Archivos diarios: 06/03/2020

Amar Teruel en un día (tarde)

Como ya os conté en la entrada anterior, Teruel se puede ver tranquilamente en un día. Os dejo los puntos de lo que vi a lo largo de la jornada y paso a contaros la tarde.

Mañana:

  • Escalinata neomudéjar
  • Museo Provincial
  • Mausoleo de los Amantes de Teruel y el conjunto mudéjar de San Pedro
  • Aljibes medievales de Teruel

Tarde:

  • Callejeo por la villa turolense (Plaza del Torico, acueducto, edificios modernistas, Torre de San Martín, etc)
  • Catedral de Teruel
  • Museo de Arte Sacro
  • Torre del Salvador
  • Muralla de Teruel

Mientras hacía tiempo para que abrieran la Catedral y la Torre de El Salvador, estuve callejeando por las calles turolenses. Los lugares más entrañables e imprescindibles os los cuento a continuación.

Un mini-toro de 55kg preside la plaza medieval aportalada junto al otro símbolo de la ciudad, la estrella. Ambos se consideran símbolos de Teruel desde que Alfonso II el Casto recuperó la ciudad de manos árabes en el 1171. Los turolenses están muy orgullosos de ambos, así que ni se os ocurra meteros con el tamaño del Torico. Ja, ja, ja.

 

La plaza tiene un ambiente genial y en ella, al igual que a lo largo de toda la villa medieval, se pueden admirar las fachadas de diversos edificios modernistas que dan el toque de color a sus calles. Estos bloques son construidos entre 1900 y 1920, trayendo a Teruel, desde América, el estilo modernista en arquitectura.

Se construyó en los años 20 del siglo pasado para unir la parte vieja de la ciudad con el Ensanche de la misma. En aquellos momentos, se trató de una de las obras de ingeniería más importantes en España: un puente de 5 arcos, siendo el central el más grande de la época, 80m de largo y 25m de altura.

Ya que hablamos de puentes, no podemos olvidarnos de uno dedicado al agua, el Acueducto de Teruel. En verdad, se llama Acueducto de los Arcos (bonito tautotopónimo) y también es una de las obras de ingeniería más importantes en España, pero esta vez de la época renacentista (siglos XV y XVI).

Los aljibes de los que os hablé en la anterior entrada suponían el abastecimiento de agua de Teruel. Al final, acaban quedándose pequeños y se decide comenzar las obras de la traída de agua para Teruel en 1537, captando así el agua procedente de la Peña del Macho.

Como se puede apreciar, en Teruel hay dos torres mudéjares muy similares, la Torre de San Martín y la Torre de El Salvador. Son dos torres alminares almohades cuya estructura posee dos torres concéntricas. Sí, como lo oís, ambas tienen una torre dentro de la torre. Son de planta cuadrada y su base presenta una apertura de bóveda de cañón apuntado que da paso a la ciudad.

Leyenda de las dos torres

Pues vamos a ver que sigue las líneas de siempre y, lo siento, pero a mí me hace mucha gracia aunque haya muertes, patriarcado, machismo y esas cosas tan medievales.

Tenemos a la chica mona e indecisa, Zoraida. Cómo no, nombre de mora guapa. A Zoraida le gustan dos arquitectos (no es lista ni na) y no se decide por quién la tiene más loquita, si Omar o Addalá.

Como no es suficiente con la típica lista de pros y contras quinceañera para cada uno, el padre entra en acción. Agárrate… Aquel de los dos que primero finalice la mejor obra arquitectónica de la ciudad, se casará con su hija, la Zoraida.

Pues nada, los chavales se ponen manos a la obra y, quiere la casualidad, que ambos hagan casi el mismo proyecto, las dos torres mudéjares de las que estamos hablando.

Omar fue el primero que concluyó las obras de la Torre de San Martín y llamó a toda la ciudad para que admirara su obra. [Este ya pa mí descartado por egocéntrico, prepotente y narcisista. Placa].

Cuando de repente, le da a él por echar también un ojo a su torre y le arremete una embolia de arquitecto: la torre estaba ligeramente inclinada a un lado.

Enloquecido por el fallo le dio una muerte súbita sin resurrección [coñas que sólo entienden mis compis] al subir a lo alto de su torre y precipitarse al vacío.

Así que, con el suicidio en medio del delirio arquitectónico, a Addalá le quedó el camino libre para casarse con la Zoraida.

Y, lo siento, pero me hace mucha gracia la parte de que los recién casados subieron a la torre del ganador, la Torre de El Salvador, y alzaron la vista hacia la torre gemela escapándoseles un suspiro. ¡Claro que sí, chavales! ¡Con recochineo! [Estos dos me caen mal por gilipollas, así, sin más. Tenía que decirlo].

 

Estamos ante el monumento mudéjar más significativo de la ciudad.

Algunas de sus características más relevantes se encuentran en su cimborrio, su techumbre o su retablo.

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El cimborrio es muy curioso porque se aprecia que claramente está torcido. Se debe a que para no derrumbarse, se decide ladearlo para que aguante su peso como mejor le vayan las leyes de la Física.

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La techumbre mudéjar es la mayor joya de esta catedral. Su extraordinario estado de conservación se debe a que, durante siglos, estuvo tapada por una falsa bóveda que permitió que llegara tan bien hasta nuestros días.

Su longitud de 32 metros de largo por unos 8 metros de ancho la coloca como la techumbre medieval más grande conservada en casi su totalidad.

Sus piezas están hechas de madera de pino rodeno, materia prima que abundaba allí, y no presentan ningún tornillo ni sucedáneo. Todas sus piezas encajan las unas con las otras como si fuera un puzzle.

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La decoración que presenta es el equivalente a una revista del corazón actual. En sus pinturas se encuentran representados todos los personajes de la época, monarcas, hombres de iglesia, nobles, mercaderes, hilanderas… Tal testimonio nos permite saber cómo vestían los turolenses medievales, poder recrear sus vestimentas y conocer las diferentes clases que habitaban la ciudad.

Las vigas que atraviesan en perpendicular la techumbre no son macizas, sino que están huecas y en su interior presentar unos tirantes de madera que ayudan a la sujeción de la estructura.

Tanto que hablamos de esas hermosas pinturas, que sepáis que estaban hechas al temple, con huevo y sangre de buey.

En estas vigas las letras árabes que encontramos están escritas con efecto espejo para que no se entendiera lo que ponía. Las letras cristianas sí que son legibles y, respecto a la parte judía, se pueden apreciar diversas estrellas a lo largo del conjunto.

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Sólo tengo foto de las letras árabes, una pena.

La parte más alejada del ábside es la más diferente. ¿Por qué? Pues porque la Catedral no salió muy bien parada durante la Guerra Civil y una de las bombas cayó en el órgano llevándoselo todo por delante. Así que en la restauración que hicieron de la techumbre, quisieron imitar el estilo mudéjar pero no les salió muy allá que digamos.

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Se aprecia perfectamente que la decoración de la viga no es como la de las demás y lo que son los paños de la techumbre dista mucho el restaurado del original.

El retablo mayor es del francés Gabriel Yoli, de quien ya hablamos en la entrada anterior. Está dedicado a Nuestra Señora de la Asunción y es de estilo renacentista.

Como anécdota, el antipapa Benedicto XIII (el Papa Luna) permitió tener dos Santísimos, que para algo era él aragonés. De ahí la característica de que el altar posea un óculo.

Este retablo, al igual que el de la Iglesia de San Pedro, está sin terminar. Le falta el policromado y, al ser madera de pino rodeno, gracias a su color cobrizo se pueden distinguir mejor las figuras que en otros retablos que también se encuentran sin policromar.

Con la Guerra Civil, el retablo sufrió los estragos del expolio y las figuritas que hay “repuestas” contrastan perfectamente en el conjunto por su color sin desgastar.

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Po último, me gustaría señalar la Capilla de la Virgen de los Desamparados, donde se expone un paso de Semana Santa cuya base pesa una tonelada y, la parte de orfebrería, media tonelada (creo haber entendido). En Semana Santa lo saca únicamente una persona. ¿Cómo? Pues en su interior tiene un motor y una cámara para saber por dónde ir.

Lo último que vi en esta bella ciudad medieval fue el Museo de Arte Sacro. La atención fue inmejorable y los fondos de pintura y escultura góticos me parecieron una maravilla. Un imprescindible para los amantes de este periodo artístico.

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Y no podía acabar el paseo por Teruel sin decir…

Los amantes de Teruel, tonta ella y tonto él.

Os recuerdo que la mañana en Teruel la tenéis aquí y la tarde, pues ya a habéis leído.