La bajada a las Angustias y el Arco de Jamete

Paseando (cuesta arriba) por Cuenca (quienes ya conocéis la ciudad sabéis a lo que me refiero…) hay una serie de miradores con unas vistas muy chulas a la hoz del río Júcar. (Foto pa que veáis que no miento)

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Hoz del Júcar. Cuenca capital

En uno de esos miradores comienza la Bajada a las Angustias y, como podéis intuir, el nombre lo dice todo… Es jodía tanto pa bajarla como pa subirla. Vosotros decidís qué dirección es peor.

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A lo que iba. Estaba yo en uno de esos miradores cuando apareció un grupo del IMSERSO con su guía y aproveché para afinar la oreja y enterarme de la historia de esta señora cuesta.

La bajada a las Angustias

La virgen más querida de Cuenca es la Virgen de las Angustias (bueno, todo esto según el guía, porque yo tenía entendido que era la Virgen de la Luz…)

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Un trocito de la famosa Bajada a las Angustias. Si os fijáis, en la foto se ven 3 tramos de cuesta ¡¡y a eso hay que sumarle los que no aparecen!!!

El artista Giraldo de Holanda realiza en el siglo XVI múltiples vidrieras inspiradas por esta famosa Virgen y demás santoral. En resumidas cuentas, este hombre era muy devoto (sobre todo de la Virgen de las Angustias) y creyente y estaba encantado con su trabajo. Su pasión era crear obras de arte para la Iglesia.

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Inicio de la Bajada a las Angustias

Sin embargo, el destino, que es muy cruel, hace que toda esta fe se torne en descreencia, tristeza y abandono. Este cambio de actitud se debe a que la peste llega a Cuenca y pierde a toda su familia.

Ante tal desgracia el hombre decide despeñarse y cae por delante del Convento de las Angustias (imagino que fue desde uno de los miradores que os decía al principio).

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Se sabe que a lo largo de los siglos mucha gente iba a suicidarse a esta zona de la ciudad. Lo curioso es que nuestro protagonista Giraldo es uno de los pocos que, con tan mala suerte, sobrevive a semejante caída.

Lo recogen unos monjes y en lo que duró su convalecencia (que fue larga, pues quedó como un cromo…) no cejaba en su intento de reunirse con su mujer y su hijo. Vamos, que el hombre quería morirse a toda costa.

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Rostro de Jesucristo tallado en una de las murias de la Bajada a las Angustias.

Estos monjes tan salaos que se hacen cargo de un enfermo tan latoso le repetían una y otra vez que no podía dejarse de esa manera, que tenía que ser fuerte, recuperarse, tener fe y salir adelante. Día sí y día también le decían que fuera a ver a la Virgen de las Angustias, pero él erre que erre con que había perdido la fe y que quería morirse de una vez.

Finalmente, fue tanta la insistencia de los monjes que el buen hombre termina yendo a ver a la Virgen de las Angustias. Y cuál es su sorpresa cuando, al mirar la talla, ve reflejados en ella a su mujer y a su hijo.

Tras esta visión, Giraldo recobra la fe por completo y comienza a trabajar como nunca antes lo había hecho.

Fruto de esos trabajos inspirados por la Virgen, crea la vidriera que corona el Arco de Jamete de la Catedral de Cuenca, entre otras obras.

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Arco de Jamete y la vidriera del rosetón de Giraldo de Holanda

 

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Un comentario sobre “La bajada a las Angustias y el Arco de Jamete

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