Archivos Mensuales: diciembre 2020

Babieca, caballo del Cid Campeador

Dentro del imaginario colectivo español tenemos a un personaje histórico-literario por excelencia, el Cid Campeador, quien iba acompañado por su caballo Babieca.

Burgos, como buena tierra por la que pasa este caballero medieval castellano, muestra en sus calles y museos multitud de representaciones de Rodrigo Díaz de Vivar con su corcel y, la casualidad ha querido que el equino presente atributos masculinos cuando, en verdad, Babieca es una yegua.

Una vez que ya tenemos aclarada la base, parece ser que Babieca fue una yegua de capa torda que el Cid ganó al mismísimo Rey de Sevilla. Aunque para mí, lo que se nos queda a los alumnos cuando estudiamos al Cid en el instituto es la historia de que, una vez que fallece el Campeador, este sigue ganando batallas a lomos de Babieca porque a alguien, se presume que a su mujer doña Jimena, se le ocurre sujetarlo a la montura y echar al caballo a galopar por ahí, aumentando así la moral de las tropas castellanas y atemorizando a las musulmanas.

Si ya dijimos que El Vizir, el caballo de Napoleón, murió a la excelente edad de 30 años, más increíble es lo de Babieca, que muere a los 40 años. De hecho, una vez que muere su amo, no volvió a ser montada por nadie más, dando así más grandeza a toda la historia que rodea al caballero de Vivar.

No sería del todo lícito afirmar que los restos del animal se encuentran a las afueras del Monasterio de San Pedro de Cardeña, justo donde nosotros encontramos un monolito en un viaje que hicimos a Burgos en 2015. ¿Por qué no hay que creerlo del todo? Porque en 1949 el duque de Alba financia unas excavaciones en la zona en las que no se obtienen resultados al respecto.

Claustro del Monasterio de San Pedro de Cardeña

Para finalizar este texto y, de paso, cerrar el agitado año 2020, os transcribo lo que pone en el monolito que señala la supuesta ubicación de los restos de Babieca a las afueras del Monasterio de San Pedro de Cardeña.

Rey, yo vos dono a Babieca
mi caballo corredor.
Entonces respondió el Rey:
eso no quita que yo,
si yo lo tomo el caballo,
no tendrá tan buen señor.
Tal caballo como aqueste
es para tal como vos,
para vencer a los moros
y ser su perseguidor.
Por vos y por el caballo
bien honrados somos nos.

El Vizir, caballo de Napoleón

Diferentes son los nombres de los caballos históricos que han llegado hasta nuestros días. Unos ficticios y otros no tanto, a todos nos suenan Atila, Rocinante, el caballo de Troya, Babieca, Pegaso, Spirit, Perdigón, Sombragrís

Entre tanto nombre pesado, vamos a decantarnos por El Vizir, uno de los 129 caballos de Napoleón.

Fue regalado en 1802 por un sultán otomano a Bonaparte, combatió junto al Emperador en las batallas de Jena y de Eylau, estando a su lado durante doce años. De hecho, poco le quedó para participar en la batalla de Waterloo, sin embargo, fue retirado poco antes, siendo el único caballo que dejaron llevar a Napoleón en su exilio a la Isla de Elba.

Este fiel compañero blanco alazán (Napoleón sólo adquiría caballos grises, bayos y alazanes) muere en 1826 con la buena edad de 33 años. Al tenerlo en tanta estima, el trabajador en los establos Leon de Chanlaire manda conservar su piel y la hace enviar a Inglaterra con el fin de protegerla de los futuros regímenes.

En 1868 la piel del caballo vuelve a territorio francés, siendo conservada durante una temporada en el Louvre y, ya a partir de 1905, queda expuesta en el Museo de la Armada, estando así más cerca de los restos de su compañero de batalla y aventuras Napoleón.

Imagen totalmente fidedigna de Napoleón coronando a su emperatriz

En este museo fue donde yo lo vi y os hablo de las diferentes partes del complejo del Ejército en la publicación Museo de la Armada y de los Planos y Relieves.

Espero que os haya gustado la lectura.
¡Hasta la próxima!

Almudí de Cuenca

Si tomamos la definición que nos da la RAE de almudí, veremos que nos deriva a alhóndiga cuyo significado es ‘casa pública destinada para la compra y venta del trigo. En algunos pueblos sirve también para el depósito y para la compra y venta de otros granos, comestibles o mercaderías que no devengan impuestos o arbitrios de ninguna clase mientras no se vendan.’ En resumidas cuentas, un almudí es un almacén de granos.

En el siglo XVI, concretamente en 1569, Cuenca ya cuenta con una de estas obras propias de la arquitectura civil. Hay que añadir que este edificio conquense, además de pósito real, también funcionó como conservatorio, gimnasio, museo… Aunque la calle donde se ubica queda con el nombre de Calle del Pósito.

Del siglo XVI conserva su portada, su rejería, sus escudos y diversos motivos ornamentales, varios de ellos con restos de policromía. La puerta y la parte más antigua son de estilo renacentista y, lo demás, rococó. El resto fue reformado en el siglo XVIII, en 1906 y actualmente también lo podemos ver en obras.

Es curioso que hoy en día seamos los turistas quienes volvamos la mirada a su fachada, cuando antes fueron campesinos, músicos o gimnastas quienes se adentraron en este recinto.

Ya en el siglo XXI dos filólogas, que no filósofas, tienen que verlo; así que Alba, ya sabes, todavía te queda mucho por conocer en Cuenca. Yo sólo dejo caer como idea de cumpleaños otra vuelta por aquí (además tienes permiso para tocar todos los picaportes que vuesa merced desee).