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Mis alumnos dan más miedo que Halloween

Confirmo que mis alumnos, su comportamiento y su actitud dan más miedo que una historia de terror. Y a veces creo que no exagero.

No sé si les pasa a los demás profesores, tanto en Francia, como en España o en el mundo entero. Pero yo escribo en el encerado y digo que lo copien en sus cuadernos y no copian ni aunque les paguen. Lo digo entre 3 y 5 veces mínimo, y eso se convierte en una orden dada entre 6 y 10 veces, ya que lo digo tanto en francés como en español. Anotad, notez, copiad, copiez, escribid, écrivez… Y todo así… Y todavía se quedan todos sorprendidos a la tercera o cuarta vez y me preguntan si lo que hay en la pizarra hay que copiarlo. Pues sí alma de cántaro. Ye pa ti, no pa mí. Que yo ya lo sé…

Me alucina mucho que no escuchan nada. Por ejemplo, les digo que el ejercicio lo recojo y cuenta para nota y estoy terminando de decirlo y alguien levanta la mano. Mais… C’est noté? Cojones, acabo de terminar de decir que c’est noté!!!!!!!!! Y así con todo…

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Luego me flipa que con 15 años son súper dependientes. Que con qué bolígrafo escriben. Que si tienen que dejar espacios en el cuaderno. Que si pueden pegar la fotocopia en la libreta, etc. Y yo me digo pa mí, y a veces no tan para mí… ¿Y a mí qué me importa? Administra tu cuaderno como tú quieras, hay que ser mayor y comportarse como mayores.

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Odio el típex. Lo prohibiría. De hecho la siguiente vez que tenga la oportunidad voy a plantear su eliminación del planeta… Bueno, de mi colegio al menos. Con eso me conformo. Vamos a ver adorados padres. Si les compráis a vuestros fantásticos retoños un típex con una cinta de unos 5 metros… ¿Alguien me puede explicar cómo es posible que en menos de un mes ya esté gastado? Y gastado en el mejor de los casos, porque normalmente los destruyen. Se dedican en clase a tirar de la cinta… Y sin cortarse un pelo. Como si estuvieran tirando confeti en la Cabalgata de Reyes… Llevo tantos típex arrancados de esas “manitas de ángel” que si me dieran un premio por cada uno que confisco sería la persona más premiada del lugar.

Una cosa que no entiendo por más que lo intente y me esfuerce en ello es el tema del proyector. Mis alumnos tienen entre 11 y 15 años. Es decir, que simplemente con ver una pantalla encendida ya deberían de quedar absorbidos por completo. Pues con una de las clases de 11 años no es así queridos amigos… Les puse un vídeo precioso sobre Asturias y nada. Estoy de acuerdo en que la música igual no es la mejor para niños tan pequeños, pero a mí me gusta mucho. Y respecto a las imágenes… Muchos de ellos no han visto la playa ni el mar en su vida. Os recuerdo que viven en el interior del país. Además sale gente haciendo actividades de aventura. En el resto de las clases se partieron de la risa cuando la canoa volcó. Me preguntaron que en cuál de esos sitios vivía yo, etc., etc. Es decir, afloró la curiosidad propia de la edad. Excepto en ese grupo en concreto… Que algunos hasta le dieron la espalda al proyector… Increíble.

Les puse también el vídeo del Toro Ferdinando. Ganador de sus premios Óscar y todo, portador de la cultura española desde una visión de la no violencia (y eso que son toros y es un corto de 1938). Pues nada. A su puta bola. Y eso que íbamos comentándolo y todo, pero nada. Sólo participaron unos pocos. El resto en la luna.

Les puse la canción de La gozadera de Gente de Zona. Bah, una canción súper actual, con buen rollo y una canción ideal para trabajar el tema de los países y de las nacionalidades en América. Y diréis, fue el desmadre porque todos se pusieron a bailar y a hacer el tonto con la canción. Pues no queridos amigos, a este grupo en concreto con 11 añitos les pones una canción molona para su edad y se ponen a hablar entre ellos y ya. A la mierda la canción. En los otros grupos intentaron cantarla, intentaron sacar todos los países y nacionalidades que había, si el proyector funcionaba les ponía el vídeo e intentaban hacer el baile de la cabeza… Es decir, reacciones normales para niños, excepto ese grupo en concreto.

Una actividad sobre los días de la semana que sólo hice con los grupos de 11 años consistía en una canción para aprender los días. El primer grupo quedó apasionado con la canción. Era súper fácil y todos acabaron cantándola y pidiéndome que la repitiera una y otra vez. Pues el grupo que no hay por dónde cogerlo como si oyera llover. Es que de verdad, me parece increíble la capacidad que tienen para que les resbale todo.

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Todos los profesores dicen que son la pesadilla de este año. Y que el año pasado que también eran telita marinera. Y yo les pido consejos porque es mi primer año de enseñanza y no sé muy bien cómo desenvolverme ante tanto pasotismo. Y todos me responden lo mismo, punir, punir, punir. Es decir, castigar, castigar, castigar. No sé, si éste es el segundo año que hacéis lo mismo y cada vez van a peor a pesar de tener 11 años… Es que algo no funciona con el súper método… Yo he de decir que conmigo cada vez van a mejor, pero a pasos de hormiguita, que menos es nada. Pero son el grupo más difícil que tengo en cuanto a conseguir captar su atención.

Voy a intentar crear actividades más lúdicas y dinámicas con las que puedan aprender y si les pongo vídeos o canciones las voy a poner en el volumen justo para que tengan que esmerarse en escuchar. Porque ya tengo comprobado que como ponga la música alta… Adiós que te vaya bien.

Y luego tengo otro grupo que no me está empezando a gustar. Es de los de 15 años… Todavía no es primavera y tienen las hormonas en plena efervescencia. Y están empezando a mostrar quién es el más machito y quién es la más diva cuando no tienen que hacerlo, es decir, en clase. Os podéis hacer una idea del percal… A una mala tienen una tutora excelente que está todo el tiempo encima de ellos y metiendo caña y ya han llegado a tal punto de tontería mezclada con falta de respeto hacia todo el equipo de profesores que les impartimos clases, yo incluida, que su tutora ha decidido crear un plan de seguimiento de esa clase y hacer constancia de ello a sus padres y responsables. Yo no soy muy consciente del alcance del plan de seguimiento, pero debe de ser algo muy chunguele, porque todo el mundo ha quedado de piedra. Pero bueno, creo que lo que importa es que los alumnos queden de piedra, no los profes.

No sé muy bien qué más contaros. Parece una entrada un tanto negativa en la que sólo se ven los errores. Pero en realidad también hay muchas cosas buenas. Ves cómo cada día crecen tanto física como mentalmente. Van utilizando poco a poco el español. En las redacciones que me escriben me cuentan sus cosas y algunos son muy ricos. Luego ves perfectamente a quién le caes bien y vienen a contarte sus cosas en el pasillo. Y unos cuantos ya me van diciendo que hablo mucho mejor el francés que cuando llegué. No sé si es por hacer peloteo, pero me presta mogollón, je, je, je. Y bueno, hay días que es una de cal y otra de arena.

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Quería contaros las cosas malas porque son las que quiero cambiar e igual hay por aquí algún lector majo que me dé la varita mágica con un super consejo para poder arreglar la situación.

¡Ya me diréis si alguno de vosotros porta esa varita!

 

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Aspiraciones docentes

Yo no sé cuáles serán las aspiraciones de los demás compañeros de profesión, pero yo tengo una pequeña lista muy clara a la que aspirar:

  • Respeto
  • Confianza
  • Voluntad
  • Dar lo mejor de mí misma en el aula
  • Conseguir que disfruten mis clases para que aprendan mucho

Otros profesores que he visto, tienen por meta finalizar el temario, conseguir x media en cuanto a las calificaciones del aula, mantener la clase en silencio más de veinte minutos, impartir el tema como si se fuese un genio sin contar con que los alumnos pueden no entenderlo así, dar a Fulanito el castigo que más le fastidie, tenerlos como velas, llegar a una confianza como si fueran amigos de toda la vida…

Para mí la base de un buen trabajo en el aula reside en el respeto. Si nos respetamos entre todos habrá un buen ambiente de trabajo, el clima será el propicio para aprender y tanto el profesor como los alumnos jugarán su papel y no cambiarán el rol.

Si se cumple con el respeto nos llevará a la confianza, porque como la clase será cómoda y afable el profesor invertirá de buena gana todos sus conocimientos y herramientas para sus alumnos y ellos recibirán la información abiertamente, sin cerrarse en sí mismos ni poner obstáculos para interrumpir al profesor, a la clase o a sí mismos.

Si tenemos trabajado tanto el respeto como la confianza habrá voluntad por sacar el curso adelante por parte del profesor y de los propios alumnos. Ambas partes serán más receptivas a la hora de mejorar, aplicar cambios, resolver problemas o sobrellevar la convivencia en el aula.

Estos tres factores, respeto, confianza y voluntad, se encuentran interrelacionados y albergan como resultado que el profesor dé lo mejor de sí mismo a la hora de impartir las clases y de establecer las relaciones con los diferentes alumnos y, a la par, tanto el profesor como los alumnos van a disfrutar más provechosamente de unas clases en las que se encuentra patente el respeto, la confianza y la voluntad por aprender y por no molestar durante el desarrollo de las clases. En un ambiente tan idílico como el que estoy planteando (una cosa es la teoría y otra la práctica) los alumnos aprenden mucho, les resulta menos dificultoso adquirir los conocimientos porque se sienten cómodos y están más propensos a continuar aprendiendo.

Todo esto me recuerda a la película Escuela de Rock pero en versión más formal =) O esta lista que hizo alguien por Internet de profesores geniales, ¿qué entendéis vosotros por profesor genial?

¿Cuáles son vuestras metas?

¿Cómo sería vuestra clase ideal?

Os leo en los comentarios.