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El Campichuelo, de la tierra a las estrellas

El Campichuelo conquense es una pequeñita comarca de la provincia de Cuenca que se inserta en la Sierra, mayor comarca natural de la zona.

Supone una pequeña depresión cuyo significado viene a querer decir ‘campo pequeño y cubierto de hierba’ que, además, sirve como territorio de transición entre las comarcas de la Alcarria y de la Serranía.

Una vez que comprendemos la zona en que nos vamos a mover, vamos a ubicar las diferentes poblaciones que componen El Campichuelo: Arcos de la Sierra, Cañamares, Castillejo de la Sierra, Collados, Fresneda de la Sierra, La Frontera, Mariana, Pajares, Portilla, Ribagorda, Ribatajada, Ribatajadilla, Sotos, Torrecilla, Villaseca y Zarzuela.

Estos lugares que mencionamos fueron repoblados durante los siglos XII y XIII por castellanos que procedían, en la mayoría de los casos, del Señorío de Molina. Con el asentamiento de estos cristianos, cada pueblo formado plantea una serie de singularidades que lo hace especial.

Las iglesias que construyen los repobladores no son precisamente monumentales, sin embargo, muestran un románico popular marcado por su nave única, su presbiterio, su ábside y su espadaña. Si no edifican sus iglesias durante los siglos XII y XIII, será durante la segunda repoblación, en el siglo XVII, cuando se terminan de completar estos los pueblos con un templo. Pues el auge económico que experimentó la zona gracias a la ganadería permitió edificar estas construcciones o reformar las iglesias románicas que ya poseían.

Si nos venimos a la actualidad, el turismo astrológico hace las delicias de quienes viven en las nubes. Mariana, las pedanías que integran el municipio de Sotorribas, Zarzuela, Portilla, Arcos de la Sierra, Castillejo de la Sierra y Fresneda de la Sierra forman parte del gran parque astronómico que supone la Serranía de Cuenca, porque en Cuenca, no sólo desde El Campichuelo podemos ver las estrellas.

Cielo de Portilla. Foto de Gema.

La certificación Starlight garantiza unas condiciones excelentes para la observación nocturna de la bóveda celeste, siendo la Unesco, la Organización Mundial del Turismo (UNWTO) y la Unión Astronómica Internacional (IAU) quienes se encuentran detrás de este reconocimiento.

Ya sabéis, si queréis disfrutar de unos cielos libres de contaminación lumínica, totalmente nítidos, con sus lucecitas titilantes, tenéis que pasaros por la Serranía de Cuenca a disfrutar de todos los pueblos en los que podéis hacer turismo de estrellas.

Cielo de Collados. Foto de noe_koya2.

Yo de momento os voy a hablar sobre cada uno de los pueblos que integran la subcomarca del Campichuelo para que os entre el gusanillo de descubrir esta zona tan genial que tenemos en España.

Arcos de la Sierra

El nombre de este enclave alude a su situación, se encuentra en la comarca de la Sierra, teniendo próximas tres elevaciones o alcores, los cuales en su día sirvieron de vigilancia ante las tropas enemigas de aquellos cristianos repobladores procedentes del Señorío de Molina.

Arcos de la Sierra. Foto de fernycarreras.

Ya en el siglo XVII, alcanza Arcos de la Sierra su mayor auge gracias a las explotaciones ganaderas que trabajaban. Pues nos encontramos en muy buen lugar y momento para tener ganado en Castilla y aprovechar el éxito del sector lanar.

Su iglesia se dedica a la Asunción y probablemente se encuentre edificada sobre restos de un templo anterior.

Arcos de la Sierra. Foto de Ecoexperience

Cañamares

Cañamares es más que su famosa piscina natural. Su nombre responde a la abundancia de cáñamo en la zona, sustento de su economía.

Al igual que en Arcos de la Sierra no se tiene constancia de procesos inquisitoriales, en Cañamares encontramos el contrapunto. Destaca en este municipio la abundancia de litigios entre los musulmanes convertidos que decidieron quedarse y los cristianos, no teniendo tampoco una vida tranquila los judíos, pues aquí se registran procesos contra todo el mundo.

Piscina de Cañamares. Foto de Nieves.

También hubo turbulencias durante la Desamortización de Mendizábal, pues se sancionó al alcalde por haber ocultado bienes que tenían que expropiarse.

Su economía mejora al dedicarse al mimbre y a la madera, de lo que resulta un aumento de las infraestructuras y comodidades, entre ellas, su iglesia dedicada a San Millán, la cual, tras las reformas experimentadas, resulta desproporcionada, pues su cuerpo es mayor en altura que la torre.

Río Escabas a su paso por Cañamares.
Foto de beitagarrg.

Castillejo de la Sierra

Se cree que los habitantes de esta zona eran cristianos procedentes de Sigüenza o del Señorío de Molina. Se asientan en este lugar porque hay un castillo o atalaya musulmana, la cual le da le nombre de Castillejo. Respecto al apellido de la Sierra, este respondería a que se ubica en la comarca de la Sierra, al igual que con el resto de pueblos de los que hablaremos.

Es Alfonso VIII quien reconquista la zona, o más bien sus tropas; pero antes, quedó la zona bien protegida gracias a las múltiples fortificaciones y torres que manda construir el príncipe Alcadir Yahya ben Dylum, quien dominaba Huete y muere contra el rey valenciano Almuafar.

Al igual que en Arcos de la Sierra, el punto fuerte de Castillejo de la Sierra es la lana, permitiendo esta prosperidad crear, en el siglo XVII, la iglesia más grande del Campichuelo, siendo esta misma dedicada a la Asunción de la Virgen.

Tractor en Castillejo de la Sierra. Foto de Ecoexperience

Collados

Su nombre alude al accidente geográfico donde se ubica, un collado. Se supone que fue repoblado en el siglo XII, sin embargo, es con las segundas repoblaciones del XVII cuando comienza a destacar, además, momento en que se documenta una gran acumulación de hidalgos, siendo más estos que los propios pecheros.

Iglesia y plaza de Collados. Foto de davidgalanabarca.

Es curioso, o al menos a mí me lo parece, que en este punto de nuestra geografía se deje a un lado la vertiente mediterránea del Júcar para pasar a la atlántica del río Tajo, o a la inversa, según hacia dónde mires.

La plaza central de Collados hace gala de aunar múltiples espacios clave, como lo son el pilón-abrevadero, un precioso olmo, una casona deteriorada de aquellos hidalgos que mencionábamos antes y su iglesia, dedicada a la Concepción.

Fuente-abrevadero y olmo de Collados.
Foto de noe_koya2.

Fresneda de la Sierra

Lugar que presenta abundancia de fresnos en la Sierra de Cuenca. Ya en el siglo XIX es habitado por gentes de prestigio, pues se documentan un abogado de los Reales Consejos y un sangrador que quiere superar el examen de cirujano.

En medio de este apogeo socio-económico del XIX, es, probablemente, el momento en que se reforma su iglesia del XIV. Sin embargo, en la actualidad, la encontramos en estado de ruina. Fijo que en el pasado fue un templo espléndido, pues las grandes dimensiones nos permiten intuir su grandeza.

Un paño de la iglesia de Fresneda de la Sierra.

Me pareció muy curioso que en la descripción de la zona que lleva a cabo el gran historiador Pascual Madoz, que diga que las enfermedades más frecuentes de Fresneda de la Sierra sean los dolores de costado.

Tiene una rutita circular muy guapa que sale del pueblo para volver al mismo, pasando por parajes como la Risca del Perro, el Collado del Bu o pudiendo ver en la lejanía el Estrecho de Priego y los abrumadores alrededores que presenta el paisaje.

Mi Kira con el Estrecho de Priego al fondo.

La Frontera

Su nombre lo dice todo. Fue territorio fronterizo entre musulmanes y cristianos procedentes de Corduente, territorio del Señorío de Molina. También es considerado límite natural entre El Campichuelo y la Sierra, comarcas de las que ya hablamos.

Cuenta la leyenda que en el siglo XVI una tal Quiteria bajó a Cuenca a ver al obispo San Julián, obispo de Cuenca, quien obró el milagro en ella curándola de su fuerte cojera.

Dejando a un lado los milagros y pasando a temas más terrenales, entre la arquitectura del lugar hay una casona palaciega, la Iglesia de San Andrés del siglo XVI y multitud de tejaroces, los cuales son los tejaditos pequeñitos que hay sobre los diferentes huecos de las casas, como pueden ser ventanas, balcones o las propias puertas de entrada a los hogares.

Iglesia de San Andrés de La Frontera.

Mariana

Es incierto el origen etimológico del pueblo que nos compete, pues las diversas teorías nos llevan a que, debido a que es una población limítrofe con Cuenca, su nombre procede de una derivación de mutulus, maliana, majana, mariana.

Otros se decantan por un origen religioso, en el que los primeros repobladores se rindieron a la Virgen María con su devoción mariana.

Temporal Filomena de 2021 a su paso por Mariana.
Foto de deeeboris.

En 1874, en plena tercera guerra carlista, el general Santés pasó por diversas zonas del Campichuelo, como lo fue Mariana, para adentrarse en Cuenca. Iban tras él las tropas gubernamentales del general Santa Cruz. Tras varios días en Mariana, la persecución se dirige a Sotos para acabar allí dispersándose.

Su Iglesia de San Pedro data del siglo XIII, mostrando varias reformas y ampliaciones de los siglos XVII y XX.

Pajares

Al igual que en los demás, si comenzamos señalando su origen etimológico, podemos decir que fue una zona donde se almacenaban granos y paja del vecino pueblo de Torrecilla.

Se dice, según las crónicas de Giménez de Aguilar, que las tropas de Carlos V anduvieron por estos lares en 1521 de la que iban a combatir a los mismos comuneros a Toledo.

A los habitantes del Campichuelo no les cayó en gracia que los soldados imperiales se aprovecharan de sus recursos y los expulsaron de la zona.

La Iglesia de Pajares es de Santo Domingo de Silos y pertenece al románico del siglo XIII. Sin embargo, lo más curioso de la zona es que tienen dios propio: el Dios de Pajares. Este es un gran roble centenario al que sus habitantes cuidan mucho y hacen que goce de buena salud. Pertenece a un catálogo de árboles singulares, permitiendo a los vecinos este hecho que, si alguna vez lo notan mustio, avisen para que vengan a ayudarlo a recuperarse.

Iglesia de Santo Domingo de Silos de Pajares.

Portilla

Como pequeño puerto, su nombre alude a ese paso de montaña, el cual perteneció al marqués de Valdecabras al dotársele en 1530 de los territorios de Valdecabras, Las Majadas y Portilla.

Sus habitantes se dedicaron principalmente a la extracción de mármol de sus canteras. De hecho, de la cantera que se llama Piedra Jaspe salió el mármol del edificio de la Diputación Provincial de Cuenca procede de este municipio, al igual que también hay mármol de Portilla en el Palacio Real de Madrid.

La fábrica para tratar este material daba trabajo a nueve familias, las cuales aprovechaban no sólo los recursos de la montaña, sino que el río Júcar también se convirtió en su aliado.

Ribagorda

‘Riba’ significa elevación y ‘gorda’ ya lo sabemos todos. Así que quiere decir que este enclave se asienta en un alcor voluminoso donde, en el siglo XIII, lo comienzan a habitar los repobladores del Señorío de Molina.

Río Trabaque a su paso por Ribagorda. Foto de Julio.

Del siglo XVII es su iglesia dedicada a Santiago Apóstol y se trata del único templo de la comarca que no presenta resquicios del estilo románico porque fue destruida y vuelta a hacer de cero. En cambio, es su Ermita de la Horcajada la que es del siglo XIII y sí que muestra elementos románicos.

Otra diferencia respecto a los otros núcleos urbanos del Campichuelo es que sus calles presentan una mayor amplitud y anchura. Aunque yo qué queréis que os diga, a mí todas las callecitas de los pueblos castellano-manchegos me parecen estrechas en demasía. Más de un apuro tengo pasado con el coche y fijo que no soy la única.

Ribagorda con la nieve del temporal Filomena de 2021. Foto de Ana

Ribatajada

Ya sabemos lo que significa ‘riba’ gracias a Ribagorda, así que Ribatajada vendría a querer decir que estamos ante una elevación escarpada o abrupta con una tajada.

Los restos hallados indican que hubo un poblado en la Edad de Bronce y también íberos, estos últimos desaparecidos por la ocupación de las tropas romanas de Escipión.

Al igual que en La Frontera, Ribatajada también es tierra de milagros. De este pueblo fue llevado un paño que tocó el obispo de Cuenca, San Julián. Con este mismo paño se le cubre el brazo a una mujer llamada Teresa, quien se había caído y roto una extremidad meses antes. Una vez que el paño cubre su brazo, Teresa queda curada.

Ribatajada asomando tímidamente. Foto de Guillermo

La iglesia de Ribatajada es del románico del XIII y se dedica a San Juan Bautista. Aunque a simple vista, lo que más llama la atención por estar coronando todo el alto del pueblo es la Ermita de Nuestra Señora de la Estrella.

Vistas de Ribatajada. Foto de Ecoexperience

Ribatajadilla

Basándonos en lo que hemos aprendido con la etimología de Ribatajada, Ribatajadilla es diminutivo de este último en cuanto al menor número de habitantes.

Tierra de brujos o herejes, se lleva a cabo un proceso inquisitorial en el siglo XVII en el que se enjuicia a un grupo de vecinos que se dedicaban a infundir supersticiones entre los lugareños.

Entrando en el ámbito de la opinión personal, me parecen super injustos estos procesos, pues una curaba las reses enfermas, otro eliminaba gusanos o parásitos y otro documentado hacía que los caballos que se perdían volvieran a casa. No veo yo el mal en estas cosas. No sé vosotros…

Su iglesia del románico popular está dedicada a la Asunción y, a las afueras del pueblo, encontramos otros edificio religioso, el antiguo convento franciscano de San Pantaleón.

Pilón-abrevadero de Ribatajadilla.

Sotos

Un soto es un monte bajo poblado de arbustos, de ahí el nombre de este lugar. Fueron los árabes pertenecientes a la Kora de KunKa los primeros en cultivar esta zona y, más tarde, son los cristianos viejos de Soria y de La Rioja quienes se asientan en Sotos a partir del siglo XII.

Cerro San Cristóbal de la Sierra de Bascuñana más ovejitas.

El siglo siguiente es el momento en que se crea la iglesia de Sotos dedicada a la Asunción debido a las mejoras económicas que les permite la actividad ganadera.

Otro milagro de nuestro ya conocido obispo de Cuenca, San Julián, aconteció a una sotera a la que le quedó agarrotada la mano por una enfermedad que sufría, la cual se le curó al meter su mano por la reja que guardaba el cuerpo del santo en el siglo XVI.

Al hablar de Mariana comentamos ciertos movimientos de las tropas carlitas y gubernamentales por la zona. Pues dejo caer por aquí que el alcalde de Sotos fue quien acogió en su casa, varios días, al general carlista Santés. Si es que desde siempre es un pueblo acogedor donde los haya.

Torrecilla

Se cree que el nombre de este lugar viene de una pequeña torre sobre cuyos restos vemos hoy en día la espadaña de la Iglesia de la Asunción de Torrecilla del siglo XIII. Sin embargo, no existe documentación que pueda respaldar esta teoría.

Entre sus edificaciones, cabe destacar un edificio de arquitectura civil como es la Casa Grande de Torrecilla, la cual fue, en sus buenos tiempos, una gran casona señorial que perteneció a don Lope Flórez, un ganadero de buena fortuna gracias a su actividad ganadera. Hasta ordenó acondicionar una capilla en la iglesia para su propia familia.

No solo a este tal Flórez le fue bien con los ganados, pues los habitantes de Torrecilla también supieron aprovechar el paso de la Cañada Real por sus dominios poseyendo un alto número de animales y pastos de los que sacar en provecho la lana.

Villaseca

Probablemente su nombre haga referencia a la escasez de agua durante la época en que se asentaron los cristianos a repoblar la zona.

Dentro de quienes saben reconocer el arte románico, su iglesia, dedicada a San Pedro Apóstol, es muy destacable y valiosa por tener una torre y una portada del siglo XIII que constituyen dos buenos ejemplos del románico popular. Aunque también hay que reseñar que ya se dejan entrever elementos góticos, así que esta iglesia es todo un ejemplo del esplendor de la transición del estilo románico al gótico.

Iglesia de San Pedro Apóstol de Villaseca.

Su construcción emblemática son las cuevas de vino que tiene a las afueras del pueblo, las cuales siguen funcionando y dándonos y rico vino.

Zarzuela

Su nombre nos deja intuir que estamos en un lugar con muchas zarzas. Sonado es en todo el reino del XVII el proceso inquisitorial a dos vecinas de Zarzuela, las cuales fueron quemadas por curar a niños cortando un árbol en presencia de tres Juanes y de tres Marías.

En el siglo XVIII el Santo Oficio la toma con el Lobero de Castejón, un curioso personaje que afirmaba tener poder sobre los lobos. En Zarzuela se “autoinvitó” a una boda y un vecino lo quiso echar, al cual el Lobero amenazó yendo en contra de su mula. Al día siguiente, la mula había sido atacada por los lobos.

En el siglo XIX también ocurren hechos destacables en Zarzuela; en este momento nos referimos a las guerras carlistas. Otrora ya habíamos dicho que el general carlista Santés anduvo pululando por tierras del Campichuelo. Pues ahora son enviados desde Albacete 1500 hombre de infantería más 100 caballos bajo las órdenes del coronel Felipe Moltó para atrapar a Santés.

La Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción experimenta múltiples reformas, las más significativas en el siglo XVIII.

Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción de Zarzuela.

Y hasta aquí con El Capichuelo. Espero que os haya gustado mucho. La información que aparece, además de basarme en mi experiencia personal, la tomé de los libros Pueblos y arte: el Campichuelo conquense de Jesús Arribas y Miguel Romero; para la toponimia, además de estar trabajando en el Nomenclátor Geográfico de Castilla-La Mancha, me ayudé del libro Toponimia conquense: interpretación toponímica de todos los municipios que componen la provincia de Cuenca y notas complementarias de Heliodoro Cordente; y otras informaciones de los links que hay enlazados en las diferentes secciones.

Quiero terminar la publicación agradeciendo a todos aquellos que me enviaron sus fotos para completar gráficamente aquello que me apeteció escribir por aquí. Todo un placer haberos conocido a través de la pantalla.

27 imprescindibles de Cuenca

Hoy me apetecía hacer una entrada especial en el blog. Es mi cumpleaños y, por ello, quiero autorregalarme una publicación con 27 cosas que han alegrado mi camino en Cuenca.

Este mismo autorregalo ya lo había hecho cuando viví en París, así que os lo dejo por aquí por si queréis echar un vistazo a mis 26 añitos: 25 imprescindibles en París.

El tiempo vuela y en nada ya pasó un año desde que aparecí por tierras castellano-manchegas, pues llegué una madrugada del 27 de mayo de 2019… Y no tuve muy buena entrada en la ciudad… Tras siete horas y media de viaje acabamos en una calle tan estrecha que ni pa alante ni pa atrás… Sin embargo, he de decir que no fui la única con entrada grande en la ciudad. Fermín, el de La que se avecina, se coronó también. (Os dejo el documento gráfico con las fotos de una fachada rallada por los coches más pancarta)

Pues nada, además de cumplir un año más, también estoy acumulando un buen repertorio de experiencias y de personas que he tenido el placer de conocer en estas latitudes.

Espero que os guste mi propuesta de imprescindibles en Cuenca, sé que me quedan muchos más, pero empecemos poco a poco.

1- Los Callejones de Las Majadas

Fue el lugar donde hice las paces con Cuenca, así que se merece este primer puesto. Os recomiendo haceros la ruta, tanto el recorrido corto como el largo, porque de verdad que no tiene desperdicio esta maravilla de la naturaleza. Nunca había visto cosa igual.

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2- Camino de la Ermita de San Julián el Tranquilo

Es una ruta muy bonita que te permite ver la ciudad de Cuenca a su misma altura y desde el otro lado de la Hoz del Júcar. La panorámica de todas sus casitas salpicadas por la cresta del cerrete, sumado a la inmensidad del cielo crean un paisaje peculiar y bonito. Te recomiendo empezar donde el Recreo Peral porque, a pesar de ser todo cuesta arriba, creo que es mucho mejor no tener que subir las escaleras que hay al final (tipo Cirith Ungol en El Señor de los Anillos) y sólo tener que bajarlas, que no es poco.

3- Priego

Qué decir de este lugar… En su Plaza de los Condes terminé de forjar una muy buena amistad con una de las personas más maravillosas que conocí por estos lares. Y cervecita con ángulo estratégico del brazo, patatas y sombrilla, con el añadido de las vistas del Palacio de los Condes de Priego, hizo de las delicias del verano 2019.

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4- Embalse de la Toba

Después de vivir a veinte minutos del mar, uno echa en falta grandes extensiones de agua que apacigüen un poco estar tan lejos de algún océano. Así que para quitarnos el gusanillo, fuimos a este embalse a disfrutar del agua que tanta falta hace y, aprovechando el calor, nos dimos el primer baño en Cuenca. Lo pasamos pipa chapoteando en estos paisajes tan bonitos de la zona de la Serranía, además, alimentado por el Río Júcar.

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5- Embalse de Alarcón

Seguimos con los embalses, pero esta vez más al sur, en la zona del curso alto del Río Júcar. En este no caté el agua, pero sí una sombra muy maja de un chaparro que nos dio cobijo del sol. Costillas con patatas y una buena siesta hicieron las delicias de una tarde perfecta. Por la noche, el cielo nos regaló una cúpula de estrellas preciosa. Se nota que allí no hay contaminación lumínica.

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6- Ermita de Santa Quiteria

En Olmeda de la Cuesta encontramos esta ermita tan bonita. En su entorno hay un merendero muy bien habilitado para ponerse las botas con los buenos alimentos que a uno le apetezca llevar. Y las vistas son alucinantes. El paisaje que se ve desde el alto en el que está son una pasada. ¡Te haces a la idea de lo que es una ortofoto por completo! Es que me parece una panorámica super representativa de lo que son las tierras de labor de Castilla La-Mancha.

7- Monasterio de Uclés

Bien de Interés Cultural (BIC) construido bajo la regla de la Orden de Santiago, este monasterio es llamado “El Escorial de La Mancha”. Decidí acercarme hasta allí un día que tenía mucho mono cultural y que no paraba de llover. Lo tienen super bien montado, así que resultó una visita genial para un día que se presentaba aburridillo.

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8- Torcas de Palancares

A escasos kilómetros de Cuenca se encuentra un paisaje lunar digno de película de ciencia ficción. Las torcas son “agujeros” en la tierra que se crean al disolverse la piedra caliza, dando lugar a estas cavidades impresionantes en el paisaje conquense.

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Torca del Lobo

9- Lagunas de Cañada del Hoyo

También son torcas, pero se les llama “torcas llenas”. Lo que sucede es que, al erosionar el agua la piedra caliza, si al crearse el hoyo la base se encuentra por debajo del nivel freático, la torca estará llena de agua y dará como resultado estas famosas lagunas. Si la torca está vacía, ejemplo de ello serán las célebres Torcas de Palancares que vimos en el punto anterior.

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Laguna del Tejo

10- Rincón de la Primavera

Este nombre tan bonito corresponde a un paraje y a una cascada de Las Majadas. Después de lo que nos costó llegar hasta allí, fue una auténtica maravilla disfrutar en las alturas del agua cayendo de una manera tan majestuosa.

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11- Lagunar de Arcas

Acabé allí de la forma más tonta. Lavé el coche y para secarlo salí a la carretera general. Bien, pues acabé por el camino de tierra del lagunar sin haberlo secado del todo. Os podéis hacer a la idea de cómo terminó el coche recién lavado… Eso sí, vi una puesta de sol preciosa.

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12- Nacimiento del Río Cuervo

El día que más frío hacía de todo el invierno, ese fue el que elegí para ver este lugar tan clásico para quien visita Cuenca. El recorrido está muy bien adaptado para todo tipo de excursionistas y, la verdad, que una pasada ver el agua congelada en forma de cascada. La Kira y yo nos dimos un buen paseo por el entorno y hay que reconocer que es una zona preciosa. Con razón tiene ganada su fama.

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13- Ventano del Diablo

Parada indispensable si coges la carretera de la Sierra. Las vistas son una pasada, porque a un lado tienes la inmensidad de Villalba y, al otro, contrasta con la angostura del Barranco del Júcar. Resulta un lugar muy curioso con su cueva-mirador.

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14- Piscina natural de Cañamares

A falta de playas, en esta provincia se aprovechan todos los cursos de agua naturales para hacer playas o piscinas, es decir, para sacar partido a las zonas de baño que se encuentran en sus ríos. Ejemplo de ello es esta piscina del Río Escabas, donde nos dimos el verano pasado unos chapuzones bien merecidos.

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15- La Sanfran y el Barrio del Castillo

La calle San Francisco de Cuenca capital es una de las más célebres para tapear. Variedad de bares y ambientillo, tan necesario e indispensable en cualquier ciudad española que se precie. Por otro lado, si queréis trasladaros a otros tiempos más medievales y seguir disfrutando del buen comer, la zona del Barrio del Castillo también es propicia para nutrir el cuerpo serrano a base de tapeo.

Si hablamos de lo que hay que degustar en Cuenca, morteruelo, ajo arriero, resolí, alajú, zarajo… Hacen las delicias de cualquier paladar. Aunque yo, si tuviera que quedarme con uno, apuesto por el morteruelo de La Ponderosa en la Sanfran y por el del Restaurante los Callejones en Las Majadas. ¡Qué rico, madre mía!

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Ración de morteruelo en Las Majadas

16- Puente de San Pablo

El Río Huécar es el accidente geográfico causante de una construcción tan impresionante. Si bien es cierto que por el día se ve inmenso, por la noche, iluminado en amarillos y naranjas, cobra una energía digna del mejor cuento de brujas. A mí que me encantan las alturas, me chiflan las vistas desde este puente, y me lo paso aún mejor si voy con alguien a quien le da miedo estar suspendido en el aire. Muajajajaja.

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17- Cerro del Socorro

Desde este cerro coronado por el Sagrado Corazón de Jesús, se tiene una de las mejores panorámicas de la ciudad de Cuenca. Tuve la suerte de sobrevivir a su subida a pie en pleno verano (al borde del infartito quedé con la cuestita) y también fui a él en coche. He de decir que, si estás en forma, tardas menos yendo a pie que en coche.

18- Barrio de San Martín

Desde el primer paseo que di por Cuenca me llamaron muchísimo la atención estas construcciones. De hecho, me he quedado con las ganas de dibujarlo, porque la imagen la tengo en la cabeza, a ver si me animo. Sus característicos edificios son llamados “rascacielos”, pues por una calle alcanzan unas cinco o seis alturas, sin embargo, por la cara que a mí me encanta, llegan a los ocho o nueve pisos. Son la excepción a la norma, pues se construyen de arriba a abajo. Como lo oís. La ciudad, a la hora de crecer, aprovechaba todas las posibilidades que le ofrecía su orografía, y construir por la escarpada pared hacia abajo no resultó del todo descabellado.

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19- Calle de los Tintes

Vestigio del esplendor textil en Cuenca gracias a la industria de la lana, esta calle es donde teñían la materia prima obtenida de las ovejas. Dar un paseo por ella al final del día es super relajante. Está llena de gatitos que te miran desde el otro lado del Río Huécar y los patitos son todo un espectáculo río arriba y río abajo.

20- Los miradores de la Hoz del Júcar

Subía en verano a estudiar a alguno de ellos hasta que el calor ya empezaba a apretar. Mientras, a veces me distraía con las historias conquenses que contaban los guías que pasaban delante de mí con los grupos de turistas. Allí arriba intentaba sentirme parte de la ciudad ocupando sus rincones, con esas vistas tan características de Cuenca y su hoz. Además, inquietantes, los Ojos de la Mora siempre estaban ahí.

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21- Paseo por la Hoz del Júcar

Habíamos comentado unos puntos antes el paseo hasta la Ermita de San Julián. Así que si nos vamos a la parte de abajo de esta ruta, podremos recorrer la Hoz del Júcar a orillas del río. El paseo habilitado está super bien y yo tengo llegado hasta algo más allá de la Presa de las Grajas, pero me consta que va hasta Valdecabras mínimo.

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22- Calle Alfonso VIII

Es una de las calles más coloridas y a partir de la que se articula todo el casco antiguo. Los azules, amarillos y rojos van adornado la vista mientras a ti se te sale el hígado por la boca, porque también es una calle muy representativa de lo que es Cuenca, una gigante cuesta en sí misma. Estoy segura de que los conquenses han tenido que desarrollar unos gemelos megalodónticos para poder sobrevivir a las cuestas del casco antiguo.

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23- Catedral

Primera catedral gótica de Castilla en comenzar a construirse, tiene por nombre Catedral de Santa María y de San Julián. La historia de su fachada es digna de telenovela con todos los altibajos que padece la pobre. Los conciertos de órgano son geniales y de las visitas nocturnas ya no os digo nada. La crème de la crème. Cuando vayáis, aunque sea verano, os recomiendo una rebequita, que está muy fresco en ella.

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24- Plaza de Torremangana

Me gusta mucho asomarme al mirador que supone esta plaza y dejar que el viento me dé en la cara mientras veo las vistas de la ciudad y de la Hoz del Júcar. Cuando un rosal que hay en ella está en flor, queda una foto de super postureo.

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25- Museos de Cuenca

Cuenca se ubica en el podium en cuanto a museos, ya que es la ciudad española con más museos por habitante. Yo creo que no me falta ninguno por pisar y la verdad que son todos extraordinarios. Se nota que es una ciudad que vive completamente orientada al turismo y, sinceramente, para lo pequeña que es, la oferta museística es muy buena y de mucha calidad. Los recomiendo todos sin excepción, porque cada uno tiene su encanto y en todos uno aprende y se cultiva.

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Una de las ventanas de la Casa Zavala o Fundación Antonio Saura

26- Casas Colgadas

La colección más importante de España en cuanto a arte abstracto se encuentra en estas famosas construcciones. Colgadas, que no colgantes (no os ganéis de forma gratuita la furia de algún conquense), son tan importantes porque suponen de los pocos restos de arquitectura civil edieval conservados hoy en día. Además, también las caracterizan sus balcones, pues el resto de casas no presentan estas balconadas.

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27- Bocadillo del El Gamberro

Uno de los placeres de la vida que tiene que probar todo ser viviente que pase por Cuenca. Del tamaño de un jabalí, sus bocadillos son un manjar maravilloso y sus pizzas no se quedan atrás. El roiboos mojito, su infusión estrella.

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28- El último punto son los 28 años que cumplo y los dejo para todo lo que me queda por hacer aquí. Las Pozas de Palomera, la Ruta de las Caras de Buendía, Belmonte y su castillo, Alarcón, la Ruta de la Lana, la Ruta del Mimbre, el Acueducto de Cuenca ciudad, Valeria, Segóbriga, Noheda y su mosaico, seguir paseando por Sotos… Y, sobre todo, seguir manteniendo las buenas amistades que hice aquí.