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Un monstruo viene a verme, Patrick Ness

Ha sido una lectura increíble.
Reconozco que al haber visto la película hace unos años ya tenía el sesgo activado, aunque he de decir que no afectó casi nada a mi vivencia de esta historia.

Yo interpreté Un monstruo viene a verme como un viaje de introspección ante la enfermedad de un ser querido. Y no solo un niño actúa así ante una situación difícil. Todos en algún momento hemos querido mirar a otro lado, hemos querido creer, hemos querido encontrar cualquier alternativa… No hemos sabido gestionar nuestras emociones, no hemos sabido poner nombre ni verbalizar todos aquellos pensamientos que nos rondan, que nos quitan el sueño y que hasta nos asustan.

Muchas veces la ansiedad, la angustia, la presión, la tensión, el estrés… Nos ahogan y toman forma en nuestro subconsciente. El mundo de los sueños se vuelve realmente tangible. Hasta llegar el momento en que uno se planta cara a cara frente a la verdad y, al asumirla, comienza el proceso de sanación, de autocuidado, de recuperación de uno mismo.

En la novela, los saltos entre el mundo de los sueños y la realidad son muy bruscos, incluso a veces, algo torpes. Independientemente de ello, no creo que se vea interrumpida en ningún momento la lectura. Incluso esa «torpeza» ayuda a recrear aún más ese escenario que vive aquella persona que actúa de cuidador sin recursos para aliviar al enfermo.

Recomiendo totalmente esta lectura, a pesar de que muestre la cara más humana del ser humano.

El corazón helado, Almudena Grandes

Yo he visto el miedo a hablar del pasado en unos ojos muy oscuros, unos ojos casi negros. Esa mirada llena de horror pertenecía a mi bisabuela.
Unas veces, sin decir yo nada, me contaba historias de la guerra. Otras, respondía a mis preguntas. Pero había otras veces en que su mirada iba acompañada de palabras que pedían por favor que no la hiciera hablar de aquello. Me pedía no tener que decir en voz alta un momento concreto que había vivido allá por el tan cercano y tan lejano siglo XX.

Qué necesario es que personas como Almudena Grandes se hayan documentado y hayan querido reflejar las infinitas historias e intrahistorias de las caras más inhóspitas del ser humano. Concretamente, de personas en la guerra. Personas en la miseria que dejan de ser personas para convertirse en cuerpos que sobreviven y ya.

Yo escuché de primera mano el ruido de los aviones sobrevolando la población, las escapadas a otras zonas, el frente de Teruel, las cartas en clave a la cárcel para poder enviar noticias… Una lástima que no sabían escribir o leer. Todavía recuerdo escuchar un montón de veces la palabra estraperlo. ¿Qué significaría un palabro tan raro? Hasta que por fin un día me enteré de que estraperlo, en mi casa, iba a ser esconder la comida entre la ropa que se llevaba a lavar. También escuché de primera mano el compartir los vales de racionamiento como buenamente se podía. Que el chocolate era rarísimo. Y que si se tenia que ir un poco más justo de la cuenta, se cocinaba un gato. Las denuncias a vecinos, con su afeitado de cabeza correspondiente en el mejor de los casos. La dinamita en un pozo. Pedir que te entierren con tus amigos.

Cuando ya empecé a ser más mayor y más consciente, alguna que otra vez pensé en escribir aquello que me contaba mi bisabuela. Pero siempre lo fui dejando pasar y ahora ya no hay marcha atrás. Por eso es tan importante la labor de escritores como Almudena Grandes. Para que no se olvide lo que fuimos, que es por lo que somos.

En cuanto a El corazón helado, lo primero que me llamó la atención fue la forma en que Grandes utiliza la repetición. Es de una maestría su prosa en general…

Lo que más me impactó es que es el primer escritor que leo que logra plasmar pensamientos simultáneos de manera fluida y lograda. Nunca lo había visto y dudaba de que alguien lo pudiera hacer bien. Sin embargo, Almudena lo logró y me encantó leerlo.

En cuanto al contenido, uf, uf y uf. Son tantas las historias que cuenta… Que imagino que la realidad supera a la ficción y por mucho que esté novelado, la realidad palpita detrás. Me dejó completamente tocada la forma tan humana, que no quiere decir ni romántica, ni idealizada, sino cruda, como el propio ser humano, de relatar lo vivido en los campos de concentración. Las marchas. Los «paseos». Las huidas. Los logros y las miserias. El Exilio. Al fin y al cabo, la supervivencia.

Recomiendo su lectura. Para mí pesa más la parte directamente relacionada con la guerra que el intento del protagonista de descubrir quién fue su padre a través de las distintas personas que lo conocieron.

Obélix y compañía, Goscinny y Uderzo

Obélix y compañía acaba de ser volver a la felicidad. Si pensabas que iba a decir volver a la infancia, estás equivocado. Tener al alcance los bocadillos de Goscinny y las ilustraciones de Uderzo es una auténtica maravilla que no entiende de edades.


Hace cuatro años que no leía las andanzas de estos galos y, desde luego, es toda una aventura adentrarse en sus páginas.
No me acordaba de la gran expresividad de los rostros de estos entrañables personajes ni del ingenio que encarnan los geniales nombres de Cayo Coyuntural, Linguistix, Trastiendix, Gambalaplanchix, Radiotelegráfix o Cocidomadrilenix, entre otros muchos.


Los menhires, los jabalíes, el sorbito de poción mágica, las excursiones al bosque, las trifulcas con los romanos o entre los propios vecinos del reducto galo… Ha sido una experiencia muy entrañable volver a recordar todas las genialidades de este mundo tan fantástico y completo que crearon Goscinny y Uderzo.


En el cómic que nos hace recordar tan buenos momentos de lectura, vemos cómo Obélix es «engañado» por un romano que pretende introducir el capitalismo en el pueblecito galo. La finalidad es acabar con la resistencia gala en el imperio poniéndoles al alcance de la mano el dinero y la avaricia. Los menhires se vuelven el objeto económico estrella del reducto de bárbaros y el sistema capitalista es duramente satirizado en las múltiples viñetas de estos genios del tebeo.


Si queréis reíros con la cantidad de puntazos que destilan las páginas de esta lectura, no tenéis más que ir al año 50 antes de Jesucristo. «Toda la Galia está ocupada por los romanos… ¿Toda? ¡No! Una aldea poblada por irreductibles galos resiste todavía y siempre al invasor. Y la vida no es fácil para las guarniciones de legionarios romanos en los reducidos campamentos de Babaórum, Acuárium, Laudánum y Petibónum…»

El nuevo Pinocho, Christine Nöstlinger

Terrible lectura. Todos los personajes son a cada cual más insoportable.
Gracias al mundo Disney tenía una visión más azucarada del asunto. Sin embargo, esta versión de Christine Nöstlinger del clásico de Pinocho ha sido una lectura harto incómoda, molesta e irritante.


Gepetto, un viejo desagradable que no sabe hacerse cargo de su hijo. Y, después de todos los problemas que le da Pinocho, acaba siendo él quien se los da al muñeco de madera con una actitud inmadura y catastrofista.


El Hada Turquesa tiene poderes para lo que le viene en gana. Y es una egoísta al poner a todo el mundo bajo sus órdenes para ir en busca de Pinocho. Que lo busque ella, que es la única que lo quiere y, precisamente, no como amigo. Hay alguna que otra escena que, incluso, me parece que tiene cierto toque sexualizado. En un libro infantil… Ejem, ejem…


El Gato y el Zorro muestran lo más bajo en cuanto a honor, lealtad, fidelidad, moral… No entiendo por qué a Pinocho se le muestra defensor de una amistad tan mezquina. Porque, a pesar de ser consciente de que Gato y Zorro lo traicionan, él sigue ahí con ellos.


Pinocho es el que menos se salva. Avaricioso, así tiene los problemas que tiene con Gato y Zorro. Lo de presentar a un niño (de madera) como avaro me parece muy fuerte.
Es un desobediente redomado. No hace caso de nadie. Tanto que quiere a su padre y al hada y no hace más que preocuparlos, pasar de ellos y vacilarlos una y otra vez con toda la desfachatez del mundo.
Es un incrédulo que no tiene más que pájaros en la cabeza. El pasaje del mundo de los juguetes… Uf… Es tal despropósito de la zanganería, la juerga y la pereza, que mostrar ese ambiente tan desmesurado…, no sé cómo lo puede interpretar un lector infantil para saber que no ha de seguir los caminos fáciles sin responsabilidades ni deberes.


El Grillo es como una piedra clavándose en un zapato… Para desalentar a Pinocho de sus malas decisiones se expresa como un libro cerrado. Con razón el otro no le hace ningún caso. Que es lo mismo que le pasa al Burro. Que si le habla en esperanto o sefardí al títere igual es más claro en su discurso…


La Babosa, el Atún y el Perro son los personajes que más me gustaron. Mostraron los tres actitudes muy nobles, maduras y respetuosas, además de explicar abiertamente lo que querían hacer o decir.


El nuevo Pinocho tiene alguna que otra licencia literaria, aunque básicamente es la historia del títere de madera tal cual; con el pero de que los personajes son altamente irritantes hacia sus pobres lectores.

Obviamente, me queda pendiente leer al Pinocho original. A ver si le aplico un pequeño indulto, porque a este le tengo puesta la cruz.


Finalmente, he de apuntar que las ilustraciones de Nikolaus Heidelbach están muy logradas.

Robinson Crusoe, Daniel Defoe

Creo que este gran clásico de la literatura universal se puede resumir en una palabra: resiliencia.

«La resiliencia o entereza es la capacidad para adaptarse a las situaciones adversas con resultados positivos» reza la definición de este palabro tan de moda en nuestros días.
El náufrago más conocido de la historia, nuestro Robinson Crusoe, supera toda una serie de dificultades haciendo que el lector participe de la experiencia vital de la mayor de las soledades.

Cuando a uno le hacen la típica pregunta de: ¿y tú qué llevarías a una isla desierta? Antes de responder yo recomendaría atender las reflexiones de Robinson, quien pasa por todas las etapas adaptativas en una situación tan devastadora y adversa.

Como lectores, vemos cómo se sobrepone a la ardua tarea del acopio de materiales, cómo se hace agricultor, cómo domestica los animales, como construye su casa y crea un hogar, cómo se refugia en Dios, cómo ansía la libertad a la par que teme salir de sus dominios… Una vez que aparecen otras personas, se le plantean dualidades ético-morales… La novela, más que ser de aventuras, es un diálogo interior donde el autocuidado y la constancia priman por encima de todas las cosas .

Y si yo tuviera que llevar algo a una isla desierta, sería el tenor y la constancia de este personaje para no abandonarse a sí mismo.

La ciudad del viento, Stefania Gil

Es una historia de Stefania Gil cortita y con mucho gancho, donde la acción de la novela está superconcentrada.

El principio es un poco engorroso con tanto nombre sin contextualizar, sin embargo, al par de párrafos ya se vuelve todo coherente y asequible. He de decir que esto es «culpa mía», pues estamos ante el cuarto libro de una saga sobre arcángeles. Aunque yo lo leí suelto, sin saber nada de los otros libros hasta que no lo acabé, se lee sin necesidad de tener los otros relatos.

En la sinopsis esta obra está catalogada como romance sobrenatural. Cierto es que los protagonistas se aman y que son seres sobrenaturales. Nunca había oído hablar de este subgénero y me hace gracia.

El final abierto me gustó mucho, además de que me resultó inesperado. Creo que da para escribir otra pequeña historia y, obviamente, la hay. Sería el quinto y último libro de la saga.

La lectura me recordó a estar leyendo un capítulo de la serie Embrujadas y he de reconocer que me entretuvo mucho. Para salir de un parón lector está genial esta lectura, porque se lee muy fácilmente y al ser breve se disfruta del tirón.

Guerra sin armas: Porque sí hay invasiones venturosas, Nickole Naihaus

El primer capítulo ya es para abandonar la lectura. Se nota a la legua que la autora sabe escribir diálogos con mucha destreza, sin embargo, al no centrar el contenido de las conversaciones y que sus personajes hablan sobre cosas que no aportan nada a la trama, hace que se vuelva una lectura catastrófica.

El segundo capítulo parece que centra un poco el foco narrativo pero acaba quedándose lejos. Los personajes vuelven a perderse en conversaciones que no aportan nada al transcurso de la historia.

Da la impresión de que la autora quiere hacer ver la relación que tenían todos con el personaje femenino principal, pero no lo consigue, porque aporta tanto detalle a través de diálogos que solo aboca al aburrimiento y a pensar, como lector, en cuándo dejarán de hablar para que pueda pasar algo.

En el tercer capítulo encontramos un claro ejemplo de las contradicciones que se dan a lo largo del libro, pues son tantos los detalles en esas conversaciones, que a veces resultan incoherentes.
Ejemplo. El protagonista se entera el último día de que una de sus pacientes más especiales es historiadora. Y más tarde el narrador nos cuenta que es importante para el protagonista que sea historiadora porque es reflejo de su novia. Entonces, ¿sabía o no sabía la profesión de esta paciente? Que por cierto, la paciente en cuestión es el único personaje con el que conecté un poco. Con el resto de personajes de la novela me es imposible empatizar y hasta me caen mal de lo ineptos que me parecen y de lo recargado que es su vocabulario en cuanto a apelativos cariñosos.

En este tercer capítulo ya se sabe al 100% lo que se intuía al comienzo, que es que la protagonista rompe su relación amorosa con el otro protagonista. Creo que es sobre lo que tiene que versar la narración. Sin embargo, se necesitan dos capítulos para que el hombre se entere de que su novia lo dejó, porque hay tanta paja que se hace eterno llegar al asunto.

En teoría de la ficción literaria se habla de lo verosímil y lo inverosímil. En un cuento de hadas es creíble la magia, en cambio, en un manual de aviación la magia no tiene cabida. Es inverosímil. Pues para mí esta historia ya es completamente inverosímil en el tercer capítulo, porque, de acuerdo al contexto que crea la autora, es altamente improbable que nadie tenga la reacción del protagonista, que es no enterarse de que su novia lo dejó, cuando hace una semana que no sabe nada de ella y que esta última retiró todas sus pertenencias del hogar que ambos compartían.

Cuarto capítulo. Se ahonda en conocer al protagonista y a sus amigos y valía más no saber de ellos. «Mira que todo hombre merece un buen par de tetas donde meter la cara.» «[Las mujeres como] trofeos para mostrar.» «Estamos en la universidad y ya no es solo cuestión de quitarle la virginidad a una adolescente». Son algunas de las frases más claras en cuanto al machismo que desprende esta lectura. La protagonista bien delicada y de Disney con sus figuritas y adornos y el protagonista el machito guapo y atractivo que solo tiene rollos de una noche. El resto de personajes femeninos se presentan como figuras super agresivas, histéricas y desequilibradas. En cambio, los hombres se muestran como todo un portento de la sexualidad y de la moderación racional frente a la mujer. Es que no hay por dónde cogerlos. Encima no te enteras de quién es nadie porque son nombres super parecidos. David, Daniel, Miguel, Amelia, Gabriela… Señor… Anda que no hay nombres en el santoral que no suenen igual.

En mi opinión, sobra todo. He seguido leyendo los capítulos pero no creo que tenga mucho más que añadir. La idea de contar una historia de una ruptura a través de las vivencias de los conocidos de la pareja está muy bien, pero llevada así a la práctica hace aguas por todas partes. Es una lectura engorrosa, en la que se dan de continuo datos que no aportan nada al contenido de la historia y la trama no avanza absolutamente nada. La chica deja al chico y los amigos hablan con el chico. Fin. No hay más.

La cuenta atrás para el verano, La Vecina Rubia

Una oda a la amistad. Eso es lo que ha sido para mí leer la primera novela de La Vecina Rubia.
El toque autobiográfico hace que dé la impresión de que es una amiga contándote las diferentes experiencias y personas que van marcando su vida. Además, en muchas de las aventuras te sientes identificada, si no es porque lo has vivido, es porque empatizas con los personajes.

Al leerlo te quedas con las ganas de recuperar todas las amistades que han formado parte de tu vida y, quizás, te deja un regusto de melancolía por esas buenas épocas ya pasadas.

Pensaba que iba a leer la novela de una sentada, pero fueron demasiados inputs que digerir. La autora quiere reflejar todo lo que es relevante y tantos detalles y tantas cargas de significado en todo a mí me saturaron un poco y dosifiqué la lectura mucho más de lo que pensaba.

El final me encantó y, si hay una segunda parte, también me haré con ella. Volvería a leer a esta rubia.

Me consta que entre las amigas del chat están poniendo su granito de arena para que las siguientes ediciones salgan sin errores. Yo me hice con la primera edición y, además de algunos cuantos leísmos, hay alguna errata por ahí que imagino que ya no estará en las siguientes ediciones.

Con mi abuelo aprendí que un libro no es sólo el texto o la cubierta, sino que también aportan los detalles de la portada, el colofón, los créditos o las referencias. En La cuenta atrás para el verano no se escapa ni un detalle en estas otras partes del libro y, donde menos te lo esperas, esconde algún guiño.

Y aquí viene lo mejor de todo. La propia Vecina Rubia ha sacado un poquito de su tiempo en redes para responder a mi reseña en el Club de Lectura con Brilli Brilli. Me he quedado flipando. No soy de admirar a nadie que no sea de mi círculo más estrecho, familia, amigos o buenos compañeros de trabajo. Pero esta chica es la excepción a la norma, con ese corazón que mide claramente más de 1’60 y sin redondear, es imposible no sentirse parte de su comunidad: el chat de amigas.

@clubdelecturaconbrillibrilli

El pintor de Flandes, Rosa Ribas

El armazón de esta novela es la pintura de la Degollación de San Juan Bautista y banquete de Herodes. Este cuadro es real y se encuentra expuesto en el Museo del Prado.
Gracias a la creación de la pintura en El pintor de Flandes, se nos van contando las aventuras que viven su protagonista, Van Dick; el conde de Villamediana y sus sirvientes; diferentes personajes de la Corte y de la realeza…

Degollación de San Juan Bautista y banquete de Herodes, Strobel el Joven.

Al principio, el protagonista, Van Dick, no me gustó nada. Afortunadamente, una gran evolución en su personalidad se desarrolla a lo largo de la novela.
Complejo de inferioridad, siempre comparándose negativamente, inseguridades, deseos banales como el éxito y la fama, empequeñecido, dependiente… Por suerte, todo ello va quedando a un lado cuando nuestro protagonista pintor va desarrollando su obra. A medida que pinta y avanza en su cuadro, también se va fortaleciendo su personalidad.

Por otro lado, gracias al proceso de elaboración de la pintura, conocemos gran cantidad de personalidades de la época barroca en España y entramos en contacto con la pintura flamenca de la época. Arte e intriga palaciega se dan la mano para traernos esta buena lectura de entretenimiento.

No es nada nuevo novelar aventuras palaciegas con base histórica, sin embargo, los detalles que tiene Rosa Ribas a la hora de narrarlo comportan muchos puntos de originalidad en cuanto a contenido. Además, logra hasta el final de la lectura mantener el suspense acerca del objetivo de pintar La degollación. No me pareció nada intuitivo ni previsible, casi todo lo descubrí en cuanto lo leía y no antes. Así que en ningún momento te aburre y te mantiene en toda ocasión atento.

El único pero es que al principio la redacción es un tanto tosca al intercalar tiempo pasado y tiempo presente, sin embargo, a medida que avanza uno en la lectura, la autora va puliendo la técnica y se vuelven mucho más claros los tiempos de la narración.

Es tan vivo cómo se cuenta el proceso de creación del cuadro, que yo no necesité hasta las últimas hojas buscar la foto del lienzo de La degollación de San Juan Bautista y banquete de Herodes. Fui recreando en mi imaginación cada parte del cuadro que se describe. Y creo que es así como ha de leerse, esperando casi al final a buscar la foto del lienzo original. A mí me sorprendió que, lo que yo imaginé a lo largo de la lectura, se correspondía en su gran mayoría con el cuadro real.

La cena secreta, Javier Sierra

El padre Leyre, un inquisidor dominico, aprovecha sus últimos días para contarnos su mayor aventura vital mientras pudo trabajar para el Santo Oficio.

El escenario será el Milán del siglo XV y la trama se desarrollará con múltiples personajes históricos, entre ellos el afamado Leonardo da Vinci, la duquesa de Milán, Beatrice d’Este, el gobernador de Florencia, Cosme el Viejo, y un largo etcétera.

A quienes les guste la historia del arte verán que Javier Sierra se documenta fuertemente tanto en el elemento articulador de su novela, La última cena de Vinci, como en la vida de los diferentes artistas y mecenas que aparecen en la historia. También es fiel a la hora de mostrarnos la sociedad renacentista, la Orden de Santo Domingo, la comunidad cátara… Para mí, este libro es una forma de adentrarnos en el siglo XV de forma amena y comprensible por todos.

Los enigmas que atribuye da Vinci a su pintura del Cenacolo van resolviéndose a lo largo que avanzamos en la lectura, dándonos a conocer el mundo de la criptología y las dos iglesias, la de San Pedro y la de Juan y María Magdalena.

Aunque el libro tenga, tanto en su portada como en su interior, una imagen de La última cena, son numerosas las obras que se mencionan del maestro Leonardo. Así que recomiendo que, aunque ya las conozcáis, las volváis a contemplar a medida que van siendo nombradas en la lectura. Los detalles pictóricos complementan todo lo narrado.

El único pero que le encuentro es que el final es un poco precipitado en comparación con el desarrollo de toda la acción anterior. Si antes tardaba varios capítulos en ir resolviendo enigmas, en el final lo resuelve todo «a la vez» y parece que no da tiempo a digerir tanta información entre tanto personaje. Con todo, disfruté de la lectura de La cena secreta.

Me quedo con la siguiente frase: «No debería preocuparte llegar a la meta, Marco. Ocúpate solo de recorrer el camino.«