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En invierno hay que forrar

En invierno hay que forrar y de toda la vida has de engordar.

En esta época tan fría del año no se puede andar escatimando en comida y hay que cuidarnos muy mucho de coger catarros. Así que para mantener las defensas firmes yo he comido todos estos platos riquísimos.

Espero daros alguna idea para cocinar con estos platos de noviembre.

¡Qué aproveche!

En Arpajon hay un sitio especializado en crepes que, como no podía ser de otra manera, se llama La crêperie. Su comida es bretona, mucho crêpe salado y la decoración del lugar también es de la Bretaña. Eso sí, la música debía de ser la radio latina, porque tenían reggaeton en español sin parar.

Tenían anunciada su sidra por todo lo alto, se puede apreciar en la foto. Así que como buenos asturianos nos lanzamos a probar la sidra de Val de Rance y la verdad que estaba muy buena. Era muy suave y sabía muy bien. Lo único que se me hizo raro durante todo el rato fue ¡beberla en taza!

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Sidra bretona Val de Rance

Comimos todos los crepes como pepones, nos pusimos las botas. Estaba todo delicioso, os podéis hacer una idea por las fotos, je, je, je. La primera vez que comí un crepe salado no me gustó nada, pero he de decir que mi paimpol estaba buenísimo.

La carta era muy original, os la dejo en las imágenes. Los crepes salados tenían los nombres de diferentes ciudades: Saint Malo, Brest, Morlaix… Y los crepes dulces tenían nombres de grandes caballeros y grandes damas de las historias del ciclo artúrico: Lancelot, Arturo, Merlín el Encantador, Morgana…

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Lo único que tenéis que hacer si os apetece ir a comer a La crêperie es ir con buen apetito y reservar con antelación. ¡Que no se os olvide!

Vamos a dejar un poco de lado la comida de restaurante y nos pasamos al arte culinario en casa. Como me sobraron unos champiñones que ya no daban más de sí y tenía un poco de pollo en el congelador que no sabía qué hacer con él, se me ocurrió guisarlo. Y ahí le metí ajo, cebolla, aceite, avecrem, los champiñones, zanahorias, patatas y el propio pollo. Y la verdad que no esperaba que supiera tan sumamente bien. Está mal decirlo, pero me sorprendí a mí misma.

Estas cosas que sólo haces cuando hay algo de oferta es comprar cosas que no tienes ni idea de lo que son. Y yo compré unos ñoquis. No tenía de ni la más repajolera idea de lo que eran, pero por si alguien no lo sabe, vienen a ser una especie de patatas cocidas que parecen bolitas de pan de miga. Los mezclé con salsa de queso azul y quedaron sublimes.

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Y otra de las cosas que todos hacemos, aunque no lo queramos reconocer, es aprovechar las cosas que sabemos que no vamos a comer para reinventar platos. En mi caso sabía a ciencia cierta que no iba a comer una manzana que ya había comprado hacía un tiempo. Así que a la manzana le sumas unas grosellas y una frambuesa y te sale un pastel de manzana todo decorado. Muy orgullosa de mi creación.

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En el colegio, los profesores, todos los miércoles hacemos desayuno en el recreo. Tenemos una lista con las fechas de todos los miércoles del curso y el día en que te apuntes tienes que llevar algo para desayunar. Así que yo llevé algo muy español, tortilla de patata, y algo muy asturiano, frixuelos. Todo muy rico.

Este mes tocó ir de viaje a Reims y a Metz. Nos encantaron las dos ciudades y comiqueamos diferentes manjares para el paladar.

La primera parada que hicimos en Metz fue en el establecimiento Bar Saint Jacques. Comimos una tartiflette, unas galettes y una baguette flam‘. Y super económico, la verdad.

La siguiente parada fue para merendar y fuimos a la crepería Le Saint Malo. Debía de tener muy buena fama porque estaba abarrotada y la verdad que los crepes no pudieron ser mejores. Pedimos uno de especulos, otro de nutela y chantilly y otro de chocolate y chantilly. Chantilly viene a ser lo que llamamos de toda la vida nata montada para postres.

Coincidimos con el mercadillo de Navidad de Metz y como no podía ser de otra manera teníamos que hacernos con algo típico del lugar. Entonces en uno de los puestecillos dimos con los famosos bretzels. En mala hora los cogimos… Para hacernos una idea, tienen el tamaño de palmeras de chocolate grandes, la masa viene a ser de brioche y tiene unos tolondrones de sal bastante curiosos. La masa estaba a medio hacer, estaban como morrillos, y la sal sabía a rayos. Y a mí me encanta la sal. Me sentaron como una piedra, nunca más. Pa quien los quiera. Pero bueno, ya puedo decir que he comido, o intentado comer, un bretzel.

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Sesión cervecera en la cervecería Les berthom. Ambiente inmejorable, música genial para poder pasar el rato, charlar y disfrutar de la cerveza y de la genial decoración del bar. Nos tomamos unas cuantas pressions que eran la Chouffe especial de Navidad (muy buena), la Maredsous (mejor imposible) y la Vedett (no me gustó nada, yo soy más de tostada).

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Como todo sábado típico de cualquier ciudad, hay que acabar la noche con un poco de comida rápida. Y esta vez les tocó a las patatas asadas formar parte de nuestro gran imaginario culinario. Pedimos una de jamón y queso, por el tema de no arriesgar, y una Lorraine. Esta última venía a ser una patata hecha con ingredientes típicos de la zona, o a la manera de la zona o a algo de la zona (zona, zona xD), porque no me quedó claro. Lo que quedó claro fue el recipiente, porque no dejamos ni una miguita.

Cambiamos de ciudad y nos vamos hasta Reims. Para quien no lo sepa (yo no lo sabía) el champán es típico de esta región. Así que nos vimos obligadas a probarlo, no nos quedó otra. Un ojo de la cara en Le lion de Belfort nuestra copita de champán (8€ de copita por cabeza, porque no era copaza era copita, pero hay que reconocer que estaba bueno).

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Ya sólo por el precio la foto del champán merece estar sola. A continuación os dejo las otras cositas que comimos. No me acuerdo de cómo se llaman pero eran espaguetis con una bola de carne muy rica y con una salsa buenísima. Y de postre mousse de chocolate y vainilla caramelizada.

Si alguno de los que me está leyendo nos sigue, recordaréis que hicimos una buena cosecha de calabazas del huerto. Así que como no podía ser de otra manera hice puré con nuestras propias calabazas. Y quedó buenísimo. Eso sí, de una sola calabaza ya podemos sobrevivir durante todo el invierno, ¡porque madre mía menudo bicho!

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En la foto os dejo unas albóndigas en pleno proceso. Fueron de esas cosas que se cogen porque están de oferta y la verdad que me quedaron sensacionales. Se me olvidaron en el fuego y algunas de las patatas quedaron con un requemado de la cebolla ¡que sabía a gloria! Tienen que olvidárseme más veces las cosas en el fogón… Ja, ja, ja.

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En los tres meses que llevo aquí todavía no había comido una pizza. Me estaba currando mi comidita. Pero un día llegó la vagancia y no se fue. Así que no quedó otra y hubo pizza con queso de cabra pa comer.

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Ahí donde los veis, me costó la vida encontrar unos garbanzos, pois chiche. No existían en ningún supermercado. ¡En la Galia no hay garbanzos! ¡Y a mí me encantan los garbanzos! En consecuencia, cada vez que voy a un supermercado paso la vida en la sección de legumbres por si alguien ha pensado en mí y ha traído un porte con garbanzos. ¡¡¡¡¡¡Y eso sucedió el otro día!!!!!! Así que aquí os dejo, toda orgullosa, mis primeros garbanzos. Riquísimos.garbanzos

Para cerrar esta entrada, y para cerrar el mes de comidita de noviembre, nos dejamos caer por el Buffalo Grill. Era un lugar de obligada parada porque siempre que cogemos el coche lo vemos desde la autopista con sus luces rojas y fluorescentes. Así que teníamos que cumplir con la llamada y era obligatorio ir a conocer y degustar el lugar. Nos jartamos a hamburgesa de bacon y la salsa de roquefort estaba de toma pan y moja (o más bien de toma patata y moja). La carne espectacular. Supongo que a lo largo de este año acabaremos repitiendo.

Y hasta aquí muchas de las cosas que nos hemos metido entre pecho y espalda durante este mes de noviembre.

Espero haberos dado alguna que otra idea para comer esta semana y espero veros muy pronto por aquí otra vez.

¡Hasta luego!

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Ser profesor es mucho más que una profesión

Para aquellos que no lo sepáis, estoy viviendo toda una experiencia en Francia al haber conseguido trabajo como profesora de español para extranjeros en un colegio de alumnos equivalentes a nuestro 6º de Primaria y nuestro 3º de la ESO.

Estoy aprendiendo muchísimo de esta profesión. Y creo que se tiene super infravalorados a los profesores.

“Ah, que eres profesor. ¡Vaya vacaciones que te pegas eh majo…!” Es la frase por excelencia que tenemos que escuchar. También tenemos la variante de “no os quejéis tanto, que son sólo niños y luego tenéis muchas vacaciones”.

Para quien no lo sepa, o no quiera darse cuenta, ser profesor es mucho más que ponerse delante de unos niños, recitar la lección y marchar.

Ser profesor es mucho más que tener vacaciones abundantes y los fines de semana sin tener que ir a dar clase.

Ser profesor es mucho más que dar una lección y mandar un par de deberes.

Ser profesor es mucho más que preparar los materiales que se van a ver en clase.

Ser profesor es mucho más que ser la persona que está con tus hijos cuando no tienes dónde dejarlos.

Ser profesor es mucho más que esa persona que pone notas a los deberes y exámenes de tu hijo.

Ser profesor es mucho más que esa persona que le da una regañina a tu hijo por haberse comportado mal en clase, porque sí, su hijo se porta mal en clase…

Ser profesor es mucho más que corregir exámenes y pasar página.

Ser profesor es mucho más de lo que piensas…

Ser profesor es preocuparte por ellos. Saber cuándo están mal y querer ayudarlos a salir del trago.

Ser profesor es pensar en cuál es la manera correcta de dar una lección para que tus 30 alumnos, todos con unas capacidades diferentes, puedan asimilar y comprender el tema.

Ser profesor es ver en cada canción de la radio, cartel publicitario, folleto, libro, vídeo del Facebook o foto de Instagram un nuevo material para usar en clase.

Ser profesor muchas veces es querer y no poder porque ves que tus alumnos no se involucran lo suficiente.

Ser profesor es querer que tus alumnos den lo mejor de sí mismos y que saquen lo máximo que llevan dentro.

Ser profesor es saber cómo explotar al máximo y buscar cómo sacar el mayor rendimiento a cada uno de ellos, porque todos ellos son iguales, pero al mismo tiempo son únicos, irrepetibles e incomparables.

Ser profesor es acabar buscando un hueco para poder hablar con ellos de tú a tú.

Ser profesor es preocuparte por tus modales y tu forma de vestir porque sabes que eres un ejemplo para ellos y que te debes de comportar como alguien a quien seguir, y para ello intentas no tener ni un solo fallo.

Ser profesor es pasar los fines de semana preparando la siguiente lección y adecuándola a cada nivel, incluso a veces, a cada alumno.

Ser profesor es romperte la cabeza para sacar lo mejor de ese niño que tiene una situación difícil detrás, que tiene potencial, pero que la realidad lo está consumiendo.

Ser profesor es corregir un examen, sumar todos los puntos antes de calificar el último ejercicio, y puntuar ese último ejercicio de manera que pueda aprobar. Porque sí. Porque ahora me doy cuenta de que muchos de mis 5 son profesores que quisieron tirar de mí.

Ser profesor es dudar entre dejar el suspenso que ha sacado el alumno o ponerle un aprobado raspado por no saber qué es lo que más va a motivarlo para seguir trabajando, si el aprobado por los pelos para poder tener más margen la siguiente vez o el suspenso para la próxima vez aprobar.

Ser profesor es bregar con padres ultraprotectores, padres que no quieren ver la realidad, padres que se creen las agendas de sus hijos, padres que no les dan la autonomía necesaria para el desarrollo adecuado a su edad…

Ser profesor es tratar con padres desagradecidos con nuestra labor por haber reñido un día a su hijo charlatán, o como dicen aquí en Francia, perturbador de la clase.

Ser profesor es tratar muchas veces con padres responsables y comprensivos que te dan todo su apoyo a la hora de sacar adelante al alumno/hijo.

Ser profesor es trabajar “muy poco” en cuanto a jornada laboral, pero os aseguro que muchísimos de vosotros no aguantaríais una hora teniendo que adaptar vuestros conocimientos a una horda de adolescentes hormonados con ganas de hacer el tonto.

Ser profesor es estar supuestamente una hora con cada grupo, pero el trabajo que hay detrás relacionado con ese grupo…, os aseguro que muchas veces sobrepasa la jornada de 8 horas.

Ser profesor es verlos sentados e imaginar cómo y qué serán de mayores.

Ser profesor es desear día tras día que tengan éxito en su vida.

Ser profesor es querer sacar lo mejor de ellos mismos y esperar que todo lo que aprenden en clase les sirva en alguna situación en el futuro.

Ser profesor es querer darles las bases para que luego se puedan desenvolver en la vida, darles las bases para que nadie los engañe y puedan pensar con total autonomía y de manera clara, sin coacciones.

Ser profesor es mucho más que una profesión.

Ser profesor es ser persona

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Intento traducir este poema de Janusz Korczak. “Usted dice: Cansa codearse con los niños. Usted tiene razón. Usted añade: Porque hay que agacharse, inclinarse, curvarse, hacerse pequeño. Llegados a este punto usted se equivoca. No es todo eso lo que más cansa, es el hecho de estar obligado a levantarse, de ponerse de puntillas hasta la altura de sus pensamientos para no herirlos.”

 

 

Rico, rico y con fundamento

Sin darnos cuenta ya se nos fue el mes de septiembre.

Espero que octubre venga repleto de tan buena comida como la de septiembre.

Os dejo las fotos de los platos estrella del mes más bonito del año, mes en que acaba el verano y da comienzo el otoño: SEPTIEMBRE.

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Crepes de La drogueríe, en la rue des Rosiers, París.
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Escaparate de una patisserie parisina, pastelería, repleta de macarons
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Los viernes por la mañana el mercado de Arpajon llena de vida la plaza central del pueblo con sus diferentes puestos de comestibles.
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Puré de zanahoria y patata.
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Interior de fajita
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Pescado en salsa
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Espinacas con bacon y queso

Cenamos una fondue extraordinaria en el restaurante Le vieux bistrot , en Mouffetard, París. El trato exquisito, al igual que la sangría y el super postre.

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Fondue de queso y de carne
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Sangría
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Coulant de chocolate
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Plato del día en el restaurante L’été en pente douce, en Montmartre

Y un poco de humor con nuestra casita de los pájaros, la maison des oiseaux. Les damos montañas de galletas a los pajaritos, hasta tal punto que pueden dormir en su propia comida. Vamos a crear pájaros diabéticos. Ja, ja, ja. Pero ellos hasta rebañan y todo =)

 

Cosas que me sorprenden en Francia

Foto principal: Foire aux haricots 2017 en Arpajon. Plaza principal.

Cuando nos mudamos de un lugar a otro, y más si la mudanza incluye un cambio de país, es inevitable establecer comparaciones con el lugar de donde vienes. Y eso es lo que me está pasando a mí. No puedo evitar comparar lo que veo en Francia con España.

Nada más hacer el viaje de España a Francia, el cual hicimos en coche, me flipó el tema de un peaje detrás de otro. Pero eso es lo de menos. Ole los cojones de los franceses a la hora de ignorar por completo el tema de las homologaciones y de la seguridad al volante. Me explico:

Íbamos a 130km/h (allí el límite no es 120km/h) y nos adelantaban coches con carros enganchados que dejaban mucho que desear, o nos adelantaban con caravanas, uno incluso llevaba un barco!!!! Un barco enganchado y a más de 130km/h por la autopista. ¿¿¿Hola???

Yo en España, cada vez que salgo con las bicis cargadas en el coche, mi novio y yo echamos la vida para dejarlas bien colocadas y que se vea la matrícula entera. Aquí en Francia eso de que se vea la matrícula no se lleva. Tienes la opción de que directamente se la sude y simplemente la tapen con los bártulos o, atención que ahí va, muchos tienen el detalle de escribir su matrícula a rotulador en un trozo de cartón. ¡OLÉ! ¡OLÉ! Vive la France! Y con dos cojones ponen en alguna parte del carro su trocito de cartón homologado en la república independiente de su santa casa y ale, arreando que es gerundio.

Desde luego, mucho más seguras las carreteras españolas.

Llegamos al tema de descansar. De dormir. ¿Por qué no existen las almohadas en Francia? Encima te hacen la trampa y vas a comprar una almohada a la sección oreiller, que significa almohada en español, y son todo COJINES. Aclaro, cojines se escribe coussins. El cuello y la espalda te quedan hechos mierda. Fuimos al IKEA a buscar almohadas y rebuscando entre los cojines sólo encontramos una desubicada almohada extrañamente cilíndrica y extralarga, por no decir kilométrica.

Luego, inocente de ti, te dices “voy a pedir en Amazon.fr una almohada que Amazon tiene de todo”. ¡ERROR! ¡Pobre iluso! Son todo cojines a los cuales llaman oreillers. Así que después de analizar la situación ya he pedido en casa que me envíen por paquetería mi adorada y entrañable almohada para no tener que acabar en el fisio.

Cosas que no puedo entender de Francia (I): las almohadas… es una entrada de un blog donde explican mucho mejor que yo el tema de las almohadas y te meas de la risa con cómo lo cuenta. Os recomiendo su lectura.

Supermercados. Vamos a dejar de lado los precios prohibitivos del jamón york y del pollo en general porque ya sabíamos de antes que la vida en Francia es más cara que en España. Pero esa diferencia en el precio no debería de interferir en la relación producto y etiquetado. Porque las cositas están muy bien ordenaditas, como en cualquier supermercado, pero no hay ni una etiqueta que esté en el sitio del producto con el que se corresponde!!!!! Te vuelves mico para saber cuánto cuestan los pimientos o el paté y directamente desistes y das por perdida la batalla de la búsqueda del precio correspondiente. (Con los pimientos todo ok, pero un mini paté de 10 pavos cayó en mi cesta… Ya puede estar bueno el jodío… Que algo que pone 10 pavos se lee bien).

Tema salsas. Yo soy una adicta al keptchup y he de dar una muy buena noticia a los keptchuadictos: la marca Heinz está más barata que en España y la diferencia es de un eurazoooo! Yujuuuuu!!!

Y ahora ya entramos en lo raro. Quise comprar mayonesa. Cogí un bote cuqui que ponía sans moutarde (sin mostaza). Y yo en plan, obvio, la mayonesa no lleva mostaza. Y nada, sigo haciendo la compra como si nada pero se me enciende la bombilla… ¿Cómo que sin mostaza? Si están especificando que la mayonesa no lleva mostaza… ¿Eso significa que aquí la mayonesa normal sí la lleva? Pues efectivamente queridos lectores, en Francia la mayonesa va con mostaza. Flipante…

Tema limpieza. ¡No hay bayeta! Cómo un trapo se puede volver tan imprescindible en tu vida. En cuanto nos hicimos con una bayeta volvimos a ser personas. Así de básico es el español de a pie.

Oh la laaa! Comprar una baguette recién hecha en Francia e ir dándole pellizcos camino a casa a ese pan calentito que se deshace entre tus manos con sólo tocarlo… MENTIRA. Eso sólo pasa en las películas. En un mes que llevo aquí todavía no he dado con un pan medio comestible, sólo está bueno el pan de molde.

Creo que me va a pasar lo mismo que me pasó cuando estuve en Italia. Que se me metió en la cabeza que no podía marchar del país de la pasta y la pizza sin comer una buena pizza. En consecuencia me tiré una semana entera a pizzas malísimas y no logré dar con ninguna decente. Y en Francia con el pan me da que va a ser lo mismo que en Italia con la pizza, que voy a recorrer todas las panaderías habidas y por haber y no voy a dar con un buen pan. Seguirán en un pedestal las pizzas del Mercadona y la barra artesanal tan maravillosa que si te dejan te la pimplas tú solo en una comida.

Aceite, sabiamente llamado oro líquido. Pues aquí a cada uso lo tiran. Se me ponen los pelos de punta con sólo recordarlo. ¿Cómo puedes tirar el aceite? ¡Con lo caro que es! ¡Cómetelo! Y no sólo eso. Sino que estás jodiendo el planeta. Si tiras aceite por el fregadero, éste llega al mar y no deja pasar los rayos del sol para que las plantas y los animales marinos puedan desarrollarse adecuadamente.

Después del aceite viene la aceitera, cómo no… Ni me enrollo, directamente no existe tal artilugio en la Francia. Tiene su lógica, como tiran el aceite… ¬¬’ Entonces me vino la iluminación y me dije, la compro en Amazon.fr ERROR. 30€ de aceitera. ¡¿Pero ésto qué es!? Ya he desistido y he pedido una a mi casa. Es indispensable, como la bayeta.

Fueron las fiestas del pueblo. Todo se llenó de puestos de comerciantes artesanales, de feriantes con sus atracciones y de los mismos stands que los de la Feria de Muestras de Gijón, pero en gabacho. Sólo faltaba el de la chorrimanguera, porque el de los cuchillos que lo cortan todo, el de limpia-vitros y el de las motosierras ahí estaban dándolo todo traspasando fronteras. En definitiva, que las fiestas son los mismo en todas partes y todas tienen los mismos puestos y feriantes.

Lluvia. El tiempo es tipo Asturias: sol, lluvia, granizo, viento, nubes, sol, frío, lluvia, nubes todo a la vez. Y nadie lleva paraguas. Me flipa. Puede estar cayendo el diluvio que soy yo la única que va con su paragüitas.

Y por último, la administración francesa. ES ODIOSA, FRUSTRANTE, QUISQUILLOSA. He de decir que la de España es mejor y mejorable, porque si quieres o necesitas algo rellenas un formulario, presentas 4 papeles, pagas y te vas. Fin del proceso. Aquí no. Aquí hay que presentar chorropecientos papeles hasta pa respirar… Más luego pagar… No me extraña que esté todo colapsado. Porque luego puedes llegar a la variante de que hasta el propio empleado se pierda a la hora de relatarte la lista de papeles a cumplimentar y que vuelvas al día siguiente con “todo” y que te diga el mismo mongol que te falta no sé qué… Son estrellables…

Y con ésto termino mis primeras impresiones en la Galia.

¿A vosotros qué cosas os chocan cada vez que salís al extranjero?