bercy y de las orillas del Sena la BNF.

Se trata de una biblioteca super moderna ideada por el arquitecto Dominique Perrault. Sin embargo, no le fue fácil hacerse con la responsabilidad de diseñar semejante complejo, ya que tuvo que competir contra otros 244 arquitectos. Finalmente, como ya sabemos, el más atrayente fue el de Perrault.

La BNF se encuentra dispersa entre varios edificios de la villa de París, pero yo os estoy hablando del que alberga unos 13 millones de documentos, del que se compone de cuatro altas y robustas torres que simulan cuatro libros abiertos, del que cuyo centro es un bosquecito selvático precioso.

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Podéis asomaros a este asombroso lugar en el distrito 13 de París, en la calle François-Mauriac. Y si queréis adentraros, se encuentra abierto de martes a sábado de 10h a 19h y los domingos de 13h a 19.

Yo todavía no he entrado, pero ya me he paseado varias veces por sus alrededores y es una zona muy bonita. Os dejo unas cuantas fotos que le hice. Espero que os gusten.