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Microrrelato solidario

Desde el centro comercial de Parque Pri =), Parque Principado impulsó a primeros de abril una iniciativa con la que recaudar dinero en favor del Programa Cruz Roja Responde y así tener más maniobra de actuación en esta crisis sanitaria. Los relatos enviados serían publicados en un libro digital el Día del Libro.

La temática de los microrrelatos debía de ser “Lo que aprendí esta cuarentena” y estos no habían de exceder las 100 palabras. Al igual que yo, participaron personas de todas las edades y de todas las provincias, poniendo cada uno de nosotros nuestro granito de arena. Cada microrrelato equivalía a 1€, siendo recaudados 381€ más los 1.000€ de base de la propia donación.

La verdad que hay auténticas maravillas entre sus páginas, os lo recomiendo encarecidamente. Así que os dejo el enlace donde podéis descargar el libro de microrrelatos solidarios Lo que aprendí en esta cuarentena. Una cadena solidaria de microrrelatos escrita por más de 380 personas.

En la siguiente foto os dejo el mío. La mayoría de la gente ve amor en él. Yo en lo que había pensado era en las diferentes formas de aprender a decir adiós que estamos viviendo durante este confinamiento por el coronavirus. Es decir, en la muerte. Me gustaría que cuando lo leyerais, me contarais qué os dice a vosotros este microrrelato en los comentarios.

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Un placer y hasta la próxima

Psicuriosa y Tablaturas de mis pasos

Escribe una carta a tu miedo es el tema y el formato que propuso Patri a través de su web Psicuriosa para poder ganar un ejemplar de su guía para mejorar la autoestima Quiérete bien.

Me decidí a participar y unos días después recibía el correo en el que se me hacía saber que había sido la ganadora con mi escrito.

Os cuento un poquito el contacto entre Psicuriosa y Tablaturas de mis pasos.

Cuando estaba viviendo en un pueblecito de París, Patricia y yo entramos en contacto a través de Instagram. Yo soy anti nuevas amistades en las redes y, la verdad, que me resulta muy curioso haber establecido algún que otro vínculo online. Supongo que aquí entra muy bien el dicho de no escupas pa arriba. Pero esta vez con un resultado muy positivo.

Al llevar ya varios años siguiéndonos, he visto cómo Patricia se estuvo sacando el carrerón de Psicología, cómo hizo sus prácticas y cómo le está dando ahora caña al máster. Todo ello combinado con una actividad en redes llena de contenido de calidad en su materia: la psicología.

Quienes te seguimos estamos viendo cómo tu constancia y tu sacrificio diarios están haciendo de ti una profesional de los pies a la cabeza. Así que sigue así, con todas las rectificaciones que tengas que hacer, porque es el buen camino. El camino de la constancia, la autoevaluación y el buscar las maneras de poder seguir avanzando.

Respecto al texto que escribí para participar en el concurso propuesto por Psicuriosa, pues qué decir. Que me da bastante vergüenza. El blog y las redes las tengo enfocadas a los lugares que he conocido y, si bien es cierto que alguna vez puedo poner alguna reflexión personal, nunca me he atrevido a mostrar este otro tipo de escritos que ando creando sin pantallas de por medio. Muchas veces son demasiado íntimos y es una forma de expresar lo que llevo dentro. Obviamente hay algunos que son un desastre y otros que son medianamente curiosos, con todo, el haber participado en este concurso ha sido una experiencia a la hora de mostrar públicamente la otra cara de mis textos.

Si queréis acceder al escrito, lo tenéis en el blog de Psicuriosa pinchando aquí y también os dejo más abajo esa carta a mi miedo.

No quiero que se me olvide nunca tu olor.

Ni que me falte tu risa desordenada.

Ni que se acabe el azul de tus ojos en mi recuerdo.

Quiero fotografiar cada instante, cada imagen, cada gesto.

Y me quedo en el quiero y no puedo.

Porque, extrañamente, pesa más la emoción que me creas.

Y eso es lo que me queda grabado.

La sensación cálida de tu abrazo.

La emoción y el temblar de un beso.

El placer de verte disfrutar y compartir.

La capacidad de sacarme una sonrisa en todo momento.

El sonido de tu voz o de tus gruñidos. Eso sí que lo puedo evocar con facilidad y con una gran sonrisa.

Que no se nos olvide que nos revivimos por dentro.

Que de una casualidad surgieron mil momentos de los cuales alimentarse en esto del vivir.

Y que no hay que arrepentirse de nada, pues vivir del recuerdo de algo bueno, es menos que quedarse con nada.

El miedo a perderte va a estar ahí, pero hagámoslo a un lado siempre que podamos.

 

Un placer y hasta la próxima.

La desilusión de la tumba de Julio Verne, padre de la ciencia-ficción

Como estoy leyendo Un capitán de quince años de Julio Verne, me acordé de que en nuestro viaje a Amiensno nos quisimos despedir de la ciudad sin visitar la tumba de este célebre escritor.

Al ser lo último que nos quedaba por ver de esta ciudad tan sumamente preciosa, de la que salíamos con el coche paramos en el Cimetière de la Madeleine d’Amiens.

La verdad que el cementerio era precioso. La humedad hacía que gran parte de las tumbas estuvieran cubiertas por un manto mullido de musgo y la paz que se respiraba era todo un privilegio. El ambiente era totalmente romántico y decimonónico, con un aire decadente, bohemio y bucólico digno de la mejor escena de enamorados caídos en la desgracia.

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Recordemos que Julio Verne fue un escritor francés nacido en el siglo XIX.

Su fascinación por el mundo de alta mar le viene de su madre, pues su familia materna era de adinerados navegantes.

De bien pequeño, unos 6 añitos, comienza a recibir lecciones de la viuda de un capitán de barco. Con la “suerte” de que a los 11 años le da la embolia y se le mete en la cabeza que tiene que enrolarse en un barco como grumete y tirar, por ejemplo, a la India.

Obviamente, siendo tan pequeño este tejemaneje no le salió muy allá porque su padre lo pilló y lo debió de coger por la oreja y pa casa.

Algo no iba muy allá en esa cabecita cuando está obsesionado por viajar (que yo ahí la verdad que lo entiendo) y también le vuelve loquito su prima [¿En serio Julio?].

Dejando a un lado las excentricidades, su padre quiere que siga sus pasos y que estudie Derecho y lo ejerza. No estoy haciendo ningún spoiler cuando digo que el buen hombre no logró meter al hijo en vereda.

Sí que es cierto que nuestro querido J.V. se licencia en Derecho pero prefiere, y con mucho acierto y suerte para nosotros, dedicarse a la escritura.

En este proceso de selección de profesión, J.V. se nos vuelve bohemio y, al ir a estudiar a París, acentúa esa tendencia, además del arte de la escritura.

Después de licenciarse contrae matrimonio y se le acaba el chollo de la vida bohemia. Tiene que empezar a trabajar en serio para sacarse las castañas y, después de ser agente de bolsa, logra hacerse un hueco en el mundo de los viajes y la escritura, sus dos vocaciones.

Como yo no me quedo a gusto sin contar alguna excentricidad más de este hombre, añado que J.V. se hizo con 3 yates a lo largo de su vida y a todos los bautizó con el mismo nombre: San Miguel. La elección de este nombre no es aleatoria, sino que se debe a que el único hijo que tuvo se llamaba así.

Ahora ya sí que dejo su vida a un lado y me centro en su obra, que es por lo que lo recordamos hoy en día.

Al nacer en el siglo XIX en Nantes (Francia), podemos pensar que su escritura es de estilo romántico, realista o naturalista. Sin embargo, no es ninguno de los tres y, por otra parte, presenta los tres estilos a la vez.

¿Cómo se come esto?

Pues que es el padre de la ciencia-ficción.

En su obra destaca principalmente la temática de aventuras. Dentro de sus narraciones, encontramos influencias de los estilos mencionados y también de los ilustrados, puesto que es lo que estudia en su formación.

Se puede contemplar una progresión en su obra, siendo el principio de sus creaciones mucho más optimista que lo que le sigue. A medida que va consiguiendo bagaje profesional, logra una gran pericia al guardar documentación, de manera que se crea un sistema de fichas donde registra los nombres de flores, insectos o árboles de la regiones más dispares de mundo y con un altísimo grado de exactitud. [Esto a mí me parece otra excentricidad, aunque he de decir que yo colecciono marcapáginas, que también son papeles en forma de ficha, ¿no? XD].

Necesito otra excentricidad más. Ahí va.

Tiene un sobrino un tanto desequilibrado que se llamaba Gastón. Y con ese nombre la balanza únicamente se puede inclinar hacia el drama. El demente Gastón le dispara dos balazos a J.V. dejándolo cojo de por vida.

Finalmente, J.V. muere en Amiens en 1905 hecho un cuadro, cataratas, medio sordo y diabético.

Es enterrado en la propia Amiens porque allí decide establecer su residencia después de tanto viajar por el mundo. De hecho, es concejal de la ciudad durante 15 años.

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Una vez que fallece, lo entierran en el Cimetière de la Madeleine y, [¡atención excentricidad!], le hacen una máscara mortuoria para crear más tarde un monumento e inmortalizar su figura.

De esta tarea se encarga el escultor Albert Roze y crea un J.V. que emerge cual zombie de su tumba deshaciéndose de las mortajas y rompiendo la lápida con la mano y el brazo estirados hacia el cielo que está tocando la luz celestial… BLA, BLA, BLA.

Ilusas de nosotras, habíamos visto que su tumba era preciosa, así que fuimos al Cementerio de la Magdalena y nos dispusimos a encontrarlo.

Después de echar la vida en el cementerio buscando la tumba, nos la encontramos tapada por una lona para que no se estropeara con las inclemencias meteorológicas.

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Así que con esto y un bizcocho, nos fuimos como llegamos.

¡Hasta la próxima!

Abelardo y Eloísa: una historia digna de la literatura medieval

En la Île de la Cité, concretamente en la Quai aux Fleurs, encontramos unas puertas preciosas decoradas con las testas de un hombre y una mujer. Se trata de nuestros protagonistas: los llamados Romeo y Julieta parisinos, pues no es para menos. Ya lo veréis.

Una placa nos recuerda que el edificio fue construido en 1849 y que alberga la antigua vivienda de Abélard y Heloïse en el año 1118. Aunque debemos recordar que no se sabe si existieron estos personajes ni si su historia es real.

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Muchos de vosotros ya conoceréis la historia, pero para aquellos que no la conocen, os cuento buenamente lo que recuerdo.


En plena Edad Media París alberga entre sus calles a una pareja de enamorados furtivos que, una vez se descubre su historia, pasarán a ser unos enamorados llenos de desdicha.

¿Cómo llegaron a conocerse Abélard y Héloïse?

Abélard era de Bretaña y pertenecía a la baja nobleza.
Su vocación era la enseñanza y, al igual que a día de hoy, los sueños tienen un precio. El precio de Abélard fue tener que renunciar a las tierras que le correspondían y a su herencia para poder ser profesor.
En resumidas cuentas, tenemos un noble que no es militar, sino profesor, y por lo visto es un guaperillas culto y embaucador. Resultado: lo que de toda la vida en España se llamó un donjuán.
Así que nuestro truhán particular, viendo el plan de vida que llevaba, decide ir a trabajar a París para ganarse el pan.

En París vivía Héloïse, una joven unos 20 años menor que su futuro hombre. Esta mujer medieval destaca por su gran formación y educación, pues sabía leer y escribir además de ser políglota en francés, latín, hebreo y griego. Todo un genio de mujer que una vez que queda huérfana, su tío Fulbert le facilita toda esa cultura y educación. ¡Muy bien por tío Fulbert!

Por fin llega un día en que, bajo cielo parisino, se conocen nuestros dos cultos protagonistas. Y la casualidad, que es muy juguetona ella, quiere que Abélard vea en Héloïse su próximo amorío.

Él que es muy listo se pone en contacto con el tío Fulbert y acuerdan dar clases a Héloïse, recordemos que él era profesor.

En esas clases hubo química, alquimia, anatomía y la literatura más rosa, pues la chispa saltó entre ambos hasta finalmente caer enamorados el uno del otro.

Pero… Ya tardaba el “pero” en aparecer… Para aquellos que no lo sepáis, en la Edad Media los profesores tenían que guardar el celibato, sin embargo a nuestro donjuán le daba un poco lo mismo. Aunque a la hora de la verdad quedaban manchadas tanto su reputación profesional como la reputación de Héloïse.

En una de esas, Héloïse queda embarazada y huyen a Bretaña hasta que ella da a luz. Se cree que el bebé nació muerto y, a la vuelta, el tío Fulbert está muy enfadado con esta huida. Pues él no sabía nada de los amoríos de su sobrina o prefería no saberlo. Para solucionar la situación, decide proponer el matrimonio. ¡Ole por el tío Fulbert que lo arregla todo!

Peeero… Ya esta otra vez el “pero”… No olvidemos que Abélard es profesor y no puede casarse. Si lo hace, su carrera profesional se vería gravemente perjudicada.

Por otra parte, Héloïse tampoco quiere que Abélard estropeé su trabajo, así que de primeras no acepta la propuesta de matrimonio de su tío Fulbert.

Finalmente, como hablando se entiende la gente, acuerdan casarse con la condición de que todo ello sea un secreto.

Tenemos una solución para la reputación de Abélard. ¿Y Héloïse?

Llegados a este punto, aquí ya no tan bien por el tío Fulbert (y si eso os dejo juzgar a vosotros mismos). Tío Fulbert decide contar el secreto por todo París cada vez que se le presenta la ocasión y comienza a portarse mal con Héloïse.

La convivencia se vuelve insoportable con tío Fulbert y Abélard envía a Héloïse a una abadía para protegerla. Tío Fulbert toma esta acción como un ultraje de Abélard, puesto que a sus ojos estaba alejando a su sobrina para desentenderse de ella y hacerle quedar a él como un mentiroso por lo del matrimonio.

A estas alturas a tío Fulbert se le va la olla y decide vengarse de Abélard. Para ello contrata a unos sicarios que se cuelan en su casa y, con una daga, le cortan las partes pudendas. (Sí, los cojones a navaja).

Tal acto sume a nuestro protagonista recién castrado en una depresión de la que nunca se llega a recuperar.

Para no seguir corriendo riesgos, nuestros enamorados deciden tomar los votos y amar a Dios.

Sólo volvieron a verse una vez más en sus vidas, pero ello no quita que continuaran amándose en secreto a través de su correspondencia.

Abélard muere unos 20 años antes que Héloïse y ésta, a su muerte, pide ser enterrada junto a él. Cuenta la leyenda que, al enterrar el cuerpo de Héloïse, el cuerpo de Abélard extendió sus brazos para acogerla en un cálido abrazo.


 

¿Qué os ha parecido la leyenda?
¿Conocéis otra versión? ¿Nos la contáis?

 

P.D.: Esta entrada es para mi tía Arancha por su cumpleaños.
Ya sé que preferirías algo sobre los templarios, pero como ya te dije más de una vez, en París queda muy poquito sobre la Orden del Temple y además yo no tengo foto de ello. Espero que una leyenda medieval supla por esta vez la falta de un templario.

¡MUCHAS FELICIDADES!