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París en español y Tablaturas de mis pasos

Hoy os traigo una noticia que me hace mucha ilusión.

He hecho una pequeña colaboración con París en español.

Se trata de un equipo de varias personas hispanohablantes que nos dan a conocer París a través de sus geniales publicaciones y fotos en Facebook e Instagram. Os recomiendo seguirles porque además de ser super majos vais a aprender mucho sobre París.

Todo partió del escrito que yo hice sobre La calle más estrecha de París (o casi) y de ahí hice un pequeño resumen para ellos. Espero que os guste.

Os dejo por aquí su Instagram y la publicación con la que colaboramos –> abrir aquí.

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Qué hicieron dos palomas para merecer su nombre en una calle de París

Érase una vez, allá por el siglo XIII, que vivía en París una pareja de palomas. Pasaban sus días, con idas y venidas, en la bien llamada Calle de la Paloma, o, si lo queremos decir a la francesa, Rue de la Colombe.

Yo aquí quiero contaros la historia que fue corriendo de voz en voz por las calles de París con el paso de los años. Pues no es cosa pequeña sobrevivir al paso de los siglos.

Para ponernos en contexto, en una de las casas de la Calle de la Paloma vivía un escultor que trabajada a pocos metros de su casa, pues su “despacho” era nada más y nada menos que la Catedral de Notre Dame. Pero volvamos a las palomas.

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Portal del edificio de nuestra historia.

La susodicha pareja de enamorados pasaba su día a día muy atareadamente. Un mosquito por aquí, una mosca por allá, que tengo sed y me acerco al Sena a por un traguito de agua…

Hasta que un día, un desafortunado día, el edificio donde vivían de la Rue de la Colombe se derrumbó.

¡Ay! ¡Pobres palomas! ¡Qué desdicha la suya!

Pues habían quedado sus pequeños cuerpos separados por una montonera de escombros y piedras.

Ante tal derribo, fueron llamados unos aplicados albañiles, pues había que despejar la calle de tal destrozo.

Y cuál fue la sorpresa de estos trabajadores y perspicaces hombres, que durante su ardua labor en suelo parisino, alzaron la cabeza, y bien observaron las idas y venidas de una de las palomas a los escombros que estaban desalojando.

¡La paloma estaba alimentando a su compañera a través de un agujero del edificio desplomado!

Eso sí que es un amor perseverante, y los albañiles fueron sensibles a este amor. Dieron con el agujero y no dudaron en quitar rápidamente los escombros que tenían atrapada a una de las palomas.

Una vez liberada, la pareja se reencontró en el cielo y alegraron la vista de los presentes con múltiples cabriolas. Tal era la alegría de dos seres alados, enamorados y con ganas de vivir.

FIN

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Placa que nos cuenta todo lo que ha ido sucediendo por esta calle tan emblemática.

  • Como apunte algo más histórico, el trazado de la Rue de la Colombe es romano.
  • Se sabe con precisión que el edificio fue construido a finales del siglo XIII porque fue encontrado entre sus paredes un esqueleto de un gato que data de ese siglo.
  • Durante la Edad Media y hasta el siglo XVII hubo una ferviente tradición. Los recién casados llegaban a esta calle con promesas y juramentos de amor. Finalmente, esta práctica se acaba prohibiendo, pues la iglesia de Notre Dame la considera de carácter pagano.
  • Este edificio fue el único de la Rue de la Colombe que sobrevivió a la reforma urbanística de París del barón Haussmann.
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El edificio de nuestros protagonistas con su actual restaurante.

Si os ha gustado leo vuestra opinión en los comentarios.

25 imprescindibles en París

Hoy me apetecía hacer una entrada especial en el blog. Es mi cumpleaños, y por ello quiero autorregalarme una entrada con 25 cosas que me hacen feliz cuando voy a París.

El tiempo vuela y en nada ya tendré que volver a mi Tierrina, pero además de volver con un año más, también voy a volver con todo un bagaje de experiencias vividas en tierra gala que ya muchos quisieran.

He intentado vivir cada momento de este año en el extranjero con la mejor de las sonrisas.

También creo haber sacado el mejor provecho de cada momento de bajona (que gracias a dios han sido muy pocos)

Y todos los días estoy intentando empaparme al máximo de todas las historias posibles relacionadas con los lugares que visito en mis escapadas a París, que es de lo que más me gusta de mi estancia en Francia.

Antes de venir a la Galia hice una lista con las cosas que me gustaría hacer o visitar y, afortunadamente, ya he ido cumpliendo muchas de ellas.

Por todo ello quiero escribir esta entrada, porque estoy siendo feliz realizando mi sueño de vivir y trabajar en Francia y porque quiero compartir con vosotros los lugares y las pequeñas tonterías que me han dado un agradable momento de felicidad.

¡Ahí va mi lista! Espero que os guste, siempre podéis añadir algo más en los comentarios. No dudéis en escribirme.

1- Subir las escaleras de Montmartre y picar algo arriba mientras París hace vida.

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Sacré Coeur

2- Perderme por las calles de París e ir conociendo nuevos lugares fascinantes.

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La Défense

3- Conocer los más viejos de París: el árbol más viejo de París, plantado en 1602 al lado de la iglesia de Saint Julien le Pauvre; y la casa más vieja de París, edificada en 1402 sigue en pie en el 51 de la rue Montmorency.

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4- Ver la tele, una serie o escuchar la radio en francés. La tele la verdad que no la veo nada, en todo este año vi Eurovisión y ya. Muy tristes los comentaristas gabachos… Pero series ya he visto la de Metronome (la cual os recomiendo fehacientemente), L’amour à 200 mètres (lo pasé pipa), Ever after high (sé que es infantil pero o flipé) y Regn (sobre la reina María de Escocia, enganche total). Todas en francés y subtituladas en francés, para ir haciendo oído. Y respecto a la radio, somos fans de La radio sans pub.

5- Ir al mercado. Los viernes toca el de Arpajon y los domingos el marché de Bastille en Paría, en el boulevard Richard Lenoir. Hay mucha comida típica, fresca y muchos puestos de recuerdos y souvenirs a muy buen precio. Además el ambiente es muy animado.

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Mercado de Arpajon en Navidad

6- Hacer trasbordo en el metro parisino una y otra vez como si nada. Ahora que ya lo veo con un poco más de perspectiva, si hago esto es o porque la línea esta fatal comunicada con mi destino o porque me he perdido… Afortunadamente en todo el año que llevo aquí sólo me he perdido una vez y me confundí otra. Dos en total. Al final resulta muy fácil y cómodo lo del metro.

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7- Tener largas conversaciones con franceses. Al principio acababa con la cabeza como un bombo si escuchaba a los demás más de la cuenta hablar en francés, pero ahora ya estoy acostumbrada y la verdad que no hay problema. Bueno, siempre que el tema a tratar no sea una chapa.

8- Comprar un libro en una librería francesa tipo Gibert Jeune, Shakespeare and companie, una tienda de segunda mano o uno de los puestos que hay a la orilla del Sena (les bouquinistes).

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9- Salir por la noche parisina.

10- Ir a uno y otro museo todo lo que se pueda y más, hasta que se acaben.

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11- Comprar una baguette (decepción total) y comprar un croissant (todavía no he dado con uno que esté malo!!!)

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12- Recorrer el Grand Axe (hice La Défense, L’Arc du Triomphe, Concorde y Saint Michel), en ello entran les Champs Elysées.

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13- Subir a la gran noria de París (La grande Roue).

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14- Morrear en el Muro de los Te quiero, y en lo alto de la Tour Eiffel, y en el Sacré Coeur…

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Mur des Je t’aime

15- Subir a la Torre Eiffel, al Arco del Triunfo, a las Torres de Notre Dame y de Montmartre y ver las grandes panorámicas de París.

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Vistas desde la Tour Eiffel

16- Leer libros en francés. Obviamente ya cumplí con El principito de Saint Exupéry y con Nuestra Señora de París de Victor Hugo, de la cual leí un buen pedazo en Notre Dame (¡¡como tiene que ser!!).

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17- Relajarme a los pies de Notre Dame y ver la cantidad de turistas que no paran de un lado para otro.

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18- Descubrir un lugar mágico, como el Canal de Saint Martin, y ver otra de las muchas caras de París, no la de los turistas, sino otra más tranquila.

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19- Poner un candado del amor en uno de los puentes del Sena, si hay que ser turista se es de verdad de la buena.

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20- Montar en uno de los barcos que recorren el Sena a lo guiri total y ver lo más famoso de París desde una perspectiva diferente.

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21- Saludar desde la orilla a los barcos con turistas (y recibir el saludo, claro).

22- Espatarrarme en cualquier jardín de París y disfrutar del ambiente (Jardins de Luxembourg, Jardin des Tuileries, Champs de Mars, parc de Buttes Chaumont, parc Monceau, pars de Sceaux, domaine de Chamarande y un largo etcétera).

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23- Asistir a un concierto improvisado en las calles de París (o de mi gato-compi-de-piso).

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24- Comer un crepe, una quiche, una fondue, un coulant, una blanquette, un croissant, una galette, macarrons o lo que sea típico francés.

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25- Compartir toda esta experiencia con un ser querido.

26. Y finalmente añado una 26 porque son los años que cumplo: SER FELIZ VIVIENDO EL PRESENTE.

 

Espero que os haya gustado. Ya sé que hay mil cosas más por hacer, así que ahora es el turno de que vosotros las compartáis. Os espero en los comentarios.

 

Me he enfadado con un profesor de la Facultad

He sido alumna del prestigioso catedrático de Lengua Española de la Universidad de Oviedo José Antonio Martínez y comparto su forma de pensar respecto al desdoble masculino-femenino, ya que el género masculino incluye al femenino a la hora de expresarnos y el hablante se guía por el principio de economía del lenguaje.
Pero he de decir, y bien alto, que la catedrática Mercedes Bengoechea y la doctora Eulalia Lledó le dan mil vueltas en su argumentación en el artículo que acabo de leer en el periódico El País: “El debate sobre las `portavozas´divide también a los lingüistas”.
Ellas, para mí, han ido un paso más adelante, porque aunque estuviera en mi pensamiento un pequeño esbozo de su postura, ellas han verbalizado que no es sólo el principio de economía del lenguaje al que hay que tener en cuenta (principio que valoro muchísimo), sino que también priman las necesidades comunicativas. Y hoy en día, en pleno siglo XXI, la revolución de la mujer está más que presente. Para interiorizar los cambios de mentalidad propuestos por el colectivo de mujeres, es necesario que el lenguaje acompañe para expresar esta nueva realidad. Porque es a través del lenguaje la manera en que el ser humano codifica el mundo y construye su pensamiento de acuerdo a las realidades que quiere representar.

La necesidad a la que se refieren estas dos expertas es la de ir relegando las desigualdades entre hombres y mujeres, de las cuales el habla del día a día se hace eco y se convierte en una necesidad verbal del hablante. Eso sí, unas veces más convenientemente que otras. Martínez recalca muy acertadamente que estos desdobles desvían la atención del oyente en el acto comunicativo. OK. Pero no se está dando cuenta de que, quizás, muchas veces, en ese acto comunicativo el hablante también quiere comunicar a través de ese desdoble y que debemos de olvidarnos en esos momentos del principio de economía y centrarnos en el principio comunicativo.

No puedo estar más de acuerdo con la afirmación de Bengoechea: “Si queremos inclusión absoluta, tenemos que atajar el lenguaje”. Afirmación que liga perfectamente con el principio de economía, no como la del señor Martínez, quien apunta muy bien al señalar que esas utilizaciones del lenguaje inclusivas, además de erróneas dentro del propio sentido gramatical, son “fruto de haber interiorizado de forma mecánica la fórmula del desdoble en masculino y femenino”; pero el buen hombre lo tira todo por la borda más tarde con un discurso propio de un “político” de los de hoy en día, no de un catedrático: “son confusiones, meteduras de pata, y quieren hacerlas buenas convirtiéndolas en el bálsamo de fierabrás, diciendo que es bueno para la reivindicación de las mujeres”
Al igual que con la preposiciones, que se encuentran a medio camino entre lo léxico y lo gramatical, yo también me encuentro a medio camino entre el principio de economía y el responder mediante el lenguaje a las realidades y necesidades que nos rodean.

Ante un tema de gran importancia, controversia y actualidad, el profesor Martínez se lo ha tomado como una jocosidad de la cual mofarse. Las otras dos expertas en lenguaje le dan mil vueltas en esta entrevista simplemente por haber respondido a las preguntas y haber expuesto su opinión argumentada desde el RESPETO. El señor Martínez se dedicó a soltar un “discurso” casposo, lleno de metáforas y frases ordinarias e irónicas que denotan no caminar al lado de la realidad, de una realidad cambiante y viva, al igual que las lenguas, las cuales son seres vivos que evolucionan. Y nosotros, como seres vivos, tenemos que tomar ejemplo de las lenguas y evolucionar.

Para terminar, creo que la corriente lingüística del Funcionalismo, cuya cuna se encuentra en Oviedo, pierde fuerza y credibilidad con representantes como este catedrático de la llamada Uniovi (Universidad de Oviedo).